Hacia una estrategia energética
El presidente norteamericano George Bush hijo, acaba de delinear lo que nos parece es la base para la elaboración de una estrategia energética que reduzca la dependencia de Estados Unidos de las inestables fuentes petroleras del extranjero. Mencionó, en especial, que su país se abocará al desarrollo de nuevas fuentes energéticas, mencionando en especial el hidrógeno, el diesel orgánico y el alcohol. Paralelamente, ha dado el visto bueno para construir más plantas nucleares, pese al riesgo de su vulnerabilidad frente a ataques terroristas.
El hidrógeno es una fuente infinita, que está por todos lados, en la molécula de la vida, en su mágica unión con el carbono y la mera adición del oxígeno, bajo la fórmula C-H-O. Todos los seres vivos están hechos con esa simple combinación de elementos. El agua, el más abundante compuesto del planeta, está hecho de tan sólo dos de esos tres elementos, el oxígeno y el hidrógeno en la fórmula H2O. El hidrógeno está en el aire y en la tierra, en el universo entero, la cuestión es extraerlo y usarlo.
Entre sus propiedades está el ser un gas ligero pero altamente explosivo. Los primeros dirigibles, por ejemplo, eran llenados con hidrógeno, hasta el trágico accidente del Heildburg. Pero aun así se le sigue usando, incluso como combustible de los cohetes espaciales, en forma líquida, a presión.
En suma, es un gas tremendamente energético pero peligroso. De allí el esfuerzo tecnológico que se requiere para domesticarlo.
El diesel orgánico es otra alternativa interesante que tiene la virtud de ser renovable y dar, al mismo tiempo, trabajo al sector agrícola. El combustible tiene como base principal al aceite vegetal, como el de coco, soya, algodón y otros. Positivamente, los dos primeros, se producen en Panamá. En Europa, existe un gran porcentaje de estaciones automotrices que despachan este carburante. En la misma situación se ubica el alcohol, que puede extraerse de la caña de azúcar, la remolacha, etc.
En lo concerniente a Panamá, lo más probable es que para el desarrollo de nuevas fuentes de energía, dependamos de la tecnología extranjera, con más recursos para hacer frente a los costos de investigación. Pero en el ínterin, podemos echar mano a las alternativas que tenemos al alcance, como lo son la mayor utilización del potencial hidráulico y el uso de gas natural procedente de Colombia. No podemos descartar el empleo de alcohol de caña, usando la tecnología brasileña que suma más de dos décadas de experiencia de uso.
El hidrógeno es una fuente infinita, que está por todos lados, en la molécula de la vida, en su mágica unión con el carbono y la mera adición del oxígeno, bajo la fórmula C-H-O. Todos los seres vivos están hechos con esa simple combinación de elementos. El agua, el más abundante compuesto del planeta, está hecho de tan sólo dos de esos tres elementos, el oxígeno y el hidrógeno en la fórmula H2O. El hidrógeno está en el aire y en la tierra, en el universo entero, la cuestión es extraerlo y usarlo.
Entre sus propiedades está el ser un gas ligero pero altamente explosivo. Los primeros dirigibles, por ejemplo, eran llenados con hidrógeno, hasta el trágico accidente del Heildburg. Pero aun así se le sigue usando, incluso como combustible de los cohetes espaciales, en forma líquida, a presión.
En suma, es un gas tremendamente energético pero peligroso. De allí el esfuerzo tecnológico que se requiere para domesticarlo.
El diesel orgánico es otra alternativa interesante que tiene la virtud de ser renovable y dar, al mismo tiempo, trabajo al sector agrícola. El combustible tiene como base principal al aceite vegetal, como el de coco, soya, algodón y otros. Positivamente, los dos primeros, se producen en Panamá. En Europa, existe un gran porcentaje de estaciones automotrices que despachan este carburante. En la misma situación se ubica el alcohol, que puede extraerse de la caña de azúcar, la remolacha, etc.
En lo concerniente a Panamá, lo más probable es que para el desarrollo de nuevas fuentes de energía, dependamos de la tecnología extranjera, con más recursos para hacer frente a los costos de investigación. Pero en el ínterin, podemos echar mano a las alternativas que tenemos al alcance, como lo son la mayor utilización del potencial hidráulico y el uso de gas natural procedente de Colombia. No podemos descartar el empleo de alcohol de caña, usando la tecnología brasileña que suma más de dos décadas de experiencia de uso.