Guantánamo: saldo por liquidación
El Gobierno de España estudia la posibilidad de acoger en territorio español a algunos de los presos de Guantánamo. Según una reciente encuesta, cerca de un 60% de los entrevistados españoles se opone a la acogida de presos guantanameros. Hay quien se expresa así en la página web de un diario nacional: "La mayoría de estos presos son [...] de países que entrenan y exportan terroristas islámicos, que es lo mismo que delincuentes comunes. Es por tanto a estos países donde deben volver estos vagos". No se entiende la razón para tacharles de "vagos", tras haber soportado varios años de brutal confinamiento, ni la de equiparar a los terroristas con delincuentes comunes.
No todos los presos de Guantánamo son terroristas. Algunos han sido detenidos injustamente, han visto violados sus más esenciales derechos humanos y han sufrido la humillación y la violencia de la tortura. Tal es el caso del británico Binyam Mohamed. Apresado en Pakistán en 2002, entregado a Marruecos, enviado a Afganistán y luego encerrado en Guantánamo.
Sin pruebas que pudieran fundamentar una acusación, fue liberado tras siete años de cautiverio y retornó al Reino Unido en febrero pasado. Ahora ha iniciado un proceso legal para obtener las pruebas de su tortura. Éstas consisten en unas fotografías que le hicieron y que pegaron a la puerta de su celda con el fin de poder identificarlo, pues su rostro había quedado irreconocible tras los interrogatorios de la CIA. Según la legislación de Estados Unidos, las fotos han de ser destruidas, junto con las demás pruebas, desde el momento en que el detenido es puesto en libertad.
Mohamed desea recuperar esas fotografías para demostrar que fue torturado, lo que se niega oficialmente, y demandar a EE.UU por tortura y detención ilegal.
También demandará a EE.UU por haber sufrido detención ilegal y torturas un periodista de la cadena Al Yazira, con el apoyo de la organización "Centro de Justicia de Guantánamo", creada en Ginebra (Suiza) por antiguos prisioneros de la base estadounidense.
Aunque Obama firmó una orden paralizando los juicios contra los detenidos en Guantánamo, éstos han continuado. Desarrollados por las llamadas "Comisiones militares", se han disfrazado bajo el nombre de "audiencias administrativas", como la que tuvo lugar la semana pasada para procesar a cinco sospechosos de colaborar en los atentados del 11-S. Incidentes la hicieron inútil, como cuando a un procesado le fue denegada la petición de interrogar a uno de los testigos, al que acusaba de falsedad.
Se entiende que Obama busque ayuda en los países aliados para resolver la enrevesada situación que heredó de su antecesor, y es también obligado que éstos busquen el mejor modo de hacerlo, aunque sólo fuese para agradecerle que nos haya evitado la pesadilla de una Casa Blanca encabezada por John McCain y Sarah Palin. Pero habrá que comprobar que en este saldo por liquidación y cierre del negocio no nos den gato por liebre.
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