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Hacia un proyecto de futuro compartido


Hoy 31 de diciembre a las 12 de la noche el año 2002 pasa a ser parte de nuestro pasado. Cada persona sigue en esta fecha el temperamento y las costumbres que su tradición, su personalidad o sus recursos determinan. Los panameños y las panameñas, aparte de la común inclinación a participar de las fiestas, generalmente cumplimos en esta ocasión ciertos rituales en los que está implícita la preferencia por vivir las últimas horas del año que pasa y las primeras horas del año que comienza con el corazón aligerado de presiones y con la mente libre de complicaciones. Sin embargo, creo que esta preferencia no alcanza a ser sinónimo de una voluntad de desentendernos de todo, de una huida hacia el interior de la casa para no afrontar las realidades, para no saber ni pensar en que el año nuevo, que llama a nuestras puertas, puede no estar cargado solamente de buenas cosas y de gratos acontecimientos. El tiempo que se va y el tiempo que llega constituyen parte de nuestra propia y única historia y asumimos la carga emocional y la responsabilidad de los retos a los cuales necesariamente tenemos que enfrentarnos.
El año 2003 es el año del Centenario de nuestra independencia. Los significados que tiene este Centenario son múltiples. En los últimos meses del año 2002 hemos tenido pruebas del marcado interés por la publicación y la difusión de libros, por la organización y la presentación de conferencias y de foros cuyos temas se centran en la historia nacional. En varias ocasiones he manifestado mi opinión sobre la importancia intrínseca de la enseñanza y de la divulgación de la historia para la afirmación de nuestra identidad nacional y para el engrandecimiento de nuestro futuro. Es esencial que los panameños vivamos los fastos del Centenario con el entrañable sentimiento de que hemos transcurrido 100 años de vida independiente en los que la exigencia y el compromiso mayores fueron el patriotismo, la dignidad y la lucha por el enaltecimiento de la identidad nacional. A través de nuestra historia muchas veces hemos corrido peligros, y no hemos tenido nunca "todas las cartas en la mano". Aunque la naturaleza o la providencia nos han ahorrado ciertas desgracias, el pueblo panameño no parece susceptible de desquiciarse ante las que lo puedan afectar, pero tampoco parece tener el sentimiento trágico de que esas desgracias no son imposibles. Desde la perspectiva de mi edad creo haber percibido que en el mundo todo ha ocurrido o puede ocurrir, pero que al mismo tiempo nada se repite ni siquiera en forma de espiral. Esto lo digo sin incomodar a nadie, incluyendo a los historiadores. Esta percepción, asimismo, me pone al abrigo de pesimismos radicales y de triviales e infundados optimismos.
No hay que tener la pretensión de que los dirigentes de las grandes potencias se conviertan a las ideas de -por ejemplo- un San Francisco de Asís. Pero personalmente lamento que esos dirigentes conciban que, entre la grandeza nacional y la paz o la felicidad universal, las relaciones son estrechas. Tal concepción da pie para que el mundo presente desequilibrios peligrosos y para la aparición de conflictos insolubles.
El tamaño físico de nuestro país y nuestra posición geográfica nos ha determinado a una concepción según la cual la contribución que podemos hacer a la paz y al bienestar del mundo y de la humanidad está muy cerca de la generosidad y muy lejos de las desmesuras en nuestros intentos de cumplir un papel protagónico en el mundo. Pero hay que estar muy distraídos para no darnos cuenta de que en nuestro país y en el resto del mundo los fenómenos de la economía y de la política señalan la necesidad de enfrentar las dificultades y los peligros con medios idóneos y apropiados.
La lista de las cuestiones y problemas que ejercen presión sobre la sociedad panameña es larga. El alivio posible a esos problemas es función, en primer lugar, del gobierno. La necesidad y la bondad de hacer alianzas estratégicas de cooperación entre gobierno y sociedad civil son incuestionables. Pero de ahí no se desprende que la sociedad civil pueda, de la noche a la mañana o por arte de magia, reemplazar al gobierno en una cantidad de cuestiones que determinan la suerte de nuestra sociedad. Nunca se vio que una sociedad fuera feliz, próspera y armónica con un gobierno abúlico. Nunca se vio que una sociedad insensible, autómata y pasiva alcance ser bien gobernada.
En el año 2002 se produjeron muchos diálogos, muchos debates, muchos encuentros en nuestro país acerca de problemas económicos, sociales, educativos y de diverso orden. En ellos, la política, en vez de prestarles una coherencia, una coordinación, un estímulo poderoso para el futuro, una lámpara luminosa de largo alcance, lo que ha logrado es que se evidencien posiciones dictadas por directivas de partidos, de grupos sectarios o de corporaciones mercantiles que parecen no estar a la altura de las circunstancias y de las realidades.
En este mundo contemporáneo, afectado de una desorganización creciente, las instituciones que representan la "organización de la sociedad" o la "sociedad organizada" deben estar bien conscientes de que sus representados, la ciudadanía les exige que sean aptos, íntegros y capaces de superar los mezquinos intereses personales, partidarios o sectoriales y que tengan la dignidad, el valor y la libertad que los capacite para ser leales a los valores eternos de la nación panameña.
La sociedad panameña está interesada en que se logren pronto los acuerdos que permitan darle forma a un proyecto colectivo de futuro. Creo que en la sociedad panameña prevalece el criterio de que es esencial modernizar al Estado, modernizar los servicios, modernizar la agricultura, modernizar la industria. Para la sociedad panameña esa modernización integral del país no es un fin sino un medio para preservar los logros hasta ahora conquistados y para construir nuevos cimientos para una sociedad panameña sana, desarrollada, solidaria y armoniosa.
El bienestar nunca ha sido fácil, ni en lo personal, ni en lo social. Hay que buscarlo incesantemente, hay que capacitarse para lograrlo en todos los estratos de la sociedad panameña. ¡Feliz Año Nuevo!
Los compañeros aducen que el capitán podría pilotear un avión con los ojos vendados o con las manos atadas. Así de confiados en su experiencia se muestran.
La familia tiene otra preocupación: Por regla, son cinco días de búsqueda exhaustiva y después se convierte en búsqueda rutinaria. "Nosotros no queremos que se convierta en búsqueda rutinaria... vamos a presionar hasta las últimas consecuencias y no nos vamos a quedar con los brazos cruzados", señaló la abogada. La joven se mostró agradecida con la empresa Evergreen y varias familias que prestaron sus helicópteros para la búsqueda.
Por lo pronto, Joyce está confiada en que su padre es muy prudente y si está vivo esperará a que lo rescaten. "Lo que sí me preocupa es que mientras él está allá solo, sin comida, expuesto al hambre, a la sed, al frío y a los animales, nosotros estamos acá cómodos, aunque sin poder comer", dice ya a punto del llanto contenido. "No queremos que esto quede con miles de interrogantes... póngase en mi lugar. Si me van a traer lo que sea de mi padre, lo queremos tener aquí", argumenta.
No dejó pasar la oportunidad para pedir al pueblo panameño que se mantenga en oración. "Nosotros se lo agradecemos. Mañana (hoy) todo el mundo va a estar preparándose, cocinando, en el salón de belleza... pero también mañana (hoy) puede ser uno de los peores días de nuestras vidas. Va a ser un fin de año lamentable, de mucha angustia. Aquí todos somos hijos de alguien... les pedimos que nos acompañen en nuestros sentimientos con sus oraciones", dice con un dejo de tristeza y un hálito de esperanza.
La búsqueda de la aeronave HP-1016 se ha visto complicada por la falta de equipo técnico en la Dirección de Aeronáutica Civil (DAC) y la actitud de algunos funcionarios de esta institución que no tienen la disposición ni los conocimientos para facilitar la operación, afirmó ayer el capitán Jaime Fábrega, presidente de la Asociación de Pilotos y Usuarios del Aeropuerto de Albrook.
Informó además que durante la operación de búsqueda, los funcionarios sólo contaban con un radio de comunicaciones que es propiedad de la Presidencia de la República, a pesar de que manejan información de que la DAC cuenta entre los equipos de su propiedad con varios teléfonos satelitales.
La idea de ellos no es usurpar las funciones de la DAC, sino la de colaborar con la búsqueda, ya que están conscientes de que se trata de vidas humanas y por eso la disposición a colaborar como empresas privadas.
Fábrega dijo que en los últimos días, algunos pilotos y otros técnicos particulares han recomendado a los funcionarios de la DAC buscar en determinada área, sin embargo, los funcionarios han respondido que se trata de zonas exclusivas de búsqueda usada por la Dirección Aeronáutica, como si tratara de una mesa en la que se prepara la cena de Año Nuevo y su respectiva repartición. Cuestionó además la falta de organización del equipo de Búsqueda y Rescate de la DAC, ya que no han podido coordinar una operación de manera adecuada.

101 años de Panamá América

 
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