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Hacia una ciudad sin atractivos


Aunque todavía las protestas se estén dando únicamente como expresiones individuales aisladas dentro de algunos grupos preocupados por el ornato de la ciudad, cabe señalar que sean precisamente arquitectos y artistas, agencias de viajes y hoteleros, quienes levantan las primeras voces contra las obras que ha iniciado la Alcaldía del distrito de Panamá en el pequeño complejo turístico conocido como "Mi Pueblito" en las faldas del Cerro Ancón.
Esta obra singular, llevada a cabo durante dos administraciones alcaldicias, con colaboración financiera y técnica local y extranjera, fue culminada a principios de este año con las adiciones de un "pueblito" afroantillano y un "pueblito" de indígenas aborígenes. Desde entonces ha sido objeto de numerosos elogios no sólo de parte de empresas interesadas en el fomento del turismo sino también por la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos que es, tal vez, la entidad más autorizada para calificar una nueva presencia urbanística de tales dimensiones en nuestra capital.
Cuando pensamos en la destrucción de grandes porciones de la bahía de Panamá, en el abandono que han sufrido los esfuerzos conservacionistas en el área de Summit, el desastre de las ruinas del Fuerte de San Lorenzo y el desaliño que rodea a algunas de las hermosas inversiones que se han hecho con miras al turismo ecológico, tenemos que reconocer que estamos embarcados en un proceso de destrucción y menoscabo de todo lo que queda que pueda ser atractivo ver, tanto para los que vivimos aquí como para los que podrían venir de visita. En una ciudad despojada de paisajes, con índices de criminalidad creciente, con un tráfico vehicular que prácticamente convierte en una tortura cualquier movilización, resulta sumamente doloroso que la Alcaldía decida llenar ese lugar tan especial con kioscos y puestos de venta y hasta un restaurante de lujo. Semejantes contrastes vendrían a arruinar el concepto de los "Pueblitos" elaborado con tanto cuidado y con tanto acierto. En una ciudad que se va quedando sin parques amenos y sin playas seguras, sin nada sano que hacer y sin nada agradable y decente que ver, no es posible callar mientras destruyen uno de los pocos lugares hermosos, vistosos y tranquilos que nos quedan, y que sirve tanto para atraer turistas como para el esparcimiento familiar. No todo se presta para ser mirado únicamente a base de que produzca o cueste dinero. Además, una vez arruinado su aspecto actual, probablemente ni negocio llegue a ser.


101 años de Panamá América

 
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