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Hablar de política, "cristianamente"


"Si te falta valentía para denunciar las injusticias, vive esclavo de tu cobardía". El Poder en manos de quien no tiene controlado su apetito de ambición es el arma más poderosa que se puede poseer. Si bien es cierto, que, no es lo mismo, gobernar que ser gobernado, también es muy cierto, el hecho de que, el que asume el Poder y no lo ejerce con espíritu de servicio, queda envuelto en su misma trama.
Independientemente a que denominación religiosa pertenezca, el que aspira al Poder debe hacerlo inspirado en conceptos que lo lleven a utilizar de forma equitativa, el privilegio de haber sido escogido para el cargo que ocupa; y sería bueno que tuviera presente la petición que el Rey Salomón hizo al Señor, cuando quedo al mando de ese pueblo numeroso. "Dame pues, la sabiduría y entendimiento para que pueda conducir a este pueblo..."
Como vemos, el rey Salomón no pidió riquezas, ni venganzas, ni muerte para sus enemigos, sólo le preocupaba gobernar según los principios morales que agradaban a Dios.
Por eso los cristianos tenemos que opinar y participar en la política, porque sino... nos comen vivos!. Es nuestro deber vigilar y estar alerta porque el Poder ciega y entorpece la mente sino se tiene conciencia de que, por encima de nuestros intereses, están la de los gobernados y que las leyes divinas, cual faroles luminosos orientan nuestro actuar diario, por eso querer gobernar de espaldas a Dios, es emprender una peligrosa aventura.
Antes de que, los humanos pensaran en establecer normas de conducta moral para controlar sus emociones, Dios dictó el Decálogo a Moisés en el monte Sinaí, para que el hombre observara una conducta de acuerdo a su dignidad de persona.
Sabemos que lamentablemente los humanos nos hemos fabricado cualquier cantidad de dioses, para satisfacer nuestros caprichos, pero igual como fueron hechos, de igual modo se han desmoronado y nos hacen sufrir por adorarlos como verdaderos.
El problema de la política y la religión, siempre tienen sus tropezones, porque los políticos no quieren que la Iglesia los oriente o asesore en sus actuaciones, porque les molesta oír el susurro de la voz de Dios, censurándoles. Pero un verdadero cristiano no debe observar sin inmutarse cómo se violan los derechos humanos en todos los sentidos, y limitarse a criticar y a lamentarse sin tomar una actitud de compromiso cristiano frente al mismo.
Los cristianos y sobre todo los católicos, mayoría del país, no debemos permitir que, los personajes públicos violen las normas y los códigos morales que deben prevalecer en la labor que desempeñan.
Si no nos es posible denunciar, hay algo que sí podemos hacer con certeza de que los ayudará a cambiar de actitud, y es: orar con mucha fe y amor por ellos, para que hagan las cosas bien.

101 años de Panamá América

 
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