Haití grita herida de muerte
Nadie sabe con exactitud la magnitud de la tragedia que están viviendo actualmente los haitianos -desde el pasado martes-, luego de que la tierra enfurecida arrasara con todo lo que estaba en pie en ese frágil país. El terremoto ha dejado literalmente en escombros la capital haitiana, Puerto Príncipe, donde el sismo se sintió con particular fuerza por hallarse muy cerca del epicentro. Los testimonios narran escalofriantes historias de cientos, tal vez miles de cadáveres, amontonados en sus calles y al borde de desatar una epidemia. “Se oyen gritos desesperados bajo los escombros”, dicen los testigos. Se escarba con las manos para auxiliar a los sobrevivientes entre los miles de edificios derrumbados. El presidente de Haití, René Préval, describe lo ocurrido sencillamente así: “Es absolutamente inimaginable”, dijo en una entrevista a un medio norteamericano. Y tiene razón el presidente Préval, es increíble el cúmulo de historias escalofriantes que han empezado a surgir en Haití tras los primeros días de la tragedia.
Mientras tanto, el pueblo de ese hermano país clama por la ayuda internacional, la única posible para aliviar su dolor y para no condenar a muerte a los 3 millones de damnificados que ha dejado el terremoto. Los panameños debemos organizarnos para sumarnos a la ayuda internacional, que seguramente será insuficiente, pues se trata de un país que ya se hallaba, mucho antes del terremoto, en la sombra del olvido perverso que asola a las naciones pobres de América.