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Hacia la democracia: Harmodio Arias Madrid y el Canal


CUANDO un pueblo se encuentra en una encrucijada y las voces de quienes habitualmente lo guían se contradicen, puede llegar a sentirse inseguro y hasta confundido. Puede entonces buscar subterfugios como excusa para adoptar cualquiera de los caminos que se le ofrecen.
Algunos de sus dirigentes o de las personalidades que participan en el debate actual sobre la ampliación del canal, tienen presente El Espíritu de las Leyes de Montesquieu. De acuerdo con este clásico de la ciencia política la república consiste en que un pueblo tenga el poder soberano. Si el poder lo tiene una minoría es una aristocracia, y si lo tiene todo el pueblo es una democracia, cuya virtud propia es el amor entre los conciudadanos y cuyo principio de orden es la igualdad. Hacen por ello bien en comunicar sus ideas a la opinión pública en general, ya que vivimos en una democracia.
Pero cuando su confusión es muy intensa, el pueblo en la república suele recurrir a una forma cualquiera de evaluación de posibilidades para escoger entre los rumbos que se le ofrecen. Algunos de los dirigentes o personalidades proponen entonces criterios que por ser extraños no dejan de revelar una imaginación intelectual fuera de serie. Así, por ejemplo, en el debate actual sobre la ampliación, uno de los participantes ha evaluado negativamente los comentarios de un ejecutivo de la ACP con respecto al modelo de costos, rechazándolo porque responde según él a la doctrina teológica formulada en Salamanca por el dominico teólogo Domingo Bartolomé de Medina.
La comparación daría diferente resultados si se hiciera con un filósofo de la antigua Grecia. Parménides, por ejemplo, al analizar el pensamiento humano contrapone la ciencia y la ignorancia. La opinión para él, que no es ni ciencia ni ignorancia, no tiene ningún valor cognitivo, pero tiene un papel de intermediario entre la ciencia y la ignorancia. Pero en realidad en gran parte los asuntos humanos, particularmente la política, no son ni ciencia ni ignorancia, sino opinión. En consecuencia, quien negara todo valor a la probabilidad, especialmente de índole política, paralizaría el pensamiento político y con él la acción política. Porque en la realidad de los hechos nuestro pensamiento y nuestra acción en política en su mayor parte son probables y no son cien por ciento seguros.
En otras palabras, lo normal y correcto es que reconozcamos nuestra ignorancia, la docta ignorancia según Sócrates, y reconozcamos que en los asuntos humanos dependemos de la opinión. Ello no nos libera de la responsabilidad de cuantificar lo cuantificable ni de precisar nuestros objetivos y nuestros criterios de acción lo más que podamos. Entonces nuestros diálogos serán beneficiosos para quienes participamos en ellos y para nuestro país. Y nunca debemos perder de vista que todos estamos expuestos a la falibilidad.
Al lidiar con el tema del Canal, debiéramos tener en cuenta, sobre todo los que participamos frecuentemente en los debates sobre el tema, que en la mayoría de los casos lidiamos con opiniones, que si bien no son expresión de ignorancia, rara vez son expresión de ciencia. En la mayoría de los casos pertenecen al mundo de la opinión.
Por ello me parece más sano y menos peligroso, si en nuestros debates sobre el tema buscamos orientación en los dirigentes y personalidades que en nuestro pasado manejaron el tema, teórica y prácticamente con éxito. De allí que convenga tornarnos hacia nuestra propia historia. Esta nos presenta tres figuras que desde este punto de vista merecen nuestra atención: Harmodio Arias Madrid, Roberto F. Chiari y Omar Torrijos Herrera. Consideremos el ejemplo que cada uno nos legó, para buscar orientación en nuestra decisión sobre la ampliación del Canal. Es verdad que ellos no lidiaron con el problema específico de la ampliación del Canal. Pero lidiaron con el problema del Canal a un nivel mucho más radical con respecto al mismo Canal y con respecto al futuro de nuestro país. Su ejemplo no es desechable.
Harmodio Arias Madrid dejó un muy importante legado con respecto a la manera de hacerle frente al tema del Canal. El decidir emprender una negociación sobre el Canal con el Presidente Franklin D. Roosevelt. Estaba decidido a abordar la dimensión política, la más alienante para Panamá y la más difícil de resolver, del Convenio de 1903, y no sólo la dimensión económica.
El Dr. Omar Jaén Suárez en su libro Las Negociaciones sobre el Canal de Panamá 1964 a 1970 escribió:
"Harmodio Arias obtuvo un triunfo político de primer orden", al eliminarse las cláusulas mediante las cuales los Estados Unidos debían garantizar y mantener la independencia de Panamá y le otorgaban el derecho, a la potencia del norte, a expandir la zona del canal unilateralmente" (art. 1 y 2 de la Convención de 1903).
"Se añadían ciertas conquistas de carácter económico, como el aumento de la anualidad... Pero Panamá debió continuar aceptando la estructura básica del convenio. Y además. Debió aceptar a favor de los Estados Unidos, nueva obligaciones de defensa en caso de conflagración o de cualquier amenaza de agresión contra Canal (p.55).
Al negociar en estos términos, el Presidente Harmodio Arias corrió riesgos. No hubo unanimidad a favor de los de los resultados. Según Jaén Suárez destaca:
"Lejos de eso y en un distante antecedente de lo que sucedió en la etapa abrogacionista, una parte de la opinión pública se le opone. Así, un grupo minoritario pero belicoso de la Asamblea Nacional, de inspiración socialista, encabezado por Demetrio A. Porras, combate el Tratado de 1936 porque, entre otras cosas, "deja en vigencia el de 1903’"y "por la sanción implícita que este nuevo tratado le imparte a los abusos de interpretación, manifiestos y confesos, de parte de los Estados Unidos" (ibid. pp.55-56).
Gracias a la manera como le hizo frente a estos riesgos, Harmodio Arias, logró demostrar que por vía de la negociación se podían gradualmente modificar incluso las cláusulas políticas que tanto afectaban negativamente a Panamá, pero que era necesario aceptar que en toda negociación seria se da y se recibe. Dejó establecido que un gobierno democrático, fruto de las primeras elecciones confiables desde 1903, podía emprender un esfuerzo por transformar una república en un estado nacional, e impulsar una democratización, que se sintió en toda la educación con la creación de la Universidad de Panamá, y se sintió en las finanzas públicas, con el fortalecimiento de Contraloría y el Banco Nacional y la creación de la Caja de Ahorros.
Desgraciadamente las elecciones que el Dr. Harmodio Arias presidió fueron muy cuestionables, en gran parte por el control que ejercía sobre el partido oficialista el Dr. Arnulfo Arias Madrid, dispuesto a utilizar los recursos del Estado a favor de un candidato que una vez electo le facilitara su acceso a la presidencia
El Dr. Harmodio Arias Madrid dejó así un ejemplo de cómo un presidente civil. podía en cuatro años al mismo tiempo que iniciaba la obra de convertir la república en estado nacional, impulsaba su democracia y lograba avanzar en la panameñización del Canal..

101 años de Panamá América

 
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