Hacia la empresa canalera del tercer milenio
Imperceptible es la palabra clave y de moda que han puesto los altos ejecutivos de la Comisión del Canal, que además encierra la filosofía del cambio hacia el nuevo milenio, cuando faltan poco más de 300 días para que la vía interoceánica pase a manos panameñas, por virtud de los Tratados Torrijos-Carter, suscritos el 7 de septiembre de 1977.
Suena y se desliza como una flecha la palabra imperceptible, en boca del administrador Alberto Alemán Zubieta, cuyo mensaje es que todo continuará bien y el traspaso de la primera potencia del mundo, que construyó el canal en 1914, a la administración de la pequeña Panamá de menos de 3 millones de habitantes, será un tránsito seguro y eficiente, como el que efectúan los 13 mil barcos que anualmente cruzan los océanos Atlántico y Pacífico.
Esta es la atmósfera que viven las autoridades canaleras y transmiten a los usuarios y al país, cuando el 95 por ciento de la fuerza laboral en la vía acuática es panameña, un 96 por ciento de los oficios especializados, el 77 por ciento de los prácticos o pilotos y el 80 por ciento de la alta gerencia, cifras que reflejan los efectos reales de la transición, desde que comenzaron a implementarse los acuerdos canaleros en octubre de 1979.
La atmósfera descrita, las cifras y la percepción, de que a medida que se acerca la fecha del traspaso del Canal 31 de diciembre de 1999- el debate se intensifica en Panamá en diversos círculos y las interrogantes se multiplican en el ámbito nacional, se desprende del seminario patrocinado por la Universidad de Panamá (Instituto del Canal) y la Comisión del Canal, bajo el título "Funcionamiento y proceso de transición del Canal de Panamá".
El gerente de la oficina de Administración de la Transición de la Comisión del Canal, Jaime Bocanegra, en sendas exposiciones, tras detallar los cambios que se están efectuando en el marco de la Comisión a las viejas estructuras organizacionales de la vía interoceánica, puso énfasis en tres palabras mágicas: flexibilidad, eficiencia y rentabilidad.
Sobre esos tres pilares, de acuerdo con la presentación de Bocanegra, se basa el éxito del canal del siglo XXI, la vía interoceánica en plenas manos administrativas y jurisdiccionales panameñas después de 85 años de operaciones y presencia norteamericana en esa maravilla de la ingeniería de principios de siglo.
Más moderno, eficiente, rentable y netamente panameño, insistió a lo largo de su exposición el alto ejecutivo, quien subrayó las palabras del administrador Alemán Zubieta, cuando dijo que el Canal por fuera se veía igual que hace 80 años, pero que por dentro las transformaciones eran notables, porque la vía acuática se está ajustando a la demanda internacional con tecnología de punta.
Existe una nueva visión del Canal de Panamá puntualizó Bocanegra- y la vía interoceánica se está adaptando a los vertiginosos cambios de la economía y demanda marítima mundial, y es nuestro propósito de que sirva como piedra angular al desarrollo del país: que se constituya en el principal elemento en una amplia gama de servicios marítimos y que siempre esté a la vanguardia del progreso y la innovación a través de los adelantos tecnológicos.
El gerente de la Oficina de Administración de la Transición, destacó que si bien el Canal es altamente rentable y aunque el fisco panameño, por razón de los tratados percibe una anualidad de 100 millones de dólares, en el actual esquema norteamericano no se prevén ganancias, por su carácter de servicio internacional y de uso militar. Sin embargo, enfatizo "la situación del Canal es envidiable: no tiene deudas, ni préstamos", porque es una empresa del primer mundo y todos los preparativos apuntan hacia una rentabilidad sostenible en el tiempo, ya que las inversiones de 1000 millones de dólares que se efectúan en la actualidad y una legislación acorde con los cambios del mundo comercial, le permitirán una mayor flexibilidad en el campo de los negocios.
Las inversiones que se realizan para ampliar el corte de culebra, "talón de Aquiles de la ruta interoceánica", el reemplazo de locomotoras, la inclusión de siete nuevos remolcadores con la última tecnología del mercado y la modernización del sistema de tráfico, entre los aspectos tecnológicos, garantizan la eficiencia y capacidad del Canal hasta el 2010, de acuerdo con los estudios de la Comisión del Canal.
Del debate universitario y la Comisión del Canal, se llegó a la conclusión de que el Canal es vital para el país y por razones de sobrevivencia, como destacó Bocanegra, "no podemos fracasar" y no hay indicios serios recalcó- que se va a manejar de manera irresponsable.
Interrogado sobre la posibilidad de que el Canal se privatice, el funcionario fue enfático: "no se puede privatizar". La ley lo prohíbe y la propia Constitución Política, así lo expresa. El concepto del futuro Canal, agregó Bocanegra, es alejarse de los vaivenes de la política y la ley contempla además una administración financiera independiente del Estado.
Uno de los temas debatidos por el más de un centenar de participantes, fue el derecho a huelga en la ruta interoceánica, consagrado en la Constitución Política panameña. Bocanegra subrayó que la Constitución especifica que el Canal no puede cerrarse, porque la ruta no responde sólo a una realidad nacional, ya que el mundo y la navegación marítima exigen un tránsito confiable. Afortunadamente, agregó, existe un sistema de resolución de conflictos, que hasta la fecha ha funcionado perfectamente.
La variable medioambientalista tendrá un creciente impacto en el futuro del Canal, advirtió Bocanegra, ya que en la cuenca canalera de 350 mil hectáreas viven unas 150 mil personas y del recurso natural depende la vía interoceánica.
Con la nueva administración, de acuerdo con el funcionario canalero, se abolirán "todos los privilegios que tenían los norteamericanos, como el diferencial del 15 por ciento, la casa, agua y educación subvencionadas, viajes al extranjero". No habrán, recalcó, privilegios por nacionalidad.
El Canal de Panamá forma parte de la cultura, economía, idiosincracia y del sacrificio de la nación panameña y es parte viva y sufrida desde el inicio y antes de la República, y se ha transformado en esta nueva etapa en un "bien inalienable, que no puede ser cedido", y cuyas concesiones, se harán en sectores no vitales por un periodo pactado.
Su presencia física, económica, histórica, la dimensión de sus estructuras, su empleomanía, la tecnología de avanzada que utiliza, su papel en el comercio internacional aunque existan nuevas modalidades de transporte, y el futuro impacto que tendrá en el pequeño istmo, lo transforman en la columna vertebral de esta nación bañada por los dos más grandes océanos y que comenzará a ser un país marítimo en el próximo milenio.
Suena y se desliza como una flecha la palabra imperceptible, en boca del administrador Alberto Alemán Zubieta, cuyo mensaje es que todo continuará bien y el traspaso de la primera potencia del mundo, que construyó el canal en 1914, a la administración de la pequeña Panamá de menos de 3 millones de habitantes, será un tránsito seguro y eficiente, como el que efectúan los 13 mil barcos que anualmente cruzan los océanos Atlántico y Pacífico.
Esta es la atmósfera que viven las autoridades canaleras y transmiten a los usuarios y al país, cuando el 95 por ciento de la fuerza laboral en la vía acuática es panameña, un 96 por ciento de los oficios especializados, el 77 por ciento de los prácticos o pilotos y el 80 por ciento de la alta gerencia, cifras que reflejan los efectos reales de la transición, desde que comenzaron a implementarse los acuerdos canaleros en octubre de 1979.
La atmósfera descrita, las cifras y la percepción, de que a medida que se acerca la fecha del traspaso del Canal 31 de diciembre de 1999- el debate se intensifica en Panamá en diversos círculos y las interrogantes se multiplican en el ámbito nacional, se desprende del seminario patrocinado por la Universidad de Panamá (Instituto del Canal) y la Comisión del Canal, bajo el título "Funcionamiento y proceso de transición del Canal de Panamá".
El gerente de la oficina de Administración de la Transición de la Comisión del Canal, Jaime Bocanegra, en sendas exposiciones, tras detallar los cambios que se están efectuando en el marco de la Comisión a las viejas estructuras organizacionales de la vía interoceánica, puso énfasis en tres palabras mágicas: flexibilidad, eficiencia y rentabilidad.
Sobre esos tres pilares, de acuerdo con la presentación de Bocanegra, se basa el éxito del canal del siglo XXI, la vía interoceánica en plenas manos administrativas y jurisdiccionales panameñas después de 85 años de operaciones y presencia norteamericana en esa maravilla de la ingeniería de principios de siglo.
Más moderno, eficiente, rentable y netamente panameño, insistió a lo largo de su exposición el alto ejecutivo, quien subrayó las palabras del administrador Alemán Zubieta, cuando dijo que el Canal por fuera se veía igual que hace 80 años, pero que por dentro las transformaciones eran notables, porque la vía acuática se está ajustando a la demanda internacional con tecnología de punta.
Existe una nueva visión del Canal de Panamá puntualizó Bocanegra- y la vía interoceánica se está adaptando a los vertiginosos cambios de la economía y demanda marítima mundial, y es nuestro propósito de que sirva como piedra angular al desarrollo del país: que se constituya en el principal elemento en una amplia gama de servicios marítimos y que siempre esté a la vanguardia del progreso y la innovación a través de los adelantos tecnológicos.
El gerente de la Oficina de Administración de la Transición, destacó que si bien el Canal es altamente rentable y aunque el fisco panameño, por razón de los tratados percibe una anualidad de 100 millones de dólares, en el actual esquema norteamericano no se prevén ganancias, por su carácter de servicio internacional y de uso militar. Sin embargo, enfatizo "la situación del Canal es envidiable: no tiene deudas, ni préstamos", porque es una empresa del primer mundo y todos los preparativos apuntan hacia una rentabilidad sostenible en el tiempo, ya que las inversiones de 1000 millones de dólares que se efectúan en la actualidad y una legislación acorde con los cambios del mundo comercial, le permitirán una mayor flexibilidad en el campo de los negocios.
Las inversiones que se realizan para ampliar el corte de culebra, "talón de Aquiles de la ruta interoceánica", el reemplazo de locomotoras, la inclusión de siete nuevos remolcadores con la última tecnología del mercado y la modernización del sistema de tráfico, entre los aspectos tecnológicos, garantizan la eficiencia y capacidad del Canal hasta el 2010, de acuerdo con los estudios de la Comisión del Canal.
Del debate universitario y la Comisión del Canal, se llegó a la conclusión de que el Canal es vital para el país y por razones de sobrevivencia, como destacó Bocanegra, "no podemos fracasar" y no hay indicios serios recalcó- que se va a manejar de manera irresponsable.
Interrogado sobre la posibilidad de que el Canal se privatice, el funcionario fue enfático: "no se puede privatizar". La ley lo prohíbe y la propia Constitución Política, así lo expresa. El concepto del futuro Canal, agregó Bocanegra, es alejarse de los vaivenes de la política y la ley contempla además una administración financiera independiente del Estado.
Uno de los temas debatidos por el más de un centenar de participantes, fue el derecho a huelga en la ruta interoceánica, consagrado en la Constitución Política panameña. Bocanegra subrayó que la Constitución especifica que el Canal no puede cerrarse, porque la ruta no responde sólo a una realidad nacional, ya que el mundo y la navegación marítima exigen un tránsito confiable. Afortunadamente, agregó, existe un sistema de resolución de conflictos, que hasta la fecha ha funcionado perfectamente.
La variable medioambientalista tendrá un creciente impacto en el futuro del Canal, advirtió Bocanegra, ya que en la cuenca canalera de 350 mil hectáreas viven unas 150 mil personas y del recurso natural depende la vía interoceánica.
Con la nueva administración, de acuerdo con el funcionario canalero, se abolirán "todos los privilegios que tenían los norteamericanos, como el diferencial del 15 por ciento, la casa, agua y educación subvencionadas, viajes al extranjero". No habrán, recalcó, privilegios por nacionalidad.
El Canal de Panamá forma parte de la cultura, economía, idiosincracia y del sacrificio de la nación panameña y es parte viva y sufrida desde el inicio y antes de la República, y se ha transformado en esta nueva etapa en un "bien inalienable, que no puede ser cedido", y cuyas concesiones, se harán en sectores no vitales por un periodo pactado.
Su presencia física, económica, histórica, la dimensión de sus estructuras, su empleomanía, la tecnología de avanzada que utiliza, su papel en el comercio internacional aunque existan nuevas modalidades de transporte, y el futuro impacto que tendrá en el pequeño istmo, lo transforman en la columna vertebral de esta nación bañada por los dos más grandes océanos y que comenzará a ser un país marítimo en el próximo milenio.