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Guerra biológica en Colombia


Aunque el presidente colombiano Andrés Pastrana y su ministro de Medio Ambiente, Juan Mayor, aseguran que su país rechaza el uso del hongo fusarium como arma biológica para destruir las plantaciones de coca, el escepticismo cunde tanto en Washington como en las capitales de las naciones vecinas.
Según una nota de nuestro corresponsal en la capital norteamericana, Henry Raymont, el mandatario brasileño, Fernando H. Cardoso, tuvo oportunidad de formular una severa advertencia al respecto a su colega colombiano, con ocasión a la reciente Cumbre Sudamericana en Brasilia. Cardoso se refirió en especial al riesgo de contaminación del ecosistema amazónico.
El uso del hongo habría sido recomendado por la DEA como un arma más efectiva que los usuales químicos aéreos, que terminan contaminando aguas, tierras y otros cultivos. El agente biológico tendría un efecto más permanente que aquellos, que son lavados y diluidos por la lluvia, abundante en zonas selváticas. El problema es que el hongo podría también alterar el delicado equilibrio ecológico y afectar los cultivos legales.
Durante la Guerra de Vietnam, Estados Unidos empleó masivamente diversas armas químicas en violación de la Convención de Ginebra sobre reglas de guerra. Una de ellas, el "napalm", era una especie de gasolina gelatinosa que al contacto con cualquier sustancia orgánica, vegetal, animal o humana, ardía hasta extinguirse y, de paso, absorbía todo el oxígeno a varios metros.
Otra de esas armas diabólicas fue el "agente naranja", ensayada antes en el panameño Archipiélago de las Perlas en las décadas de los treinta y cuarenta. En Vietnam se vertieron toneladas de esa hermosa lluvia anaranjada, que en minutos eliminaba todo el follaje, dejando libre el camino para la acción de helicópteros artillados. Años después de terminada la guerra, se descubrió que el compuesto producía cáncer. Irónicamente, centenares de veteranos sobrevivientes a la metralla, murieron enfermos, una vez retornaron a casa.
La semana pasada, despachos internacionales dieron cuenta de la primera acción de un escuadrón de los nuevos helicópteros armados hasta los dientes, en la frontera ecuatoriana. Rociaron los cultivos de coca con herbicidas.
Panamá puede también verse afectada por el uso de armas biológicas y químicas en el conflicto colombiano; y debe por tanto unirse a Brasil y demás países fronterizos en su advertencia de que tales no sean empleadas; y que los beligerantes respeten escrupulosamente las convenciones de preservación del ambiente y las leyes de la guerra sobre todo en la afectación de civiles.


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