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Hagamos una pausa


Jamás había vivido, saboreado y admirado la primavera. El primer lugar que me regaló ese placer de una manera tan gentil fue Bratislava, parte de la antigua Checoslovaquia. Lo hizo uniendo su sangre con la mía, de tal manera, que toda la naturaleza a mi alrededor sonreía conmigo.
Me saludaron los tulipanes, las hortencias, los lirios, sus verdes praderas colmadas de florecitas amarillas silvestres, los pensamientos y los árboles vestidos de flores blancas, rosadas y celestes que yo tocaba para ver si eran reales o imaginación mía.
En la carretera de Bratislava hasta Budapest, observé un puente elevado, sembrado en ambos lados con platas en flor. A lo mejor parecía más bien un pote largo, muy largo, que en mi imaginación parecía gritar "es primavera, celebrémoslo".
Impresionante me pareció Praga, capital de la República Checa. Su belleza escultural retrocede siglos pero avanza en el futuro. Es un país donde el arte se agigante con exquisita belleza en todas las plazas, en la aéreas y en las calles. Ahí el tiempo no se detuvo; viajó por siglos por venir y hoy el mundo entero se embelesa ante tanta destreza, de ahí que el mayor número de turistas lo palpé en ese país en mi recorrido por Europa. Sentí que en Praga, el presente, el pasado y el futuro se conjugan en un solo tiempo.
Viena, Austria, es un placentero lugar para vivir. Todo está tan bien trazado que el sistema de transporte es una maravilla. Desde las 5 a.m. hasta las 11 a.m. el mismo está libre para ese fin. De las 11 a.m. hasta las 6 p.m. las principales plazas se convierten en paseos peatonales y el comercio se convierte en una minita de oro. Viena tiene un porte distinguido y sumamente agradable. Reúne de una manera armoniosa su vegetación, su gente y su cultura.
Estuve cuatro días en París, todos lluviosos, pero hay tanto que ver que con un buen capote las horas se deslizan con gusto y placer. Nos recibió múltiples hileras de flores frescas a la venta, ocupando un trecho larguísimo.
Para mí esto era suficiente, pero al resto del grupo les interesaba mucho, pero mucho más, los museos, la plaza concordia, la de la Bastilla, el palacio de la ópera, el Panteón donde están enterrados Voltaire, Rousseau, Zola. Los Curies, etc., la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, la Catedral Norte Dame, y otros monumentos que por escasez de espacio no menciono, pero que son dignos de admirar y retener con la mente para siempre.
Mi memoria se agiganta cuando piso España. No quiero olvidar nada; quiero percibirlo todo. ¿Será el idioma? ¿Será por comunión espiritual con su gente? ¡En Madrid, no se sabe qué admirar más! ¿La majestuosidad de sus edificios? ¿El trazado de sus calles? ¿Los almacenes modernos? ¿Las librerías de cinco pisos donde todo está electrónicamente calculado?
No nos detenemos aquí. Debemos conocer más de la Madre Patria y seguimos a Granada donde las rosas grandísimas parecen silvestres.
Al este se alza sobre una colina "La Alhambra", el más hermoso y mejor conservado palacio árabe medieval del mundo; una serie de construcciones que datan desde 1333/1391.
Le sigue Segovia, patrimonio de la humanidad con su Alcazar, residencia de los reyes católicos. Seguimos a Toledo, una ciudad amurallada que se conserva como lo fue siempre. ¡Casi se me termina el espacio!
Dejo para el final a Barcelona. Lo condenso diciendo que si me dieran a escoger otra ciudad donde vivir ella sería la predilecta. Impacta la Iglesia de la Sagrada Familia, una filigrama hecha construcción que data desde 1880 y aún no está terminada. Barcelona es moderna rodeada de parques y restaurantes de toda clase. Ahí con lluvia o con un sol radiante también se disfruta la primavera y decirle adiós duele. Gracias Pilli, gracias Tochy por conducir esta gira.

101 años de Panamá América

 
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