Hagamos las preguntas correctas
El presente torneo electoral puede pasar a la Historia como uno de los más aburridos que hayamos tenido. Aunque, pensándolo bien, estoy seguro que otros momentos y otras campañas se llevarán este título. No obstante, de que está aburrido, lo está. Y peor aún, en vez de caracterizarse por un debate serio e inteligente, parece ser que como los candidatos no tienen nada constructivo que decir, la ofensa al contrincante toma el lugar de la propuesta constructiva.
Ahora bien, hasta ahora sólo hemos descrito el fenómeno. La pregunta obvia sería, ¿por qué está aburrida la campaña electoral? Voy a tratar de aproximar una respuesta. Todos los candidatos destacan los mismos problemas que tiene el país, y a diferencia de otras campañas electorales, todos ellos parecen apuntar hacia las mismas soluciones. Resultado: una cacofonía y monotonía total. La propaganda electoral se utiliza para generar sentimientos de adhesión hacia uno u otro candidato, nunca para "pensar" que la propuesta de un candidato es mejor o diferente a la del otro. Y cuando la propaganda se utiliza para diferenciar a los candidatos, tal diferenciación se fundamenta en la descalificación del contrincante.
Esta monotonía o encuentro de lugares comunes en los programas de gobierno y la apelación al "sentimiento del elector" a través de la propaganda, no le permiten al ciudadano de a pie hacer un verdadero análisis sobre las diferencias en las propuestas electorales, que vaya más allá del carisma del candidato o del "appeal" de su oferta política. Nos toca a nosotros, pues, escudriñar para encontrar esas verdaderas diferencias, para entonces, poder formarnos juicios comparativos sobre las ofertas de gobierno.
¿Se acuerdan que dije que los candidatos "parecen" apuntar hacia las mismas soluciones? Como ciudadanos nos toca develar las apariencias de las realidades para que surjan las verdaderas propuestas, las que están hechas de intereses, de ideologías, de avances y de regresiones. Un candidato en particular no siempre "avanza" en todas las áreas en las que propone. Un candidato en particular tampoco siempre "retrocede" en todas las áreas en las que propone.
Los orientales sostienen que más importante que las respuestas, son las preguntas. Le sugiero al lector que conteste el cuestionario que presento a su consideración, para que se dé cuenta cómo se le hacen realidad, los intereses, las ideologías, los distintos caminos, los avances y los retrocesos de cada candidato. Advierto, además, que lo que para un lector puede significar avance, para otro es retroceso. Todo dependerá del prisma de la valoración que cada cual aplique a las propuestas. Si por lo menos, este ejercicio sirve para darnos cuenta de que existen diferencias reales y profundas entre cada propuesta, habrá cumplido con su objetivo. Veamos:
1. Su candidato: ¿está a favor de cambios constitucionales profundos que desarrollen aún más nuestro sistema democrático de gobierno, o, en cambio, prefiere cambios cosméticos e insuficientes, que en realidad, no cambien nada?
2. Su candidato: ¿tiene un compromiso real con la lucha contra la corrupción, o uno debe entender en la realidad, que de llegar él al poder se mantendrá el mismo desgobierno?
3. Su candidato: ¿favorece la apertura comercial o el proteccionismo industrial o agropecuario?
4. Su candidato: ¿está dispuesto a promover la educación o está de acuerdo con el trabajo infantil?
5. Para su candidato: ¿lo importante en materia de salud es que se garantice la salud para todos o está favor de la privatización de los servicios de salud, a favor de quienes pueden pagarlo?
6. Para su candidato: ¿es importante la ampliación del Canal para que transiten los post-Panamax, o favorece el status quo que hará inoperante el Canal en unos cuantos años?
7. Su candidato: ¿está a favor de la competitividad para abaratar precios y garantizar calidad o se manifiesta a favor del monopolio, que controla los precios y ofrece baja calidad?
8. Su candidato: ¿está a favor del manejo gerencial para asegurar eficiencia, o prefiere el manejo burocrático para garantizar las botellas?
9. Su candidato: ¿está de acuerdo en ofrecer iguales garantías para promover y equiparar la inversión extranjera a la inversión nacional, o prefiere estimular la no utilización de los recursos financieros?
10. Su candidato: ¿está a favor de la responsabilidad internacional y del ajuste fiscal, o en cambio, prefiere el gasto irresponsable por encima de los ingresos del Estado?
11. Su candidato: ¿está a favor del desarrollo de un sentido de responsabilidad social en los medios de comunicación social, o, en cambio, prefiere la exaltación del hedonismo, como si fuera el máximo valor de la cultura occidental?
12. Su candidato: ¿tiene una visión de la informalidad económica como una alternativa del desarrollo, o, en cambio, para él la informalidad económica es parte del problema económico?
13. Su candidato: ¿está a favor de una política fiscal que permita al Estado hacer lo más posible con lo menos posible, o promueve una política en la que el Estado sustraiga del consumidor la liquidez que debe estar en sus manos?
14. Su candidato: ¿cree en un Estado pequeño, eficiente, que se preocupe por la educación, la salud, el empleo y la vivienda para las clases bajas, o su candidato prefiere un Estado troglodita, cuyo tamaño sea parte del problema y no parte de la solución?
Le advierto de antemano al lector, que la respuesta a estas preguntas difícilmente las encontrará en los programas de gobierno de los candidatos o en lo que los candidatos dicen que harán por nosotros. Si el lector se quiere engañar, conteste el cuestionario, atendiendo a lo que el candidato de su elección dice que va a hacer. Si, en cambio, quiere tener una aproximación a la posición de su candidato en relación con estas preguntas, escudriñe en su ideología, en que sector económico del país lo apoya, en qué sector del partido o partidos políticos que lo postulan se sustenta, en su trayectoria personal, y en sus intereses personales.
El lector no debe olvidar que cada candidato es la suma de unos intereses, una ideología, una plataforma política, unos avances en unas áreas, otros retrocesos en otras. Y esto es perfectamente legítimo y deseable en una democracia en la que Carlos Alberto Montaner definió el bien común como la yuxtaposición y contraposición de los distintos intereses sociales. Cuando le hayamos quitado el antifaz a los candidatos, y los develemos por lo que realmente son, encontraremos sus diferencias, y la naturaleza de cada una de las propuestas. Y comprobaremos que, lejos de parecerse, ofrecen visiones muy distintas de un mismo país. Sólo después podremos votar, a conciencia.
Ahora bien, hasta ahora sólo hemos descrito el fenómeno. La pregunta obvia sería, ¿por qué está aburrida la campaña electoral? Voy a tratar de aproximar una respuesta. Todos los candidatos destacan los mismos problemas que tiene el país, y a diferencia de otras campañas electorales, todos ellos parecen apuntar hacia las mismas soluciones. Resultado: una cacofonía y monotonía total. La propaganda electoral se utiliza para generar sentimientos de adhesión hacia uno u otro candidato, nunca para "pensar" que la propuesta de un candidato es mejor o diferente a la del otro. Y cuando la propaganda se utiliza para diferenciar a los candidatos, tal diferenciación se fundamenta en la descalificación del contrincante.
Esta monotonía o encuentro de lugares comunes en los programas de gobierno y la apelación al "sentimiento del elector" a través de la propaganda, no le permiten al ciudadano de a pie hacer un verdadero análisis sobre las diferencias en las propuestas electorales, que vaya más allá del carisma del candidato o del "appeal" de su oferta política. Nos toca a nosotros, pues, escudriñar para encontrar esas verdaderas diferencias, para entonces, poder formarnos juicios comparativos sobre las ofertas de gobierno.
¿Se acuerdan que dije que los candidatos "parecen" apuntar hacia las mismas soluciones? Como ciudadanos nos toca develar las apariencias de las realidades para que surjan las verdaderas propuestas, las que están hechas de intereses, de ideologías, de avances y de regresiones. Un candidato en particular no siempre "avanza" en todas las áreas en las que propone. Un candidato en particular tampoco siempre "retrocede" en todas las áreas en las que propone.
Los orientales sostienen que más importante que las respuestas, son las preguntas. Le sugiero al lector que conteste el cuestionario que presento a su consideración, para que se dé cuenta cómo se le hacen realidad, los intereses, las ideologías, los distintos caminos, los avances y los retrocesos de cada candidato. Advierto, además, que lo que para un lector puede significar avance, para otro es retroceso. Todo dependerá del prisma de la valoración que cada cual aplique a las propuestas. Si por lo menos, este ejercicio sirve para darnos cuenta de que existen diferencias reales y profundas entre cada propuesta, habrá cumplido con su objetivo. Veamos:
1. Su candidato: ¿está a favor de cambios constitucionales profundos que desarrollen aún más nuestro sistema democrático de gobierno, o, en cambio, prefiere cambios cosméticos e insuficientes, que en realidad, no cambien nada?
2. Su candidato: ¿tiene un compromiso real con la lucha contra la corrupción, o uno debe entender en la realidad, que de llegar él al poder se mantendrá el mismo desgobierno?
3. Su candidato: ¿favorece la apertura comercial o el proteccionismo industrial o agropecuario?
4. Su candidato: ¿está dispuesto a promover la educación o está de acuerdo con el trabajo infantil?
5. Para su candidato: ¿lo importante en materia de salud es que se garantice la salud para todos o está favor de la privatización de los servicios de salud, a favor de quienes pueden pagarlo?
6. Para su candidato: ¿es importante la ampliación del Canal para que transiten los post-Panamax, o favorece el status quo que hará inoperante el Canal en unos cuantos años?
7. Su candidato: ¿está a favor de la competitividad para abaratar precios y garantizar calidad o se manifiesta a favor del monopolio, que controla los precios y ofrece baja calidad?
8. Su candidato: ¿está a favor del manejo gerencial para asegurar eficiencia, o prefiere el manejo burocrático para garantizar las botellas?
9. Su candidato: ¿está de acuerdo en ofrecer iguales garantías para promover y equiparar la inversión extranjera a la inversión nacional, o prefiere estimular la no utilización de los recursos financieros?
10. Su candidato: ¿está a favor de la responsabilidad internacional y del ajuste fiscal, o en cambio, prefiere el gasto irresponsable por encima de los ingresos del Estado?
11. Su candidato: ¿está a favor del desarrollo de un sentido de responsabilidad social en los medios de comunicación social, o, en cambio, prefiere la exaltación del hedonismo, como si fuera el máximo valor de la cultura occidental?
12. Su candidato: ¿tiene una visión de la informalidad económica como una alternativa del desarrollo, o, en cambio, para él la informalidad económica es parte del problema económico?
13. Su candidato: ¿está a favor de una política fiscal que permita al Estado hacer lo más posible con lo menos posible, o promueve una política en la que el Estado sustraiga del consumidor la liquidez que debe estar en sus manos?
14. Su candidato: ¿cree en un Estado pequeño, eficiente, que se preocupe por la educación, la salud, el empleo y la vivienda para las clases bajas, o su candidato prefiere un Estado troglodita, cuyo tamaño sea parte del problema y no parte de la solución?
Le advierto de antemano al lector, que la respuesta a estas preguntas difícilmente las encontrará en los programas de gobierno de los candidatos o en lo que los candidatos dicen que harán por nosotros. Si el lector se quiere engañar, conteste el cuestionario, atendiendo a lo que el candidato de su elección dice que va a hacer. Si, en cambio, quiere tener una aproximación a la posición de su candidato en relación con estas preguntas, escudriñe en su ideología, en que sector económico del país lo apoya, en qué sector del partido o partidos políticos que lo postulan se sustenta, en su trayectoria personal, y en sus intereses personales.
El lector no debe olvidar que cada candidato es la suma de unos intereses, una ideología, una plataforma política, unos avances en unas áreas, otros retrocesos en otras. Y esto es perfectamente legítimo y deseable en una democracia en la que Carlos Alberto Montaner definió el bien común como la yuxtaposición y contraposición de los distintos intereses sociales. Cuando le hayamos quitado el antifaz a los candidatos, y los develemos por lo que realmente son, encontraremos sus diferencias, y la naturaleza de cada una de las propuestas. Y comprobaremos que, lejos de parecerse, ofrecen visiones muy distintas de un mismo país. Sólo después podremos votar, a conciencia.