Hacia dónde va la ACP
Todos sabemos que la Constitución establece que cualquier decisión que tome el Estado panameño sobre la ampliación del Canal debe ser sometida a la voluntad popular mediante la aprobación de la Asamblea Legislativa y la realización de un referéndum nacional. La limitación constitucional que tiene la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) para decidir sobre el tema mencionado es clara, pero esa limitación no inhibe a la ACP para hacer, probablemente con grandes costos, diligencias sobre las cuales la ciudadanía sólo tiene informaciones vagas, fracturadas, confusas, contradictorias y desorientadoras. En otras palabras, nuestra ciudadanía está desinformada o ignorante de los pasos que está dando la ACP sobre la ampliación eventual del Canal. Esa ciudadanía ignora hacia dónde va la ACP.
Un estudio preparado el año pasado por Edward Niesten, Doctor en Economía Aplicada de la Universidad de Stanford y John Reid, Master en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, al cual me referí en mi crónica del 1 de julio sobre "Los Esclusajes, el Agua y el Canal", ha provocado en los últimos días una serie de declaraciones y comentarios de parte de los más altos personeros de la ACP. Transcribiré parte sustantiva de alguna de esas declaraciones:
El Ing. Guillermo Quijano, miembro de la Junta Directiva de la ACP, el 20 de agosto de 2002 declaró, según el diario "La Prensa" que "hay dos aspectos fundamentales que acaparan la atención de la sociedad panameña y del mundo: la necesidad de agua y el costo financiero de la ampliación del Canal". Sostiene que los costos más relevantes de la ampliación del Canal son, entre otros, el tamaño de las esclusas, pero a renglón seguido aduce que el tamaño y tipo de las esclusas aún no se ha definido. Sin embargo, agrega que la necesidad de agua está siendo "minuciosamente estudiada". No llega Quijano a conclusión alguna sobre el particular, pero sí se concreta en expresar que "de ser necesario el desplazamiento de alguna familia por causa de la construcción de algún embalse, Quijano dice que deberá ser indemnizada adecuadamente". ("La Prensa", martes 20 de agosto de 2002).
El Ing. Alberto Alemán Zubieta, Administrador del Canal, el 21 de agosto de 2002 declaró, sin ambages, que la propuesta de aumento de peajes "implica un cambio en el sistema de cobro de peajes con el propósito de buscar la rentabilidad y enfrentar los planes de ampliación del Canal". (La Prensa, 21 de agosto de 2002, pág.2).
El Dr. Ricaurte Vásquez, Subadministrador de la ACP, declaró el 21 de agosto de 2002, según el diario "La Prensa": "la ACP está aún muy distante de llegar a una conclusión sobre las opciones para la ampliación del Canal...para la ACP lo importante es encontrar una alternativa que sea costeable ya sea con los recursos que cuenta el Canal o con cualquier tipo de financiamiento que se consiga".
Rodolfo Sabonge, Director de Planificación Corporativa de la Autoridad del Canal de Panamá, ha objetado el costo que Niesten y Reid le asignan a la obra. Al respecto dijo: "Nosotros ni siquiera hemos terminado los estudios de esclusas conceptuales, que son las que arrojarán una luz más clara sobre el costo de la posible ampliación". (La Prensa, 18 de agosto del 2002). Esta declaración del alto funcionario del Canal contribuye a darle validez a la impresión de que no hay actualmente estudios concluyentes en la esfera de la Ingeniería y que la ACP se mantiene en un mar de incógnitas conceptuales. De ahí que al sustentar su presupuesto la ACP hubiese incluido entre sus metas del año fiscal 2003 "coordinar los estudios relativos a la ampliación del Canal de manera que sus grados de avances permitan al desarrollo de un concepto básico sobre un "Plan Maestro de Expansión del Canal"". Se trabaja al parecer en un concepto básico aún no definido. Mientras el señor Director de Planificación Corporativa de la ACP, nos habla en agosto de 2002 de "los estudios de esclusas conceptuales", el Administrador del Canal en octubre de 2001 nos habla concretamente de "esclusas post Panamax". Así lo hizo constar en el contrato que celebró con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos "para el diseño de cuatro configuraciones de esclusas post Panamax para el Atlántico y el Pacífico".
En el repertorio -que ya existe- de las declaraciones de los personeros de la ACP sobre la ampliación del Canal no hay afirmaciones concluyentes, pero sí hay, de manera constante, una nebulosa que entre otras cosas podría llevar al ciudadano común a desinteresarse sobre el tema de la ampliación del Canal y otros temas colaterales. Esto es así porque con la insistencia en que "aún se está en la etapa de los estudios" la ACP estaría también señalando que eso es cosa de los expertos, de los entendidos, de los privilegiados que tienen acceso a tales estudios y que el resto del país tendría que conformarse con los hechos cumplidos.
A todos los que analizamos estas declaraciones nos queda por averiguar si la ACP está afectada de algún tipo de devaneo que no tiene remedio, porque compromete no sólo su lenguaje sino también sus acciones. Muchas veces los proverbios son el mejor recurso lingüístico que tenemos los seres humanos para expresar nuestra interpretación o reflexiones sobre las realidades. Sabemos, por ejemplo, que "cuando el río suena piedras trae".
En otros países dicen: "cuando el río suena, aguas lleva". Los panameños sentimos que algo "suena" en el Canal, pero si nos atenemos a las declaraciones de los responsables de la ACP aún está muy lejos el día en que se anuncie una decisión sobre la ampliación del Canal. Entonces, la Autoridad del Canal tendría que rendir cuentas de su comportamiento y responder por las acciones y omisiones ante el juicio severo de los órganos del poder público o los aciertos o desaciertos de su manejo del Canal, patrimonio inalienable de la nación panameña.
Aunado a estas circunstancias, las mujeres pobres registran las mayores tasas de fecundidad con el consiguiente aumento de las responsabilidades domésticas, a las que se añaden la falta general de servicios de guardería y de acceso a otros servicios básicos.
El desempleo es significativamente alto entre los jóvenes panameños. En el renglón de jóvenes de 15 a 29 años alcanza un total del 24.1%. De 20 a 24 años representa un 18.1% y de 25 a 29 años alcanza el 12%.
Este fenómeno se acentúa entre los jóvenes urbanos, las mujeres jóvenes y los jóvenes de educación secundaria, lo que podría apuntar a la existencia de dificultades en la transición de la escuela al mundo laboral.
Los análisis indican que a pesar de que el trabajo infantil no parece ser un problema generalizado en Panamá, sí va en aumento. Los niños trabajadores suelen ser pobres en su totalidad y cuentan con menos años de escolaridad que aquéllos que tienen su misma edad, pero que no trabajan. En su mayoría son niños varones que viven en las áreas rurales e indígenas.
El normal suministro de los servicios básicos como agua potable y alcantarillados, servicios eléctricos y comunicación siguen siendo un sueño para los pobres.
En materia de servicio eléctrico un 25% de la población urbana no tiene acceso al mismo, por lo que sigue constituyendo un lujo inalcanzable para más del 60% de los pobres que habita en áreas rurales, y para más del 90% de la población indígena.
222El 16% de los menores de cinco años está afectado por alguna forma de desnutrición.
En cuanto a la eliminación de excretas, un 20% de los pobres no tiene ningún tipo de servicio sanitario en su vivienda, agravándose esta situación en las viviendas de las áreas indígenas, ya que el 56% de éstas carece de este servicio.
Puede mencionarse una tendencia hacia la centralización y fragmentación del sistema de salud con tres actores -Ministerio de Salud, Caja de Seguro Social y Sector Privado- que promueve la duplicación y subutilización de los servicios.
En el ámbito nacional apenas el 21% de la población tiene acceso a la educación universitaria, situación que se agrava en las áreas rurales, donde la cobertura sólo alcanza al 8% de la población y al 1% de la población indígena.
La falta de una red vial adecuada deteriora las relaciones familiares, debido al tiempo que las personas demoran en llegar a sus residencias; contribuye al estrés y al agotamiento físico que se acumula en las personas. Además, tiene un efecto económico por los costos crecientes de traslado, afectando la calidad de vida.
A pesar de este panorama que marca algunos aspectos negativos de la realidad social del país, la secretaria del Gabinete Social, Zuleika de Herbert y la doctora Astevia Vega, del Equipo Técnico, apuntaron que los indicadores reflejan mejoría en aspectos como disminución del analfabetismo y deserción escolar.
De acuerdo con Vega, la tasa de analfabetismo en la población indígena mejoró sustancialmente en comparación con el censo del 90 cuando era de 44.27% y en el del 2000 se estima en 34%.
Precisó que hay grandes logros porque Panamá es uno de los países con mayores esperanzas de vida de América Latina, ya que en el año 90 la esperanza estaba en 72.20 y para el año 2000, estaba en 74.50.
Agregó que la tasa de mortalidad infantil ha disminuido notablemente en comparación con el 90, cuando por cada mil nacidos, morían 18.9, y en el 2000, por cada mil nacidos mueren 16.7.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.
El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.
Un estudio preparado el año pasado por Edward Niesten, Doctor en Economía Aplicada de la Universidad de Stanford y John Reid, Master en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, al cual me referí en mi crónica del 1 de julio sobre "Los Esclusajes, el Agua y el Canal", ha provocado en los últimos días una serie de declaraciones y comentarios de parte de los más altos personeros de la ACP. Transcribiré parte sustantiva de alguna de esas declaraciones:
El Ing. Guillermo Quijano, miembro de la Junta Directiva de la ACP, el 20 de agosto de 2002 declaró, según el diario "La Prensa" que "hay dos aspectos fundamentales que acaparan la atención de la sociedad panameña y del mundo: la necesidad de agua y el costo financiero de la ampliación del Canal". Sostiene que los costos más relevantes de la ampliación del Canal son, entre otros, el tamaño de las esclusas, pero a renglón seguido aduce que el tamaño y tipo de las esclusas aún no se ha definido. Sin embargo, agrega que la necesidad de agua está siendo "minuciosamente estudiada". No llega Quijano a conclusión alguna sobre el particular, pero sí se concreta en expresar que "de ser necesario el desplazamiento de alguna familia por causa de la construcción de algún embalse, Quijano dice que deberá ser indemnizada adecuadamente". ("La Prensa", martes 20 de agosto de 2002).
El Ing. Alberto Alemán Zubieta, Administrador del Canal, el 21 de agosto de 2002 declaró, sin ambages, que la propuesta de aumento de peajes "implica un cambio en el sistema de cobro de peajes con el propósito de buscar la rentabilidad y enfrentar los planes de ampliación del Canal". (La Prensa, 21 de agosto de 2002, pág.2).
El Dr. Ricaurte Vásquez, Subadministrador de la ACP, declaró el 21 de agosto de 2002, según el diario "La Prensa": "la ACP está aún muy distante de llegar a una conclusión sobre las opciones para la ampliación del Canal...para la ACP lo importante es encontrar una alternativa que sea costeable ya sea con los recursos que cuenta el Canal o con cualquier tipo de financiamiento que se consiga".
Rodolfo Sabonge, Director de Planificación Corporativa de la Autoridad del Canal de Panamá, ha objetado el costo que Niesten y Reid le asignan a la obra. Al respecto dijo: "Nosotros ni siquiera hemos terminado los estudios de esclusas conceptuales, que son las que arrojarán una luz más clara sobre el costo de la posible ampliación". (La Prensa, 18 de agosto del 2002). Esta declaración del alto funcionario del Canal contribuye a darle validez a la impresión de que no hay actualmente estudios concluyentes en la esfera de la Ingeniería y que la ACP se mantiene en un mar de incógnitas conceptuales. De ahí que al sustentar su presupuesto la ACP hubiese incluido entre sus metas del año fiscal 2003 "coordinar los estudios relativos a la ampliación del Canal de manera que sus grados de avances permitan al desarrollo de un concepto básico sobre un "Plan Maestro de Expansión del Canal"". Se trabaja al parecer en un concepto básico aún no definido. Mientras el señor Director de Planificación Corporativa de la ACP, nos habla en agosto de 2002 de "los estudios de esclusas conceptuales", el Administrador del Canal en octubre de 2001 nos habla concretamente de "esclusas post Panamax". Así lo hizo constar en el contrato que celebró con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos "para el diseño de cuatro configuraciones de esclusas post Panamax para el Atlántico y el Pacífico".
En el repertorio -que ya existe- de las declaraciones de los personeros de la ACP sobre la ampliación del Canal no hay afirmaciones concluyentes, pero sí hay, de manera constante, una nebulosa que entre otras cosas podría llevar al ciudadano común a desinteresarse sobre el tema de la ampliación del Canal y otros temas colaterales. Esto es así porque con la insistencia en que "aún se está en la etapa de los estudios" la ACP estaría también señalando que eso es cosa de los expertos, de los entendidos, de los privilegiados que tienen acceso a tales estudios y que el resto del país tendría que conformarse con los hechos cumplidos.
A todos los que analizamos estas declaraciones nos queda por averiguar si la ACP está afectada de algún tipo de devaneo que no tiene remedio, porque compromete no sólo su lenguaje sino también sus acciones. Muchas veces los proverbios son el mejor recurso lingüístico que tenemos los seres humanos para expresar nuestra interpretación o reflexiones sobre las realidades. Sabemos, por ejemplo, que "cuando el río suena piedras trae".
En otros países dicen: "cuando el río suena, aguas lleva". Los panameños sentimos que algo "suena" en el Canal, pero si nos atenemos a las declaraciones de los responsables de la ACP aún está muy lejos el día en que se anuncie una decisión sobre la ampliación del Canal. Entonces, la Autoridad del Canal tendría que rendir cuentas de su comportamiento y responder por las acciones y omisiones ante el juicio severo de los órganos del poder público o los aciertos o desaciertos de su manejo del Canal, patrimonio inalienable de la nación panameña.
Aunado a estas circunstancias, las mujeres pobres registran las mayores tasas de fecundidad con el consiguiente aumento de las responsabilidades domésticas, a las que se añaden la falta general de servicios de guardería y de acceso a otros servicios básicos.
El desempleo es significativamente alto entre los jóvenes panameños. En el renglón de jóvenes de 15 a 29 años alcanza un total del 24.1%. De 20 a 24 años representa un 18.1% y de 25 a 29 años alcanza el 12%.
Este fenómeno se acentúa entre los jóvenes urbanos, las mujeres jóvenes y los jóvenes de educación secundaria, lo que podría apuntar a la existencia de dificultades en la transición de la escuela al mundo laboral.
Los análisis indican que a pesar de que el trabajo infantil no parece ser un problema generalizado en Panamá, sí va en aumento. Los niños trabajadores suelen ser pobres en su totalidad y cuentan con menos años de escolaridad que aquéllos que tienen su misma edad, pero que no trabajan. En su mayoría son niños varones que viven en las áreas rurales e indígenas.
El normal suministro de los servicios básicos como agua potable y alcantarillados, servicios eléctricos y comunicación siguen siendo un sueño para los pobres.
En materia de servicio eléctrico un 25% de la población urbana no tiene acceso al mismo, por lo que sigue constituyendo un lujo inalcanzable para más del 60% de los pobres que habita en áreas rurales, y para más del 90% de la población indígena.
222El 16% de los menores de cinco años está afectado por alguna forma de desnutrición.
En cuanto a la eliminación de excretas, un 20% de los pobres no tiene ningún tipo de servicio sanitario en su vivienda, agravándose esta situación en las viviendas de las áreas indígenas, ya que el 56% de éstas carece de este servicio.
Puede mencionarse una tendencia hacia la centralización y fragmentación del sistema de salud con tres actores -Ministerio de Salud, Caja de Seguro Social y Sector Privado- que promueve la duplicación y subutilización de los servicios.
En el ámbito nacional apenas el 21% de la población tiene acceso a la educación universitaria, situación que se agrava en las áreas rurales, donde la cobertura sólo alcanza al 8% de la población y al 1% de la población indígena.
La falta de una red vial adecuada deteriora las relaciones familiares, debido al tiempo que las personas demoran en llegar a sus residencias; contribuye al estrés y al agotamiento físico que se acumula en las personas. Además, tiene un efecto económico por los costos crecientes de traslado, afectando la calidad de vida.
A pesar de este panorama que marca algunos aspectos negativos de la realidad social del país, la secretaria del Gabinete Social, Zuleika de Herbert y la doctora Astevia Vega, del Equipo Técnico, apuntaron que los indicadores reflejan mejoría en aspectos como disminución del analfabetismo y deserción escolar.
De acuerdo con Vega, la tasa de analfabetismo en la población indígena mejoró sustancialmente en comparación con el censo del 90 cuando era de 44.27% y en el del 2000 se estima en 34%.
Precisó que hay grandes logros porque Panamá es uno de los países con mayores esperanzas de vida de América Latina, ya que en el año 90 la esperanza estaba en 72.20 y para el año 2000, estaba en 74.50.
Agregó que la tasa de mortalidad infantil ha disminuido notablemente en comparación con el 90, cuando por cada mil nacidos, morían 18.9, y en el 2000, por cada mil nacidos mueren 16.7.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.
El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.