¡Hasta cuándo!
Existe en Panamá un grupo radical de extrema izquierda que, afortunadamente, es muy pequeño, pero que hace mucho ruido.
En ese grupo, que sistemáticamente se opone a todas las cosas, sus dirigentes no han utilizado el argumento de la discusión de las ideas, sino que apelan a la dialéctica de la violencia, atacando con palos y varillas a todo el que difiere de su manera de pensar. La verdad, dicen, es de su absoluta propiedad. Nadie puede tener razón en sus planteamientos y en su acción si no está identificado con ellos.
Ellos han demostrado una intolerancia que los han ido apartando de los pocos seguidores que en sus inicios pudieron haber tenido. No hay más que ver las causas que han respaldado, colocando, por sus exigencias, a la opinión pública en contra de las mismas, aunque ellas sean muy justas. Casos recientes como la Caja de Seguro Social y la huelga de los educadores.
Estos radicales izquierdistas cuentan, eso sí, con dinero, mucho dinero, que son los aportes que con gran sacrificio hacen sus miembros afiliados. Esos dineros, muchos millones, por cierto, los gastan quienes los dirigen, como si fueran propios, sin ningún control y mucho menos rinden a su membresía informes de los mismos.
No ha habido gobierno que se haya atrevido a fiscalizar sus fondos. Los gobiernos, de antes y de ahora, no han actuado como lo señala la ley por el temor que tienen de ser acusados de "persecución política". Con esos antecedentes ellos se sienten que son intocables.
Sólo en la medida que vayan perdiendo el control férreo que ejercen hoy día y sean reemplazados por quienes se sienten marginados en la toma de decisiones, será posible que los ciudadanos conozcan cómo manejaron sus cuantiosos recursos.
En Sur América hay un mandatario también con mucho dinero y bastante deslenguado, que cada vez que mete la mano en asuntos que no son de su incumbencia hace más daño que bien a quienes pretende ayudar. El dinero le resulta un "boomerang".
Los dirigentes del movimiento radical no han comprendido que el panameño es pacifista por naturaleza y que rechaza la violencia por ser él contrario a los extremos tanto de derecha como de izquierda.
En los inicios del régimen militar que asumió el poder el 11 de octubre de 1968, éste orientó sus acciones hacia la extrema izquierda. El populismo fue su característica y lo que se apartaba de su línea ideológica lo consideraban los militares "extranjerizante". Fueron los días en que Blanquita Amaro, popular animadora de televisión, fue obligada a salir del país. Recuerdo muy bien que la Cervecería Nacional sacó una cuña de televisión para uno de sus productos con la actuación del gran cómico "Trespatines" y su "Tremenda Corte", elaborada con gran habilidad por el publicista Tony Fergo. Únicamente pudo salir tres días, porque por orden del Ministerio de Gobierno fue retirada, pues se la consideraban de nefasta influencia foránea. Hasta esos extremos se llegaba en esa época.
Omar Torrijos, con su inteligencia y conocedor de las reacciones humanas y de la psicología popular, fue poco a poco reorientando su pensamiento y su actuar. Dijo una frase que aún hoy día se repite con frecuencia: "Ni con la izquierda, ni con la derecha, con Panamá". El estableció un equilibrio político que le permitió lograr en su lucha por recobrar el Canal de Panamá el apoyo de gobiernos de tendencias ideológicas muy disímiles. Muchos se preguntan: ¿Hasta cuándo insistirá en hacerle daño al país ese pequeño grupo de extremistas que sólo apelan a la violencia como argumento de persuasión?
En ese grupo, que sistemáticamente se opone a todas las cosas, sus dirigentes no han utilizado el argumento de la discusión de las ideas, sino que apelan a la dialéctica de la violencia, atacando con palos y varillas a todo el que difiere de su manera de pensar. La verdad, dicen, es de su absoluta propiedad. Nadie puede tener razón en sus planteamientos y en su acción si no está identificado con ellos.
Ellos han demostrado una intolerancia que los han ido apartando de los pocos seguidores que en sus inicios pudieron haber tenido. No hay más que ver las causas que han respaldado, colocando, por sus exigencias, a la opinión pública en contra de las mismas, aunque ellas sean muy justas. Casos recientes como la Caja de Seguro Social y la huelga de los educadores.
Estos radicales izquierdistas cuentan, eso sí, con dinero, mucho dinero, que son los aportes que con gran sacrificio hacen sus miembros afiliados. Esos dineros, muchos millones, por cierto, los gastan quienes los dirigen, como si fueran propios, sin ningún control y mucho menos rinden a su membresía informes de los mismos.
No ha habido gobierno que se haya atrevido a fiscalizar sus fondos. Los gobiernos, de antes y de ahora, no han actuado como lo señala la ley por el temor que tienen de ser acusados de "persecución política". Con esos antecedentes ellos se sienten que son intocables.
Sólo en la medida que vayan perdiendo el control férreo que ejercen hoy día y sean reemplazados por quienes se sienten marginados en la toma de decisiones, será posible que los ciudadanos conozcan cómo manejaron sus cuantiosos recursos.
En Sur América hay un mandatario también con mucho dinero y bastante deslenguado, que cada vez que mete la mano en asuntos que no son de su incumbencia hace más daño que bien a quienes pretende ayudar. El dinero le resulta un "boomerang".
Los dirigentes del movimiento radical no han comprendido que el panameño es pacifista por naturaleza y que rechaza la violencia por ser él contrario a los extremos tanto de derecha como de izquierda.
En los inicios del régimen militar que asumió el poder el 11 de octubre de 1968, éste orientó sus acciones hacia la extrema izquierda. El populismo fue su característica y lo que se apartaba de su línea ideológica lo consideraban los militares "extranjerizante". Fueron los días en que Blanquita Amaro, popular animadora de televisión, fue obligada a salir del país. Recuerdo muy bien que la Cervecería Nacional sacó una cuña de televisión para uno de sus productos con la actuación del gran cómico "Trespatines" y su "Tremenda Corte", elaborada con gran habilidad por el publicista Tony Fergo. Únicamente pudo salir tres días, porque por orden del Ministerio de Gobierno fue retirada, pues se la consideraban de nefasta influencia foránea. Hasta esos extremos se llegaba en esa época.
Omar Torrijos, con su inteligencia y conocedor de las reacciones humanas y de la psicología popular, fue poco a poco reorientando su pensamiento y su actuar. Dijo una frase que aún hoy día se repite con frecuencia: "Ni con la izquierda, ni con la derecha, con Panamá". El estableció un equilibrio político que le permitió lograr en su lucha por recobrar el Canal de Panamá el apoyo de gobiernos de tendencias ideológicas muy disímiles. Muchos se preguntan: ¿Hasta cuándo insistirá en hacerle daño al país ese pequeño grupo de extremistas que sólo apelan a la violencia como argumento de persuasión?