Hartazgo por la inseguridad
Una golondrina no hace verano. El Jefe de la Policía Nacional, Rolando Mirones, ha hecho detener a una docena de cabecillas de bandas, al tiempo que anunciaba que "caerán todos", basando su ofensiva en la ley anti pandillas. Eso está bien, pero de nada vale si, al poco tiempo, los mismos criminales están de regreso a las calles por mandato judicial o falta de pruebas.
Hace poco, en plena vía pública, a la salida del concierto de Marc Anthony, por poco queda atrapada la primera dama de la Nación, Vivian de Torrijos, en medio de un tiroteo en el que una banda cobró la vida a un supuesto involucrado en tumbes de droga, sin importar los miles de asistentes al evento que, en esos precisos momentos inundaban el lugar, en busca de transporte.
La inseguridad tocó esa vez las puertas mismas de la Presidencia de la República.
Se requiere de un esfuerzo concertado de los distintos organismos encargados de la seguridad, incluyendo a los jueces, funcionarios del Ministerio Público, del Sistema Penitenciario, de la DEA y la Policía. No basta con que uno o más de dichos estamentos se involucre en una estrategia de seguridad nacional y ciudadana, el delito se ha globalizado y cuenta ahora con recursos infinitos frente a un Estado débil y una ciudadanía inerme.
Ni siquiera los programas de prevención por sí solos solucionarán el problema, si no van precedidos de una alta dosis de inteligencia, fuerza y coraje. Si no la hay disponible en el país, contratémosla en el extranjero. La seguridad no es negocio de aficionados ni de improvisados.