¿Hay peligro de una dictadura parlamentaria?
Los resultados de las últimas elecciones le quitaron el sueño a muchos, comenzando por los dirigentes perredianos, quienes no ocultan su disgusto por la baja votación que sus aliados, asociados y asimilados aportaron al abanderado oficialista. Y razón no les falta, pues los otros tres integrantes de la alianza perdedora, juntos, sólo consiguieron un 1/5 de los votos que sacó el PRD.
Como el Papa Egoró se extinguió la alianza oficialista ha quedado reducida, nominalmente, a tres integrantes, aunque dudo mucho que alguien se atreva a apostar por su durabilidad, sobre todo, después de las declaraciones de independencia hechas por los liberales aranguistas y por los solidaristas, en el sentido de que no harán una oposición recalcitrante ni obcecada, o sea, que parecen estar dispuestos a cortar el cordón umbilical que los ha mantenido unidos al PRD.
Según las proclamaciones hechas (algunas están impugnadas), el PRD podría tener hasta 34 legisladores en la próxima asamblea, de manera que su control no es automático ni tan monolítico como algunos piensan.
Además, todavía está pendiente el resultado del venidero congreso del PRD que puede deparar más de una sorpresa, ya que, por los vientos que soplan, tal parece que habrá unas cuantas jubilaciones forzadas e intentos de eliminar el grillete de la revocatoria de mandato.
Hay que pensar que muchos legisladores perredianos, quizá la mayoría, aspiran a liberarse del yugo que les ha impuesto la cúpula del PRD. La posibilidad de que lo logren, como es fácil suponer, aumenta a medida que se acerca la terminación del mandato presidencial del señor Pérez Balladares, porque, como decía mi abuelo: una cosa es con violín y otra con guitarra. O como dijo el caudillo panameñista: policía botao no pone boleta.
Los legisladores pertenecientes a los partidos que fueron aliados del PRD en las pasadas elecciones: liberales aranguistas, solidaristas y papa egoristas, en principio, aportarán a la futura oposición 8 legisladores, pero dudo mucho que únicamente bailen al son que les toque el PRD.
La denominada "tercera fuerza", encabezada por el banquero Vallarino es harina de otro costal. De los partidos que la integraron, sólo subsistió el PDC; los otros pasaron a formar parte del obituario del Tribunal Electoral.
De los 6 legisladores que obtuvo Acción Opositora, 4 salieron por el PDC, pero 2 son ex arnulfistas. Los otros 2 fueron elegidos en la papeleta de Renovación Civilista, pero este partido se extinguió y, por tanto quedarán en libertad para amarrar su caballo donde mejor les parezca.
Así las cosas, lo que podría ocurrir en la Asamblea Legislativa levanta grandes interrogantes.
Mi impresión es que la tortilla puede virársele a los jerarcas del PRD, los actuales o los que surjan del próximo congreso. Muy bien puede resultar que la cúpula partidaria, ahora sin el respaldo del torniquete presidencial, en vez de mandar sobre los legisladores termine siendo mandaba por éstos.
Las cosas son completamente diferentes a lo que ocurrió durante los quinquenios 1989-1994 y 1994-1999. Cuando el PRD fue la oposición al gobierno que presidió Guillermo Endara, solamente contaba con un puñado de legisladores. Durante el gobierno de Pérez Balladares ha contado con mayoría, gracias a sus aliados, pero sus legisladores, los 31 actuales, sabían lo que podía costarles rebelarse o alejarse de la línea presidencial y, además, también sabían que esos aliados estaban conectados directamente al Palacio de las Garzas.
Durante el quinquenio 1999-2004, los legisladores del PRD verán su número incrementado y estarán a sólo 2 votos de la mayoría absoluta. Y, además, su jefe político habrá dejado de ser presidencia.
Este nuevo panorama puede producir algunas alternativas interesantes. Como es lógico esperar, la cúpula del PRD pretenderá controlar la Asamblea, utilizando a los 34 (si ninguna impugnación prospera) legisladores de su bancada. Pero, primero, está por verse, como ya dije, quién controla a quién y, segundo, también está por verse, qué actitud asumen los otros partidos que formaron la alianza Nueva Nación y los 6 legisladores que salieron de Acción Opositora.
Téngase en cuenta, por otra parte, que a muchos legisladores perredistas hubo que torcerles el brazo, para que se cuadraran con los proyectos más controvertidos del actual gobierno y, por tanto, es difícil imaginarlos oponiéndose a las iniciativas de carácter social popular que ha anunciado la nueva Presidenta.
Desde luego, este ejercicio es sobre posibilidades y, por consiguiente, especulativo, pero no creo correr mucho riesgo al afirmar que la cúpula perrediana es quizá la más temerosa de que sus vástagos (los legisladores) agarren la sartén por el mango. Y tampoco corro ningún riesgo al vaticinar que si eso ocurriera, también sería muy difícil que se entronizara una dictadura parlamentaria de la bancada del PRD, porque ese grupo no es monolítico y no cuenta con una mayoría absoluta.
Para una primera aproximación al tema, por hoy lo dejo ahí, pero sin perjuicio de volver a comentarlo, cuando las aguas se aclaren un poco y se produzcan algunas movidas de los involucrados.
Como el Papa Egoró se extinguió la alianza oficialista ha quedado reducida, nominalmente, a tres integrantes, aunque dudo mucho que alguien se atreva a apostar por su durabilidad, sobre todo, después de las declaraciones de independencia hechas por los liberales aranguistas y por los solidaristas, en el sentido de que no harán una oposición recalcitrante ni obcecada, o sea, que parecen estar dispuestos a cortar el cordón umbilical que los ha mantenido unidos al PRD.
Según las proclamaciones hechas (algunas están impugnadas), el PRD podría tener hasta 34 legisladores en la próxima asamblea, de manera que su control no es automático ni tan monolítico como algunos piensan.
Además, todavía está pendiente el resultado del venidero congreso del PRD que puede deparar más de una sorpresa, ya que, por los vientos que soplan, tal parece que habrá unas cuantas jubilaciones forzadas e intentos de eliminar el grillete de la revocatoria de mandato.
Hay que pensar que muchos legisladores perredianos, quizá la mayoría, aspiran a liberarse del yugo que les ha impuesto la cúpula del PRD. La posibilidad de que lo logren, como es fácil suponer, aumenta a medida que se acerca la terminación del mandato presidencial del señor Pérez Balladares, porque, como decía mi abuelo: una cosa es con violín y otra con guitarra. O como dijo el caudillo panameñista: policía botao no pone boleta.
Los legisladores pertenecientes a los partidos que fueron aliados del PRD en las pasadas elecciones: liberales aranguistas, solidaristas y papa egoristas, en principio, aportarán a la futura oposición 8 legisladores, pero dudo mucho que únicamente bailen al son que les toque el PRD.
La denominada "tercera fuerza", encabezada por el banquero Vallarino es harina de otro costal. De los partidos que la integraron, sólo subsistió el PDC; los otros pasaron a formar parte del obituario del Tribunal Electoral.
De los 6 legisladores que obtuvo Acción Opositora, 4 salieron por el PDC, pero 2 son ex arnulfistas. Los otros 2 fueron elegidos en la papeleta de Renovación Civilista, pero este partido se extinguió y, por tanto quedarán en libertad para amarrar su caballo donde mejor les parezca.
Así las cosas, lo que podría ocurrir en la Asamblea Legislativa levanta grandes interrogantes.
Mi impresión es que la tortilla puede virársele a los jerarcas del PRD, los actuales o los que surjan del próximo congreso. Muy bien puede resultar que la cúpula partidaria, ahora sin el respaldo del torniquete presidencial, en vez de mandar sobre los legisladores termine siendo mandaba por éstos.
Las cosas son completamente diferentes a lo que ocurrió durante los quinquenios 1989-1994 y 1994-1999. Cuando el PRD fue la oposición al gobierno que presidió Guillermo Endara, solamente contaba con un puñado de legisladores. Durante el gobierno de Pérez Balladares ha contado con mayoría, gracias a sus aliados, pero sus legisladores, los 31 actuales, sabían lo que podía costarles rebelarse o alejarse de la línea presidencial y, además, también sabían que esos aliados estaban conectados directamente al Palacio de las Garzas.
Durante el quinquenio 1999-2004, los legisladores del PRD verán su número incrementado y estarán a sólo 2 votos de la mayoría absoluta. Y, además, su jefe político habrá dejado de ser presidencia.
Este nuevo panorama puede producir algunas alternativas interesantes. Como es lógico esperar, la cúpula del PRD pretenderá controlar la Asamblea, utilizando a los 34 (si ninguna impugnación prospera) legisladores de su bancada. Pero, primero, está por verse, como ya dije, quién controla a quién y, segundo, también está por verse, qué actitud asumen los otros partidos que formaron la alianza Nueva Nación y los 6 legisladores que salieron de Acción Opositora.
Téngase en cuenta, por otra parte, que a muchos legisladores perredistas hubo que torcerles el brazo, para que se cuadraran con los proyectos más controvertidos del actual gobierno y, por tanto, es difícil imaginarlos oponiéndose a las iniciativas de carácter social popular que ha anunciado la nueva Presidenta.
Desde luego, este ejercicio es sobre posibilidades y, por consiguiente, especulativo, pero no creo correr mucho riesgo al afirmar que la cúpula perrediana es quizá la más temerosa de que sus vástagos (los legisladores) agarren la sartén por el mango. Y tampoco corro ningún riesgo al vaticinar que si eso ocurriera, también sería muy difícil que se entronizara una dictadura parlamentaria de la bancada del PRD, porque ese grupo no es monolítico y no cuenta con una mayoría absoluta.
Para una primera aproximación al tema, por hoy lo dejo ahí, pero sin perjuicio de volver a comentarlo, cuando las aguas se aclaren un poco y se produzcan algunas movidas de los involucrados.