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Hammurabi en Nueva York


Una desconcertante simetría aproxima y repele al mismo tiempo a la más antigua y a la más moderna de las civilizaciones. Los móviles de la discordia son ambiguos, brumosos, inciertos. Petróleo, crisis económica, miedo, imperialismo, no satisfacen la racionalidad. Irak no es el primer productor mundial de hidrocarburos. Estados Unidos no soluciona sino agrava su crisis económica sólo con las advertencias de la conflagración. Lo que sería un insólito ejercicio de imperialismo, ha sacado a la superficie las grietas que carcomen la unidad aparente de las potencias occidentales.
San Agustín desdeñó el realismo geopolítico de Grecia y Roma, y apeló al designio de la Providencia para profetizar la civita dei, la ciudad ideal buscada por el hombre. Oswald Spengler sostuvo que había que indagar en los pueblos mágicos - árabes y judíos - si se quería encontrar las causas de la decadencia de Occidente. ¿En dónde reside, entonces, la raíz del antagonismo entre estas dos culturas antinómicas por naturaleza? ¿Por qué Irak y Estados Unidos, ubicados en las antípodas geográficas y culturales, están a un tris de enfrentarse, arrastrando al mundo a los límites de su supervivencia?
Existe, acaso, una suerte como de magnetismo cósmico y fatal que los lleva ciegamente a la confrontación como si se tratara de una pugna secreta entre lo viejo y lo nuevo, entre lo tradicional, que es lo perdurable, y la modernidad, que es voluble y efímera.
Mutatis mutandi, sin embargo, se pueden descifrar paralelismos asombrosos entre la primera civilización fundada en las riberas del Tigris y el Eufrates, y la moderna civilización bañada también por ríos como el cenagoso Mississippi.
Las sociedades mesopotámicas construyeron modelos de sociedad entre 2.900 y 2.350 A.C. insólitamente modernas, cuya riqueza agrícola y prosperidad comercial permitía el equilibrio entre ciudadanos y Estado. Fue así que las fértiles tierras del circuito fluvial Tigris- Eufrates propiciaron el surgimiento de la primera civilización humana en el Oriente. Hegel asevera que la historia avanza de Oriente a Occidente.
Las sociedades mesopotámicas se sustentaban en importantes características económicas y sociales, a saber, una economía agraria basada en una avanzada tecnología hidráulica de canales, diques, acueductos, desagües; una estructura comercial moderna, si es que puede aplicarse el concepto de modernidad a la primera civilización, sostenida por una intrincada red de servicios financieros para comercio interno y externo, con socios capitalistas, y agentes vendedores, además de una innúmera variedad de transacciones comerciales e instituciones jurídicas para formalizarlas; un sistema de gobierno secular- religioso de inspiración teológica y de proyección militarista, producto de alianzas entre monarcas, terratenientes y comerciantes; y un ascendente proceso de urbanización que se expresó en la construcción de ciudades importantes, como núcleos de poder político y económico, verbi gratia, Ur, Nínive, Babilonia, que tipificaron tempranos modelos de ciudades- estados.
Para una comprensión adecuada del proceso cultural e ideológico de la sociedad mesopotámica es menester distinguir, en primer término, que no se trata de una sino varias sociedades o reinos mesopotámicos, a partir de los sumerios; en segundo término, debemos señalar que los puntos de afirmación y colisión constituyen una dialéctica histórica que se peculiariza por sucesiones de conquistas, fusiones y reconstrucciones de nuevos reinos sobre las piedras de viejos reinos. La vasta complejidad de estas sociedades se descubrió recién en el siglo XX, merced al hallazgo de miles de tablillas de arcilla que datan de la época sumeria. Hay muchas tablillas por descifrar en museos de Estambul, Filadelfia, Bagdad, Londres, París. Existen traducciones de textos antiguos de escritura cuneiforme. La mayoría procede de la gran biblioteca de Arsubanípal en Nínive, monarca que reinó entre 669- 630 A.C.
Curiosamente, arqueólogos norteamericanos, alrededor de 1899, descubrieron una tablilla muy deteriorada que contiene preceptos legales dictados por Urnammu (2112- 2095 circa) , reputado como el primer legislador de la humanidad.
El Código de Hammurabi fue hallado en territorio de Irán por una misión arqueológica francesa a principios del siglo XX. En conjunto, la legislación mesopotámica reúne textos sumerios, textos acadios, textos asirios, los kudurrus cassitas, textos neobabilónicos, textos hurritos, textos hititas y barruntos de derecho hebreo.
Tengamos presente en el asombroso paralelismo que Estados Unidos se formó sobre la base de conquistas territoriales de los países vecinos -California, Texas- y de adquisiciones de otros territorios -Louisiana de Francia, Florida de España, Alaska de la Rusia zarista, Hawai y las islas adyacentes del Pacífico Sur.
¿Nueva York es Babilonia? ¿Los Angeles es Nínive? ¿Ur se recreó en Washington? El poderío que lanzó a los sumerios y asirio- babilónicos a la conquista de aquel antiguo mundo, ¿no se repite en el actual militarismo unipolar de Estados Unidos? ¿Sadam Hussein es uno de los déspotas descritos en el poema mítico "Descenso de Ishtar a los infiernos"? ¿Qué gobernante mesopotámico se repite en el irreflexivo George W. Bush?
No se ha hallado todavía la tablilla de arcilla en la que con geométrica escritura cuneiforme se profetiza el choque entre la vieja y la nueva Babilonia. ¡Dios sabe en su magnífica omnipotencia que esa tablilla existe!
Por su parte, Abdiel xxxx, biólogo explicó que los impactos ambientales deben ser evaluados desde varios ángulos y en este caso se han exceptuado los aspectos de biodiversidad y ecosistemas, "simplemente se han dejado por fuera".
Ambos investigadores coincidieron en que el camino ecológico eliminaría el hábitat del quetzal puesto que esta ave anida en árboles muertos con madera muy suave por la contextura de su pico. "Allí especies de flora y fauna que no se pueden reproducir en otro sitio".
"La experiencia es que donde se desarrollan carreteras el hombre va impactando sensitivamente", añadió Gómez. Son estas razones suficientes para defender la "Alternativa Sur", aseguró su presidente, Edidio Bonilla, sobre todo porque se beneficiarían directamente 12 comunidades productivas de cinco distritos.
Porfirio Villarreal, quien fue alcalde del distrito de Bugaba en 1970, mostró su rechazo rotundo al camino ecológico a través del Sendero de Los Quetzales. Durante su periodo fue testigo del sentir popular en contra de una construcción de este tipo. "Se atentaría contra una valiosa fuente hidrográfica de Chiriquí y sobre todo contra una zona de gran potencial turístico", manifestó.
Las palabras de Villarreal fueron respaldadas de inmediato por Ezequiel Miranda, un morador opuesto a la carretera. "Qué pasará en unos años si toda la vegetación y la vida misma de este lugar se destruye", cuestionó.
"No nos oponemos a una carretera, sino a una que atraviese el sendero. Es por eso que sugerimos la Alternativa Sur", aclaró. El debate está ahora en su punto máximo. De ambos lados la lucha acalorada parece ser ahora personal; los del sí contra los del no.

101 años de Panamá América

 
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