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Hay que continuar la obra del padre Gallego


El posible hallazgo de los restos del sacerdote Héctor Gallego, muerto y desaparecido hace 28 años, ha traído alivio a los familiares, hermanos, campesinos de Santa Fe y al país en general, ya que permite la realización de nuevas investigaciones por parte de las autoridades corres-pondientes para encontrar la verdad de tantos crímenes ejecutados por la dictadura militar.
Cuando el padre Gallego comenzaba a sembrar la semi-lla del amor, de la unidad del trabajo cooperativo; cuando interesaba a los campesinos en la solución de sus problemas con conciencia e interés comunal, sin temores a los enemigos de la democracia y de la justicia social, se observó un gran malestar en el régimen militar acostumbrado a explotar a los humildes y de inmediato, le dieron el golpe de gracia a tan valioso conductor, eliminándolo para acabar con la obra tan fecunda que llevaba a cabo en beneficio de las clases más necesitadas.
La dictadura con sus ramificaciones a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, no podía permitir que hubiera sacerdotes como Gallego, trabajando por la unidad indes-tructible de los hombres del campo, de los que más necesitaban de una guía para aprender a exigir sus derechos y para tener plena conciencia de su papel en la vida de la comunidad.
Era necesario acallar, sin demora, la palabra cierta del sacerdote, la que movía voluntades hacia la consecución de una patria en donde resplandeciera la verdad y la justicia; era un imperativo de los mi-litares eliminar al hombre que fue bandera contra el atropello y despojo cometido a zonas rurales de Veraguas y de otros puntos de la nación por perso-najes del régimen y por caciques políticos que siempre han explotado las lágrimas y el sudor del pobre.
Muchos años han transcu-rrido desde el momento en que la dictadura eliminó al sacerdote Héctor Gallego, pero el pueblo panameño, sin distingos de ninguna clase, vino luchando, permanentemente, porque se le hiciera justicia al hombre que sacrificara su vida en aras de la felicidad y del bienestar de humildes comunidades de Veraguas.
Después de 28 años de su desaparición y muerte surge la esperanza de que los restos del Padre Gallego hayan aparecido, lo que permite que tanto familiares como defensores de su obra puedan dar cristiana sepultura a quien murió en defensa de los más necesitados.
Creemos que el mejor reconocimiento a la memoria del Padre Gallego es el de continuar su obra iniciada con amor, dedicación, sacrificio y valentía, por que él lo quería así y ello es un reto para los hombres y mujeres de este país que deben ser librados de las redes de la droga, de la corrupción, de la violencia, de la pobreza, de la injusticia social para lograr la reconstrucción de un Panamá Mejor a la entrada del nuevo milenio.

101 años de Panamá América

 
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