¿Hacia dónde se dirige la nave educativa?
Cuando despuntaba el aura del presente año escolar, nos aventurábamos a señalar que éste sería uno de los más tristemente célebres de los últimos tiempos. Los hechos ocurridos hasta ahora parecen darnos la razón. No recuerdo uno año en el que hubiésemos sido testigos de tantos y peligrosos episodios de violencia y protestas en el sector educativo, como el que está discurriendo. Mientras las autoridades educativas reaccionan como bomberos a quienes les falta agua en el tanque, los problemas se multiplican casi a diario. Las respuestas son de tan bajo perfil, que en lugar de resolver un problema, crean varios nuevos. No bien había iniciado el período escolar, cuando empezó la toma de calles o de colegios y escuelas para presionar la búsqueda de respuestas a variadas como difíciles situaciones devenidas a problemas. La mayoría derivada de una magra falta de visión y pericia gerencial y administrativa.
A guisa de ejemplo, paso a mencionar algunas situaciones, sin detallar por menores, para finalmente detenerme en un problema que me parece sumamente grave. Entre otros hechos, se destaca la presión de los padres de familia de varias escuelas por lograr mejores condiciones en la planta física, laboratorios, enseres escolares, la falta de maestros y de cupos. Recordamos a cientos de docentes, con documentos en mano, esperando sus nombramientos y a otros tantos protestando por la falta de materiales y equipos para servir sus clases en condiciones más o menos aceptables.
Las protestas de estudiantes, por las mismas razones, han estado a la orden del día. En algunos centros escolares de Arraiján, Penonomé, Chilibre, Colón; y provincias como Herrera, Chiriquí, Bocas y Panamá, han aflorado diversas crisis, dejando plasmado a la faz del país que lo que se percibe es apenas la punta del iceberg. El retraso en los pagos a cientos de docentes o el no pago aún, habla de una falla muy seria en el proceso de administración de salarios en el Ministerio del ramo. Los resultados, en términos de rendimiento académico, dejarán apreciar los efectos del caos existente. ¡Ojalá me equivoque!
Pero, a todo lo anterior, hay que sumar los desaciertos en relación con la dirección de algunos planteles y de la alta administración del Ministerio. Por ejemplo, la separación de algunos profesores y directores que a criterio de los padres y estudiantes se merecían más un reconocimiento que un despido, ha provocado fuertes protestas por parte de la comunidad. Entre ellos, el caso más conspicuo es el del Prof. Hurtado Lay, director del Artes y Oficios y su diferendo con la Ministra. ¿Quién tiene la razón? Advierto que en este caso particular, no es tan fácil determinar quién la tiene y quién desautorizó a quién o quién irrespetó a quién. Para comprender a ambas partes sería necesario partir de los factores que le llevaron a semejante situación límite. Entendemos que entre estas dos autoridades, se produjo la irrupción de una ráfaga de emociones negativas, que requirieron de la experticia de un mediador para afrontarlas con sabiduría y oportunidad. En independencia de la agenda política subyacente, en este desplante de intolerancia, las partes involucradas, quizá no escucharon a los asesores o quizá los asesores se engancharon en la dinámica de las emociones, propias de la arrogancia que tristemente parece acompañar, a quienes una pizca de poder les empaña la cordura, el bien pensar y bien hacer.
El mensaje a la comunidad nacional y a los estudiantes, en particular, no puede ser más lamentable. ¿Por qué? Porque a quienes se les ha encomendado la noble y trascendente tarea de educar, nos están dando una lección de intolerancia, arrogancia, terquedad, liviandad y de resentimiento que lejos de inducir en los jóvenes actitudes y sentimientos de solidaridad y entendimiento, les incita a la violencia social y a no esgrimir los argumentos de la conciliación cuando ocurren situaciones de confrontación entre ellos. Tal es el caso del Artes y Oficios que, precisamente, fue escenario de una explosión violenta de protesta con lamentables y tristes consecuencias, cuando máxima autoridad educativa mantiene incólume una postura, a todas luces, inflexible y difícil de entender.
A nuestro juicio, no es Lay quien debe ceder unilateralmente; se trata de un acto de inteligencia emocional, que deben dar ambas autoridades. Bajo ninguna circunstancia este asunto debió llegar a la Corte Suprema de Justicia, dado que allí elevan los problemas que no han podido ventilarse satisfactoriamente en instancias inferiores. Una salida de altura y portadora de un mensaje de conciliación sería que las partes convinieran en retirar la demanda, porque sencillamente no pinta bien y constituye una afrenta a los más caros y trascendentes objetivos de la educación, más cuando, paradójicamente, se enfatiza en la educación por los valores, por la vida y por la paz.
En honor a la memoria de los grandes maestros universales y nacionales de la educación, y en atención a la esperanza que abrigamos muchos panameños y panameñas de educar a las presentes y futuras generaciones, en una cultura de paz y con firme arraigo y apuesta por la vida, la Corte Suprema debería declararse impedida y devolver la demanda a manos de las partes beligerantes, sugiriéndoles firmar un convenio de comprensión. Si la Corte falla a favor de la destitución, estaría enviando un mensaje de fatalidad a toda a la comunidad nacional y a la comunidad educativa en particular. Estaría diciéndonos a los panameños y panameñas que la única vía para conciliar diferencias es la irracionalidad, el irrespeto, la intolerancia, incomprensión y tozudez, con lo cual la misión más trascendente de la educación habría sido catapultada. Y es que en estos precisos momentos, el mensaje ha empezado a dar sus fatales frutos. La violencia social ha llegado al límite de lo impensable, como son los asesinatos entre estudiantes y toda suerte de actos agresivos dentro y fuera de los planteles.
El deterioro de los resortes morales y de los valores por la vida ha tocado fondo. Y no son las palabras las que estimulan, hacen evolucionar y consolidan la estructura moral de niños y jóvenes. Es el ejemplo, que se aprende por ósmosis social, a partir de los modelos. De ahí la importancia que los mentores del proceso formativo y educativo sirvan de modelamiento directo e inmediato del estilo de comunicación, comportamiento y valores para nuestra juventud, más aún cuando sabemos que en muchos casos, los niños y jóvenes no encuentran dichos modelos en el entorno familiar.
El próximo gobierno deberá ser muy exigente en la selección de las autoridades educativas, que con un perfil humanista demostrado y con un liderazgo centrado en la equidad; además de ser plenamente consciente de su imagen y función como un mentor de los valores de la cultura de paz en una sociedad cada día más inmersa en la violencia.
A guisa de ejemplo, paso a mencionar algunas situaciones, sin detallar por menores, para finalmente detenerme en un problema que me parece sumamente grave. Entre otros hechos, se destaca la presión de los padres de familia de varias escuelas por lograr mejores condiciones en la planta física, laboratorios, enseres escolares, la falta de maestros y de cupos. Recordamos a cientos de docentes, con documentos en mano, esperando sus nombramientos y a otros tantos protestando por la falta de materiales y equipos para servir sus clases en condiciones más o menos aceptables.
Las protestas de estudiantes, por las mismas razones, han estado a la orden del día. En algunos centros escolares de Arraiján, Penonomé, Chilibre, Colón; y provincias como Herrera, Chiriquí, Bocas y Panamá, han aflorado diversas crisis, dejando plasmado a la faz del país que lo que se percibe es apenas la punta del iceberg. El retraso en los pagos a cientos de docentes o el no pago aún, habla de una falla muy seria en el proceso de administración de salarios en el Ministerio del ramo. Los resultados, en términos de rendimiento académico, dejarán apreciar los efectos del caos existente. ¡Ojalá me equivoque!
Pero, a todo lo anterior, hay que sumar los desaciertos en relación con la dirección de algunos planteles y de la alta administración del Ministerio. Por ejemplo, la separación de algunos profesores y directores que a criterio de los padres y estudiantes se merecían más un reconocimiento que un despido, ha provocado fuertes protestas por parte de la comunidad. Entre ellos, el caso más conspicuo es el del Prof. Hurtado Lay, director del Artes y Oficios y su diferendo con la Ministra. ¿Quién tiene la razón? Advierto que en este caso particular, no es tan fácil determinar quién la tiene y quién desautorizó a quién o quién irrespetó a quién. Para comprender a ambas partes sería necesario partir de los factores que le llevaron a semejante situación límite. Entendemos que entre estas dos autoridades, se produjo la irrupción de una ráfaga de emociones negativas, que requirieron de la experticia de un mediador para afrontarlas con sabiduría y oportunidad. En independencia de la agenda política subyacente, en este desplante de intolerancia, las partes involucradas, quizá no escucharon a los asesores o quizá los asesores se engancharon en la dinámica de las emociones, propias de la arrogancia que tristemente parece acompañar, a quienes una pizca de poder les empaña la cordura, el bien pensar y bien hacer.
El mensaje a la comunidad nacional y a los estudiantes, en particular, no puede ser más lamentable. ¿Por qué? Porque a quienes se les ha encomendado la noble y trascendente tarea de educar, nos están dando una lección de intolerancia, arrogancia, terquedad, liviandad y de resentimiento que lejos de inducir en los jóvenes actitudes y sentimientos de solidaridad y entendimiento, les incita a la violencia social y a no esgrimir los argumentos de la conciliación cuando ocurren situaciones de confrontación entre ellos. Tal es el caso del Artes y Oficios que, precisamente, fue escenario de una explosión violenta de protesta con lamentables y tristes consecuencias, cuando máxima autoridad educativa mantiene incólume una postura, a todas luces, inflexible y difícil de entender.
A nuestro juicio, no es Lay quien debe ceder unilateralmente; se trata de un acto de inteligencia emocional, que deben dar ambas autoridades. Bajo ninguna circunstancia este asunto debió llegar a la Corte Suprema de Justicia, dado que allí elevan los problemas que no han podido ventilarse satisfactoriamente en instancias inferiores. Una salida de altura y portadora de un mensaje de conciliación sería que las partes convinieran en retirar la demanda, porque sencillamente no pinta bien y constituye una afrenta a los más caros y trascendentes objetivos de la educación, más cuando, paradójicamente, se enfatiza en la educación por los valores, por la vida y por la paz.
En honor a la memoria de los grandes maestros universales y nacionales de la educación, y en atención a la esperanza que abrigamos muchos panameños y panameñas de educar a las presentes y futuras generaciones, en una cultura de paz y con firme arraigo y apuesta por la vida, la Corte Suprema debería declararse impedida y devolver la demanda a manos de las partes beligerantes, sugiriéndoles firmar un convenio de comprensión. Si la Corte falla a favor de la destitución, estaría enviando un mensaje de fatalidad a toda a la comunidad nacional y a la comunidad educativa en particular. Estaría diciéndonos a los panameños y panameñas que la única vía para conciliar diferencias es la irracionalidad, el irrespeto, la intolerancia, incomprensión y tozudez, con lo cual la misión más trascendente de la educación habría sido catapultada. Y es que en estos precisos momentos, el mensaje ha empezado a dar sus fatales frutos. La violencia social ha llegado al límite de lo impensable, como son los asesinatos entre estudiantes y toda suerte de actos agresivos dentro y fuera de los planteles.
El deterioro de los resortes morales y de los valores por la vida ha tocado fondo. Y no son las palabras las que estimulan, hacen evolucionar y consolidan la estructura moral de niños y jóvenes. Es el ejemplo, que se aprende por ósmosis social, a partir de los modelos. De ahí la importancia que los mentores del proceso formativo y educativo sirvan de modelamiento directo e inmediato del estilo de comunicación, comportamiento y valores para nuestra juventud, más aún cuando sabemos que en muchos casos, los niños y jóvenes no encuentran dichos modelos en el entorno familiar.
El próximo gobierno deberá ser muy exigente en la selección de las autoridades educativas, que con un perfil humanista demostrado y con un liderazgo centrado en la equidad; además de ser plenamente consciente de su imagen y función como un mentor de los valores de la cultura de paz en una sociedad cada día más inmersa en la violencia.