Guerra no declarada: Ejecutivo vs. Legislativo
Me informaba un político con un mejor acceso a las dos fuentes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, que lo que se ha dado a la luz pública con respecto a los motivos que existen y que agravan las diferencias, no son conocidas, en realidad, ni siquiera por muchos de los más altos dirigentes del país.
Hay una guerra sorda y no declarada entre estos dos órganos del Estado. El instinto de conservación por parte de un partido minoritario, pero con resortes poderosos en el engranaje oficial, se está imponiendo. O se salvan estos resortes o se niegan las ratificaciones de magistrados. El Pacto Meta se cierra para mantener estos fortines, aun cuando dentro de las filas del partido mayoritario se encuentra casi la mitad de legisladores que por una u otras razones válidas se empeñan en votar por el ex ministro Spadafora.
Con la razón en la mano no quieren seguir directrices de un CEN que por intereses que sólo ellos conocen le quieren imponer hasta deslealtades personales a sus legisladores. No creemos que por más poderoso que sea el CEN se atreva a aplicarles las sanciones de expulsión o revocatorias de mandatos, o ambas cosas, a legisladores de altísimo rango, algunos de ellos de más jerarquía y poder en sus respectivos circuitos que algunos miembros del mismo CEN.
Así las cosas, si se diera el rechazo definitivo de las magistraturas de Spadafora y Cigarruista, ambos con todos los requisitos de idoneidad para el cargo y de conductas ciudadanas intachables, una guerra no declarada se daría entre ambos poderes, en la cual el Organo Ejecutivo, por definición y atribuciones constitucionales y legales, estaría en ventaja sobre el Legislativo y mucho más si el primero cuenta con una contraloría general de la República, fiscalizadora y refrendadora para darle vida y acción positiva al gobierno ejecutivo.
De por medio está uno de los más destacados líderes cívicos de Panamá, como lo es el Dr. Spadafora y uno de los legisladores veterano ya, pese a su juventud, más aguerrido y honesto conque cuenta el parlamento, como lo es Alberto Cigarruista.
Es tiempo de que algo se haga para salvar los obstáculos que se ahíncan profundamente provocando estas diferencias aparentemente insalvables. Lo que está de por medio y en peligro es algo muy grande, sumamente grande e igualmente enorme será la solución, en caso de que pueda lograrse.
Hay una guerra sorda y no declarada entre estos dos órganos del Estado. El instinto de conservación por parte de un partido minoritario, pero con resortes poderosos en el engranaje oficial, se está imponiendo. O se salvan estos resortes o se niegan las ratificaciones de magistrados. El Pacto Meta se cierra para mantener estos fortines, aun cuando dentro de las filas del partido mayoritario se encuentra casi la mitad de legisladores que por una u otras razones válidas se empeñan en votar por el ex ministro Spadafora.
Con la razón en la mano no quieren seguir directrices de un CEN que por intereses que sólo ellos conocen le quieren imponer hasta deslealtades personales a sus legisladores. No creemos que por más poderoso que sea el CEN se atreva a aplicarles las sanciones de expulsión o revocatorias de mandatos, o ambas cosas, a legisladores de altísimo rango, algunos de ellos de más jerarquía y poder en sus respectivos circuitos que algunos miembros del mismo CEN.
Así las cosas, si se diera el rechazo definitivo de las magistraturas de Spadafora y Cigarruista, ambos con todos los requisitos de idoneidad para el cargo y de conductas ciudadanas intachables, una guerra no declarada se daría entre ambos poderes, en la cual el Organo Ejecutivo, por definición y atribuciones constitucionales y legales, estaría en ventaja sobre el Legislativo y mucho más si el primero cuenta con una contraloría general de la República, fiscalizadora y refrendadora para darle vida y acción positiva al gobierno ejecutivo.
De por medio está uno de los más destacados líderes cívicos de Panamá, como lo es el Dr. Spadafora y uno de los legisladores veterano ya, pese a su juventud, más aguerrido y honesto conque cuenta el parlamento, como lo es Alberto Cigarruista.
Es tiempo de que algo se haga para salvar los obstáculos que se ahíncan profundamente provocando estas diferencias aparentemente insalvables. Lo que está de por medio y en peligro es algo muy grande, sumamente grande e igualmente enorme será la solución, en caso de que pueda lograrse.