Hacia una visión optimista
Los expertos indican que para poder recortar el paso a la pobreza y al desempleo, deberíamos crecer un mínimo de 6% al año. Estamos pues muy lejos de ese objetivo.
Como consecuencia, la delincuencia es asfixiante, el desempleo ronda el 14%, la pobreza se ubica oficialmente en 35%. Y fuera de las cifras, es fácil observar que aumenta la mendicidad callejera, los crímenes, los vendedores en semáforos, los niños vagabundos, los piedreros y abandonados en cloacas y otros rincones inimaginables.
No obstante lo anterior, nos permitimos rescatar nuestra visión optimista de inicios de año, aquella que hacía descansar en la dinámica del sector privado el rescate del país, pese a la incapacidad y limitaciones de la actual administración, que parece no tener remedio cuando restan todavía tres largos años de mandato.
Si pasamos ligero inventario de los aspectos que Panamá tiene a su favor, por mencionar los más notorios, hallaremos el fundamento para una cautelosa actitud positiva. Así por ejemplo, tenemos el Canal, el centro bancario, el complejo portuario, el naciente turismo, la Zona Libre, las áreas revertidas, y la posibilidad siempre presente de cimentar una relación especial con Estados Unidos.
El Canal requiere de una pronta modernización que indudablemente traerá inversiones a mediano y largo plazo. Eso, por sí solo, en un país tan pequeño, es garantía de prosperidad. El centro bancario, por su parte, aún bajo los embates de la competencia extranjera y su puesta al día en tiempos de globalización, continuará siendo un puntal importante, con mejores perspectivas una vez se haya modernizado.
Bajo el gobierno de Pérez Balladares se sentaron las bases para dotar al país de los puertos más modernos del continente, situados en un área envidiable, de interconexión del comercio intercontinental. Eso es hoy una hermosa realidad, de la que ya estamos sacando creciente partido.
El turismo de cruceros, el de playa Farallón y el hotelero de Gatún y Amador, es otra promesa hecha realidad, que está creciendo y generando empleos. La Zona Libre de Colón igual, adaptándose a su nuevo papel de centro de redistribución e intercambio internacional de mercancías. A ellas se suma el inicio de la construcción del complejo intermodal de France Field, que incluye un nuevo aeropuerto internacional, en Colón.
Por otro lado, aun con su lento desarrollo, las áreas revertidas son un gigantesco activo que en cualquier momento va a despegar y traernos prosperidad en términos de nuevas inversiones.
Por último, siempre será posible estructurar unas nuevas, estrechas y modernas relaciones con Estados Unidos, en áreas tales como el combate del narcotráfico, patrullaje conjunto, resguardo de fronteras y comercio. Aunque ellos lo nieguen, Panamá sigue enclavada en una zona de gran interés para sus intereses, de lo cual podemos los panameños sacar propio provecho.
Como consecuencia, la delincuencia es asfixiante, el desempleo ronda el 14%, la pobreza se ubica oficialmente en 35%. Y fuera de las cifras, es fácil observar que aumenta la mendicidad callejera, los crímenes, los vendedores en semáforos, los niños vagabundos, los piedreros y abandonados en cloacas y otros rincones inimaginables.
No obstante lo anterior, nos permitimos rescatar nuestra visión optimista de inicios de año, aquella que hacía descansar en la dinámica del sector privado el rescate del país, pese a la incapacidad y limitaciones de la actual administración, que parece no tener remedio cuando restan todavía tres largos años de mandato.
Si pasamos ligero inventario de los aspectos que Panamá tiene a su favor, por mencionar los más notorios, hallaremos el fundamento para una cautelosa actitud positiva. Así por ejemplo, tenemos el Canal, el centro bancario, el complejo portuario, el naciente turismo, la Zona Libre, las áreas revertidas, y la posibilidad siempre presente de cimentar una relación especial con Estados Unidos.
El Canal requiere de una pronta modernización que indudablemente traerá inversiones a mediano y largo plazo. Eso, por sí solo, en un país tan pequeño, es garantía de prosperidad. El centro bancario, por su parte, aún bajo los embates de la competencia extranjera y su puesta al día en tiempos de globalización, continuará siendo un puntal importante, con mejores perspectivas una vez se haya modernizado.
Bajo el gobierno de Pérez Balladares se sentaron las bases para dotar al país de los puertos más modernos del continente, situados en un área envidiable, de interconexión del comercio intercontinental. Eso es hoy una hermosa realidad, de la que ya estamos sacando creciente partido.
El turismo de cruceros, el de playa Farallón y el hotelero de Gatún y Amador, es otra promesa hecha realidad, que está creciendo y generando empleos. La Zona Libre de Colón igual, adaptándose a su nuevo papel de centro de redistribución e intercambio internacional de mercancías. A ellas se suma el inicio de la construcción del complejo intermodal de France Field, que incluye un nuevo aeropuerto internacional, en Colón.
Por otro lado, aun con su lento desarrollo, las áreas revertidas son un gigantesco activo que en cualquier momento va a despegar y traernos prosperidad en términos de nuevas inversiones.
Por último, siempre será posible estructurar unas nuevas, estrechas y modernas relaciones con Estados Unidos, en áreas tales como el combate del narcotráfico, patrullaje conjunto, resguardo de fronteras y comercio. Aunque ellos lo nieguen, Panamá sigue enclavada en una zona de gran interés para sus intereses, de lo cual podemos los panameños sacar propio provecho.