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¿Hemos decidido no decidir?


Mientras los líderes políticos istmeños han optado por dejarse arrastrar por las turbulentas corrientes de la corrupción pública y privada que ahoga en la miasma política, ética y moral a no pocos de sus pares centroamericanos; al panameño común (individual y colectivamente) nada le conmueve ni le indigna. Conclusión que se desprende de la aparente apatía e indiferencia como han sido tomados los dos últimos sainetes políticos escenificados por la mal llamada "clase política", esto es, la información del destino dado, tanto por el Sr. Pérez Balladares como por la Sra. Moscoso, a los dineros del Estado, conocidos como "partidas secretas" de la Presidencia; y la intencionalidad manifiesta del Ejecutivo de cambiar la correlación de fuerzas políticas en la Corte Suprema de Justicia.
En el primer caso es poco, después de lo publicado, lo que se puede agregar; los dineros que bien pudieron ser utilizados para construir escuelas, centros de salud, proveer de agua potable a un número plural de comunidades marginales, han sido malgastados en la compra de joyas, ropa, viajes fastuosos, tarjetas de crédito, alquileres de autos, etc. Actuación vil, una verdadera afrenta a la pobreza y pobreza extrema que malviven un millón de panameños y panameñas.
En cuanto a la crisis que sufre la justicia en general y el Órgano Judicial en particular, luego de la salida del primer Magistrado de la Corte (Magistrado Presidente), una luz al inicio de la trama parece indicar hacia dónde apuntan los cambios de personajes en la máxima corporación de justicia denominados con el eufemismo de "reestructuración integral de la Corte Suprema de Justicia". Según la tesis sugerida por el flamante presidente de la APEDE, lo que es "borrón y Corte nueva", simplismo y petulancia que retrata de cuerpo entero los verdaderos propósitos de la oligarquía neoliberal. Pues si en verdad se quisiera combatir la corrupción enquistada en el alto órgano de justicia, el camino correcto debió ser cambiar el método de selección de los magistrados, oportunidad desaprovechada con las aprobadas reformas constitucionales.
Sin embargo, es bueno recordarle a los demagogos (individuos que esgrimen discursos ajenos producto de su degeneración intelectual) que dos distinguidos ex presidentes demócrata cristianos costarricenses se encuentran en la cárcel, acusados de corrupción cuando ejercieron sus respectivos mandatos presidenciales. Y que con independencia de la fragilidad de la memoria histórica, males menores (morales y políticos) fueron la causa principal de la ruptura del orden constitucional en 1968. De manera que no se llamen a engaño quienes creen que los panameños no nos sentimos ofendidos política y moralmente por causa de las actuaciones inapropiadas de los gobernantes en los últimos 10 años. ¡Estamos vivos y sentimos las heridas de la patria herida! Para decirlo con palabras del maestro Ortega y Gasset: Vivir es sentirse fatalmente forzados a ejercer la libertad, a decidir lo que vamos a ser en y de éste nuestro país. Mucho cuidado. El país nacional, el país decente no se ha abandonado, por el contrario, los ciudadanos están en un proceso de información y de asimilación de esta cruel y cruenta realidad, es decir, el Estado ha sido asaltado por delincuentes de "cuello blanco", mientras las cárceles están llenas sólo de ciudadanos de a pie.
También es prudente no olvidar que la historia de la República -que también ha tenido la desdicha de haber sido gobernada (salvo el período Torrijista 1968-1981) por el gamonalismo liberal primero, y la oligarquía neoliberal después- está llena de actos heroicos, de desprendimiento, de valor y de dignidad que dan fe del verdadero carácter del panameño común y corriente. Prevenidos, pues, deben estar quienes de forma superficial consideran al ser nacional como individuos pusilánimes, envilecidos o enajenados por la perversa acción del clientelismo político. Porque de la misma manera como es muy cierto que la oligarquía neoliberal gobernante en los postreros años no ha podido doblegar la disposición de lucha de la ciudadanía, no menos cierto es que en las dramáticas circunstancias que vive la Nación y el sufrido pueblo éstas son el dilema, y quien decide en última instancia es el pueblo con su integridad, carácter y voluntad política. Muy a pesar de que en "estos años asistimos al gigantesco espectáculo de innumerables vidas humanas que marchan perdidas en el laberinto de sí mismas (egoísmo neoliberal) por no tener a que entregarse". ¡Así de sencilla es la cosa!
(*)Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT).
(avidquoc@latinmail.com)

101 años de Panamá América

 
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