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Hacer las cosas bien


Aunque nadie ha dado hasta ahora una cifra oficial, es indudable que las acciones ilegales que se cometan en cualquier gobierno poseen un costo para el Estado. Los fiscales que, por ejemplo, fueron destituidos de sus cargos a principios de la pasada administración, bajo cualquier pretexto, deben haberle costado al Estado varios cientos de miles de dólares, luego que la Corte ordenó la restitución a sus cargos respectivos. Salvo el pago de salarios caídos con que el Estado ha debido resarcir a los afectados nadie ha sabido que algún funcionario comprometido con esas irregularidades haya sido sancionado. Pero el ejemplo debe servir para que en el nuevo lustro que comienza las cosas se hagan bien. Muchas esperanzas se han puesto en el cambio prometido, y las acciones ensayadas hasta ahora hablan bien de la decisión y de la disposición del actual gobierno por encausarlas. Pero hacerlas bien no tiene sólo una proyección económica. Hacer las cosas bien posee sobre todo una connotación política que puede delinear, de una manera u otra, el propio futuro del país. Hacer las cosas bien implica dejar en evidencia a los que las hicieron mal, pero sobre todo asegurar que en los próximos años se sigan haciendo como le conviene al país.

101 años de Panamá América

 
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