Hasta pronto
Hace ya más de quince años que escribo artículos de opinión. Mi intención fue exponer mis inquietudes culturales para generar un debate público en los distintos temas que he tratado de plantear siguiendo una intuición de lo que personalmente creo mereciera ser abordado en esta sociedad nuestra, tan peculiar como insólita.
El progreso del país a lo largo de estos años, en especial a partir de la recuperación de la democracia y con ella, el ejercicio de las libertades individuales y colectivas, ha hecho que la ciudadanía responsable participe más activamente en el manejo de la cosa pública, insertándose como contralor del Estado tanto en organizaciones culturales como en instituciones no gubernamentales, las que han florecido desde entonces convirtiendo la forma de hacer política y a los políticos y administradores públicos, en sujetos del escrutinio público.
Siguiendo a Richard Rorty cuando refiere que: "En las sociedades marginadas, la literatura está obligada a promover la esperanza". He querido plasmar en estos artículos mis inquietudes y mis desvelos y, en alguna que otra ocasión, vivencias personales o preferencias literarias por la simple razón de compartirlos con esa minoría, cada vez más selecta, acostumbrada a leer periódicos con criterio crítico.
Sé que en ocasiones he tocado con demasiada vehemencia de carácter o de estilo, puntos sensibles en temas urticantes, tanto religiosos como políticos y económicos.
Debo confesar con entera sinceridad que el hecho de apartarme de esta columna temporalmente y de este diario al que le guardo un cariño muy especial por haberme permitido compartir un espacio fijo con sus lectores, me obliga a hacer un público reconocimiento a los encargados de la sección Opinión. A Malema, a Isabel y a Alberto les mando desde ésta página un fuerte abrazo y los insto a seguir contribuyendo con la misma eficacia a la formación de una sociedad mejor. Decía que me aparto también por otras razones que nada tienen que ver con este periódico, cuyos directores y administradores jamás me han insinuado o reprochado alguna línea editorial. Insisto, tanto su personal como su reconocida línea periodística no se han apartado un ápice de su lema: me han permitido decir la verdad que otros ocultan.
A mis lectores, un hasta luego, porque estoy seguro que en alguna ocasión saldré nuevamente a la palestra. A quienes pudiera haber confundido les pido comprensión. A quien haya ofendido, aunque esa no haya sido mi intención, le pido disculpas y a quienes mis ideas hayan perturbado en algo las suyas, no puedo menos que pedirles que lo charlemos. No hay café de por medio, que no sirva para aclarar ideas, como tampoco existen malos vinos cuando se disfrutan en compañía de gente amable, con ideas abiertas e interesantes.
Hasta pronto y muchas gracias por lo aprendido y compartido.