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Hacinamiento


Nuestras cárceles no estarían tan dantescamente hacinadas si muchos de los que las ocupan hubieran tenido en su niñez buena educación cívica.

No podemos esperar de un adulto a quien no se le inculcaron, durante, su niñez sentimientos de amor a la patria y a la familia, el respeto a la ley y al derecho ajeno, el valor de la integridad y que tenga escrúpulos en sus actuaciones en el curso de su existencia. En síntesis, precisa sembrar en ellos, desde tierna edad, los altos principios de la ética y del cumplimiento del deber. Toda semilla bien sembrada, arraigará y germinará para convertirse en esplendoroso árbol que dará frutos y ofrecerá sombra al fatigado caminante para descansar y recuperar energía.

Todo lo que se inculca en tierna edad, permanece. Por tanto, tenemos que forjar en los niños de hoy los hombres del mañana con mente sana generoso corazón y conciencia limpia. Tal es el principal deber que tenemos los adultos hoy.

Para los descarriados que causaron daños a la sociedad y por ello fueron condenados a purgar pena en la cárcel, tenemos que establecer un sensato programa para rehabilitarlos y reinsertarlos en la sociedad, pero sin más discursos. Estos ya sobran. Lo que falta es acción. Mientras no exista uno a más centros debidamente establecidos para esa tarea, estaremos perdiendo el tiempo sin resultados.

"Renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso". Simón Bolívar.

101 años de Panamá América

 
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