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¿Hasta cuándo, Señor?


Con dichas palabras comenzaba la primera lectura de la liturgia de la palabra del domingo pasado. El tono es muy sugestivo. Quizás atrevido de parte de la creatura hablando con su Creador. Y esta lectura la tomaba la Liturgia dominical del capítulo primero del profeta Habacuc.
El primer comentario que se ofrece al leer el texto es ver la actualidad de esas palabras adaptadas a nuestra vida real en nuestra ciudad y República. Habacuc es un profeta menor. Menor no por razón de su tamaño físico, pues nunca lo sabremos en comparación con los profetas mayores. Menor en el sentido de que su obra no es muy extensa como la de aquellos que llamamos profetas mayores como son Jeremías, Isaías, Ezequiel y algunos también enumeran a Daniel.
Lo suelen representar como llevado por los cabellos desde Babilonia, de acuerdo con el capítulo 14 versos 33-y s.s., aun cuando algunos autores no se arriesgan a identificarlo con el profeta; no obstante, el autor afirma que vivía en Judea el profeta Habacuc y da razón el texto que el ángel del Señor le dijo que llevara comida a Babilonia para Daniel que estaba en el foso de los leones. Al responder que jamás había visto a Babilonia ni saber dónde estaba el foso, nos dice. "Pero el ángel del Señor lo tomó por las cabeza y llevándolo de los cabellos lo puso en Babilonia". La creatividad artística lo representa en cuadros de esta manera.
No se sabe de su vida ni de su persona, y el domingo pasado lo tuvimos en la liturgia de la Palabra que, como siempre, es la palabra de Dios adaptada a nuestras circunstancias actuales. Es el primero que se atreve a pedir cuentas a Dios. Desde siglos atrás la fe proclamaba que Yavé hace justicia. Esta justicia, sin embargo, no siempre es clara. Después de muchos que callaron sus dudas, Habacuc es el primero de los escritores de la Biblia que pregunta con osadía: Por qué deja Yavé que triunfe la osadía? ¿Por qué al castigar al opresor, lo reemplaza por otro peor? La respuesta es doble: Yavé guarda el secreto de su manera de gobernar al mundo y solamente pide que nos mantengamos fieles: El justo vivirá por su felicidad. El profeta contempla la gloria de Yavé que juzgará al final.
Escuchemos su reclamo en el capítulo primero. ¿Por qué me haces ver la injusticia? "¿Hasta cuándo, Yavé, te pediré socorro sin que tú me liberes, y te denunciaré que hay violencia sin que tú me liberes? ¿Por qué me obligas a ver la injusticia y te quedas mirando la opresión? Sólo observo robos y atropellos y no hay más que querellas y altercados. La ley está sin fuerza y no salen decretos justos. Como los mavados mandan a los buenos, no se ve más que derecho torcido" (Biblia Latinoamericana)
Yo le encuentro una aplicación actual a lo que sucede en nuestro país. Impera la injusticia. Cuando vemos las calamidades como fueron las últimas inundaciones en barriadas de la periferia y vemos lo que sucede como ocurrió en Mañanitas. Un sacerdote católico observó que en la repartición de la ayuda a los damnificados se estaban aprovechando los que no lo necesitaban. Después de haber corroborado el hecho, hizo la denuncia a la Representante, quien en vez de arreglar la situación, puso al sacerdote contra la comunidad, pues le preguntó a los que se estaban beneficiando ilícitamente en voz alta: "¿Necesitan ustedes de lo que estoy repartiendo?" "Sí", contestó la multitud. El padre Mirope dice que Uds. no tienen necesidad. Preguntó de nuevo, "¿Tiene necesidad o no?" Obviamente todos contestaron que sí. Añadió ella, "lo que pasa es que hay gente mal intencionada que no quiere que le demos esta ayuda. Además esto lo mandó el señor presidente Martín Torrijos, y yo soy la que conozco la necesidad de la comunidad".
Con razón decía el profeta: "Sólo observo robos y atropellos y no hay más que querellas y altercados".
No creo yo que esa actitud de beneficiar en momento de escasez a los vivos, sea una buena muestra del imposible "0 corrupción", ni característica de una patria nueva, porque estos comportamientos son ya muy viejos e incorregibles.

101 años de Panamá América

 
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