¿Hasta cuándo el transporte?
La sociedad panameña está cansada de soportar años y años de desprecio y de violación de sus derechos de parte de los que denomino “asesinos del volante”, que representan un grave peligro para la salud física y psíquica de las demás personas que conducen, de los usuarios/as y peatones.
Las cifras estadísticas hablan por sí solas, pues no pasa un solo día que no se produzcan atropellos o accidentes de tránsito en que no estén involucrados conductores de taxis y de autobuses, pues tan sólo en los últimos tres años se han producido 100 personas muertas a manos de los “asesinos del volante”; mientras que de enero a junio del presente año, se han impuesto más de 4,000 boletas por faltas que van desde placas vencidas, a colisión, atropello, fuga, salida de rutas, etc.
Lo lamentable de esta situación es que las autoridades solamente prestan atención o hacen operativos cuando muere una persona a manos de estos conductores irresponsables.
Hace tan sólo dos años el actual gobierno premió a los transportistas con el aumento del pasaje y se le concedieron préstamos por más de 30 millones de balboas, porque supuestamente iban a renovar la flota con nuevos autobuses y a realizar mejoras integrales en el servicio de transporte público. El tiempo pasó y sin embargo nada cambió, pues la irresponsabilidad y el irrespeto de los transportistas a la vida humana, sigue igual o peor que hace 20 años; ellos son los dueños de las vías y no respetan las más elementales reglas de tránsito sobre velocidad, precaución y seguridad. Su lema es “apártate, porque aquí voy yo”.
Durante años, hemos visto también pasar autoridades en la Dirección del Tránsito anunciando que van a terminar con el problema del transporte. Sólo han sido palabras que se las ha llevado el viento, y el actual Director del Tránsito no ha tenido otra alternativa que aceptar su fracaso para solucionar este grave problema, al punto que la propia iglesia católica ha solicitado la renuncia de este funcionario por su incapacidad para resolverlo. Según la opinión de este director, lo que hace falta es reformar la ley; no obstante, este problema no se resuelve con una ley o con reformarla. El problema va mucho más allá de eso. Se requiere transformar de raíz la conciencia de estos desalmados del volante; se requiere voluntad política del Estado para acabar con el caos y el poco importa de los transportistas e incluso, de ser necesario, expropiar la explotación del servicio del transporte hasta que exista una reglamentación clara, precisa y efectiva a la que estén dispuestos a someterse tanto los empresarios transportistas como los conductores.
Los (as) miles de usuarios (as) con derecho exigen un servicio garantizado con eficiencia, rapidez y seguridad, respetuoso de la vida humana, porque no se trata de un favor que se les hace, sino un servicio por el que pagan todos los días.
Las cifras estadísticas hablan por sí solas, pues no pasa un solo día que no se produzcan atropellos o accidentes de tránsito en que no estén involucrados conductores de taxis y de autobuses, pues tan sólo en los últimos tres años se han producido 100 personas muertas a manos de los “asesinos del volante”; mientras que de enero a junio del presente año, se han impuesto más de 4,000 boletas por faltas que van desde placas vencidas, a colisión, atropello, fuga, salida de rutas, etc.
Lo lamentable de esta situación es que las autoridades solamente prestan atención o hacen operativos cuando muere una persona a manos de estos conductores irresponsables.
Hace tan sólo dos años el actual gobierno premió a los transportistas con el aumento del pasaje y se le concedieron préstamos por más de 30 millones de balboas, porque supuestamente iban a renovar la flota con nuevos autobuses y a realizar mejoras integrales en el servicio de transporte público. El tiempo pasó y sin embargo nada cambió, pues la irresponsabilidad y el irrespeto de los transportistas a la vida humana, sigue igual o peor que hace 20 años; ellos son los dueños de las vías y no respetan las más elementales reglas de tránsito sobre velocidad, precaución y seguridad. Su lema es “apártate, porque aquí voy yo”.
Durante años, hemos visto también pasar autoridades en la Dirección del Tránsito anunciando que van a terminar con el problema del transporte. Sólo han sido palabras que se las ha llevado el viento, y el actual Director del Tránsito no ha tenido otra alternativa que aceptar su fracaso para solucionar este grave problema, al punto que la propia iglesia católica ha solicitado la renuncia de este funcionario por su incapacidad para resolverlo. Según la opinión de este director, lo que hace falta es reformar la ley; no obstante, este problema no se resuelve con una ley o con reformarla. El problema va mucho más allá de eso. Se requiere transformar de raíz la conciencia de estos desalmados del volante; se requiere voluntad política del Estado para acabar con el caos y el poco importa de los transportistas e incluso, de ser necesario, expropiar la explotación del servicio del transporte hasta que exista una reglamentación clara, precisa y efectiva a la que estén dispuestos a someterse tanto los empresarios transportistas como los conductores.
Los (as) miles de usuarios (as) con derecho exigen un servicio garantizado con eficiencia, rapidez y seguridad, respetuoso de la vida humana, porque no se trata de un favor que se les hace, sino un servicio por el que pagan todos los días.