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Hay que aprender a gobernar


Sabemos manejar el Canal de Panamá, pero no sabemos manejar el país. ¡Qué ironía!
Manejar el Canal es como conducir un automóvil o cualquier aparato mecánico. Con palancas y dispositivos eléctricos que hay que activar, funciona. Hasta el más lego, con un poco de habilidad y disposición lo puede hacer. Otra cosa es pasar los barcos por las esclusas y eso lo aprendimos de los norteamericanos, a quienes tanto se odia y que fueron la salvación económica del país por muchos lustros y que hoy nuestra economía resiente su ausencia por lo maltrecha que se encuentra.
Si el mandatario del gobierno pasado hubiese hecho un referéndum para determinar si el pueblo deseaba que se fueran de nuestra nación, la mayoría hubiésemos opinado que no, pero prefirió gastar 13 millones de balboas para que se aprobara su reelección. Así no se hace patria. ¿A quién se perjudicó?. Al pueblo que cada día tiene menos con qué subsistir.
Hagamos un poquito de historia sobre las áreas que nos devolvieron. Desde que se firmó el Tratado Torrijos-Carter nos fueron entregando propiedades que se deterioraron por no haberlas ocupado. Somos tan buenos administradores que preferimos pagar alquileres para oficinas de gobierno, en lugar de hacer uso de lo que nos iba perteneciendo. ¡Ah!, pero debía complacerse a los eternos pelechadores del erario público y qué decir de las viviendas que fueron repartidas entre los favoritos de la dictadura. Recuerdo que entre 1984 a 1989, muchos legisladores eran los preferidos. Había uno de Colón que había pertenecido a la democracia cristiana y que se trasladó al PRD. (Esto no es raro en la mayoría de los políticos si consiguen prebendas) y el individuo de marras recibió seis de las mencionadas viviendas. Sin embargo, al pueblo que necesitaba dónde vivir se les negaba. Esta situación poco ha variado, porque los que tienen palanca siguen consiguiéndolas. Eso es Panamá y así seguirá siendo.
Hoy nos abocamos a situación muy difícil, tanto en lo económico como en lo político. El actual gobierno está plagado de adversarios que le hacen honor al desenvolvimiento del mismo. No hay credibilidad. Todo lo que se criticó del gobierno anterior se ha superado con creces. Se habla de inversiones millonarias que no se realizan. La Presidenta pide que acabemos con el pesimismo, lo cual debiera ser tomado muy en cuenta, pero bajo qué perspectivas podemos ser optimistas si tenemos más de un año de estar esperando tiempos mejores y hoy todos los negocios andan por el suelo. Si tomamos en cuenta que somos un país de servicios con pocas industrias relativamente, ¡qué podemos esperar que nos ayude a subsistir siquiera!
Los despidos que se vienen produciendo y que se producirán agravarán más la maltrecha situación que se vive, aunque un ministro dijo que él no sabe de mala situación. Lógicamente él es millonario y en su mesa no hay limitaciones. Estos colaboradores no le hacen ningún favor a la Presidenta.
Decía mi abuela con mucha sabiduría: "Hay que esperar que San Juan agache el dedo" y así estamos viviendo nosotros... Esperando lo imposible.

101 años de Panamá América

 
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