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Héctor Gallego está vivo


El sacerdote María López Vigil escribió el libro que lleva este título, en honor al cura colombiano Héctor Gallego, quien -al igual que Jesucristo- fue apresado y desaparecido por soldados, el 9 de junio de 1971, en Santa Fe de Veraguas, hace exactamente treinta y siete años.

Narra este libro, que Héctor llegó a Santa Fe a trabajar como párroco y que, originalmente, se hospedaba en la casa del mayor terrateniente del pueblo, el señor Alvaro Vernaza. En muy poco tiempo conoció las desventuras de los campesinos que eran explotados por gamonales de Santa Fe, comprándoles su cosecha de café a precios irrisorios y pagándoles a cambio con los productos de sus tiendas. Entonces, Héctor se fue a vivir a una cabaña hecha de cañazas, la cual tiempo después le fue quemada. Este panorama no era menos que la extensión del feudalismo en pleno siglo XX.

Héctor organizó a los campesinos, trabajando hombro a hombro con ellos, y los convenció de no venderle más sus cosechas a los gamonales, sino que debían organizarse en una cooperativa. Con una colecta que se hizo entre ellos, dio inicio a tan titánica labor, bautizándola con el nombre de "Cooperativa Esperanza de los Campesinos".

La misma fue creciendo y prosperando, pero causó la ira de Vernaza, primo del entonces hombre fuerte de Panamá, Omar Torrijos, ya que sus ganancias habían mermado notablemente.

Se cuenta que el propio General Torrijos fue en helicóptero hasta Santa Fe a conocer a Gallego y lo que éste estaba haciendo en dicho lugar. Algunos sectores ya lo tildaban de "comunista" por su labor social en beneficio de los campesinos.

En una ocasión, Gallego fue encarcelado en Santiago de Veraguas, acusado de instigar a los campesinos a quemar una planta eléctrica del señor Vernaza. Fue el propio General Torrijos quien le interpeló por lo sucedido, según nos narra López Vigil. Héctor negó ser un instigador y señaló que sólo ponía en práctica los lineamientos de la doctrina de Medellín, escrita por los Obispos latinoamericanos. Luego, de ello, Héctor fue liberado, y volvió a Santa Fe.

Gallego continuó con su fructífera labor social entre los campesinos, y la cooperativa prosperaba. Tiempo después, fue apresado una a noche mientras pernoctaba en el rancho de Jacinto Peña, y fue llevado con rumbo desconocido. Hasta la fecha no hay indicios de él.

Las autoridades del gobierno militar iniciaron algunas investigaciones ante el clamor popular, pero sin aportar ningún resultado. Posterior a la invasión norteamericana a Panamá en 1989, y la caída del régimen militar, el caso fue reabierto legalmente.

Fueron detenidos y acusados algunos guardias, que testigos de la época señalaron que participaron en su captura. Los mismos fueron llevados a juicio junto unto con un oficial de alto grado de las Fuerzas de Defensa, y condenados a prisión por el delito de homicidio. Los restos del cura mártir nunca aparecieron, y sus familiares y los fieles católicos aún lo reclaman, y exigen verdadera justicia para los autores intelectuales de este horrendo crimen.

Héctor fue un verdadero discípulo de Cristo, que ofrendó su vida por liberar a los campesinos de la pobreza y la opresión. Su ejemplo sigue vivo entre ellos, por eso él no puede morir en el corazón de quienes le amaron.

¡Gallego está vivo!, aún se cosechan los frutos de su trabajo.

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