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Haciendo el ridículo


Las nimiedades que han llenado los titulares de los últimos días relativas a la compra de un yate millonario y a adquisiciones anteriores de motocicleta y carro deportivo son eso: nimiedades. Ahora bien, quizás el que recibe tanta prensa lo tenía todo orquestado. Después de todo, a los politiqueros les gusta monopolizar la prensa. Sin embargo, no resulta nimiedad, sino ridiculez, que para enfatizar todavía más el hecho de que se es multimillonario, se ofrezca reflotar un helicóptero de ingrata recordación nacional. Y digo ridiculez porque si no cumple su ofrecimiento, por la razón que sea, quedará en eso, en ridículo. Algunos creen que en adición se podrán "reflotar" los casos
privatizadores de la electricidad y la telefonía, del Corredor Sur y hasta del Puente Van Dam. Están equivocados, por no decir que están más locos que una cabra.
Muchos no descartan que el autopublicitado millonario quiera seguir mangoneando nuestra política tras bastidores y sospechan que está preparando el camino para su vuelta al ruedo para llegar a la primera magistratura del país. Y, quién sabe, yo no pretendo saberlo, pero a lo mejor hasta el ridículo sirve para adueñarse de los titulares. A lo mejor lo tiene fríamente calculado.
Ahora bien, no es ninguna ridiculez aspirar a ser "elegido" presidente de nuevo. Los ejemplos que pueden compararse los presenta la historia, y muy reciente. Hugo Bánzer fue electo presidente a pesar de su pasado autocrático. Daniel Ortega ha estado cerca de lograrlo. Nadie sospechó que el pueblo eligiera a Chávez en Venezuela dada su fama de Castro redivivo. Y de éste no hemos oído lo último.
A más de cuarenta años de haber subido al poder, cuando Batista se retiró, Castro vino a una cumbre presidencial en Panamá y escenificó o plantó, como sea, un acto ridículo acerca de un presunto terrorista octogenario que supuestamente planeaba asesinarlo. Lo triste fue que varios supuestos "líderes" fueron a hacerle barra en nuestra Universidad de Panamá, con el aparente apoyo de los "dirigentes administrativos" universitarios. Hicieron el ridículo. Por suerte ya eso pasó, pero nadie debe olvidarlo. ¡Cómo extrañamos a los doctores Octavio Méndez Pereira y Jaime de la Guardia!
Todo esto merece la pena recordarse a cada instante. Los panameños fuimos muy dados a criticar dictaduras cruentas como las de Trujillo, Somoza y compañía. No creíamos que lo mismo era posible en nuestro país. Hete aquí que nuestra historia cuenta ya con unos 26 años de dictadura, con el prefijo narco. De modo que es improbable -quisiéramos poder decir imposible- que voto a voto elijamos a un ex dictador. Sin embargo, ello ha sucedido en otras latitudes y aquí ya elegimos un seguidor de la narcodictadura en 1994.
Vivimos una era aterrorizante. Lo que hacían los narcófilos, lo hacen ahora los antiguos civilistas. No existen verdaderos líderes, dirigentes, que estén dispuestos a dejar los yerros de antes y después de la dictadura. Nadie quiere renunciar a sus prebendas. La prueba está que ningún político, de los sinvergüenzas, que son mayoría, habla de una nueva constituyente o de eliminar la revocatoria de mandato. Viéndolo bien, la Presidenta Moscoso deberá ser recordada positivamente por haber impulsado el trabajo de la Comisión de la Verdad (que deberá presentar resultados claros) e impulsado la eliminación de las partidas circuitales.
Comencé este guacho pensando en el ridículo a que se exponen algunos miembros de nuestra fauna politiquera. Pero debo confesar, caro lector, que tengo terror que la mayoría de los panameños cometamos errores garrafales que permitan que dictadores o pichones de dictadores nos gobiernen una y otra vez. Eso sí sería hacer el ridículo. Ojalá mis palabras no caigan en saco roto.

101 años de Panamá América

 
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