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Hay que comenzar por el buen ejemplo


En una muy interesante conversación hace unos días con un buen conocido, nos sorprendimos al ver cómo coincidíamos en varios temas sobre la realidad actual, básicamente en el aspecto de la juventud vs delincuencia; así como en cuanto a la pérdida de valores morales, situación de la cual que acuso, directamente, a el gobierno anterior y al actual por los malos ejemplos transmitidos.

Los dos últimos gobiernos, el de la señora Mireya Moscoso y el del señor Martín Torrijos, han hecho un daño irreparable en la juventud naciente de este país, comenzando por sembrar en sus mentes la corrupción ante los hechos registrados de apropiación indebida de bienes y otros, sin consecuencias para las autoridades responsables, y de ellos, que deben ser el ejemplo para todos. En este país no existe una buena percepción de justicia ante esos escándalos debido, en parte, a que nuestra ilustre Corte Suprema de Justicia está llena de políticos amigos de la misma ralea.

Como comentaba hace unos días con mi familia, todo lo que vemos en las noticias es violencia y balacera. Por lo que me pregunto, ¿cómo podemos influir en la juventud para que no siga esos pasos si nuestros gobernantes se encargan de auparlos, además de enseñarles que la educación no es importante, ya que es secundario para ellos darle mantenimiento a sus escuelas? Se suma a ello el robo no aclarado de millones de dólares para ese fin; que de la justicia se puede burlar y cualquier abogado con los contactos correctos puede sacarte de la cárcel; que la salud es lo último en nuestro país; que el Seguro Social es deprimente y, al final, ninguno de los panameños que trabajamos honradamente, y merecemos una vida digna, podemos hacer uso del mismo; no obstante sí tenemos que pagar miles de dólares al gobierno en impuestos para tal fin.

Comentábamos sobre el nuevo servicio 911, que rápidamente funcionarios sin preparación para el tema tomaron la brillante decisión de cargárselo al servicio de Internet del que depende la mayoría de la clase media para que sus hijos se eduquen hoy día, y no se tomaron un momento para decidir que el impuesto se le debe cargar es a las tabacaleras, las empresas licoreras y, en tercer lugar, a bares y cantinas de este país que son los que van a promover, todos los días, el uso de ese sistema por accidentes relacionados con el alcohol.

La clase media está ahogada y las consecuencias no se harán esperar.

Cómo podemos hacer, como dicen algunos, para que los pocos buenos que existimos en Panamá podamos contra los malos, que son mayoría e imponen sus malas prácticas. Bueno, yo diré que, en mi caso, trataré de comenzar por mi hogar y evitar hasta lo último que mi hijo se vea contagiado de esta plaga que parece amenazar nuestro futuro.

101 años de Panamá América

 
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