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Hemos olvidado los buenos modales


En los hogares y en la escuela se nos enseñaba buenos modales: saludar, dar buenos días, ser amables, formaba parte de la vida diaria. Ahora la juventud, o no los aprende o los ha olvidado. Hace unos días entré al ascensor con un joven y una señora. Aquél salió primero sin importarle con nosotras. Estaba en un lugar temprano en la mañana, llegó un joven y no saludó; pensé si ya nos habíamos visto. Entró una pareja mayor y saludó correctamente.

Me dio qué pensar; ya a la juventud no se le enseña buenos modales y los viejos, que los aprendimos, los conservamos. ¿Dónde está la responsabilidad? Tanto en el hogar como en la escuela. Existen cosas que ya ciertos padres no dan importancia y la materia urbanidad fue sacada del curriculum. Lo peor es cuando llegamos y saludamos sin encontrar respuesta. ¿Hasta dónde hemos topado que obviamos el saludo, el por favor y el gracias?

Cuando se nos hace un favor, hay que pedirlo como tal y agradecerlo, porque no siempre lo merecemos. Las parejas jóvenes no tienen tiempo de educar, de sentarse con sus hijos y dar ejemplos tan necesarios y así se crían sin Dios ni ley, creyendo merecerlo todo. Y conste que no hablo de ninguna clase socia, pues en todas es igual.

Esa comunicación que había entre la familia se ha perdido. Ahora todo es computadora, televisión, juegos electrónicos y nadie habla ni se cuentan cosas como qué hicieron ayer y qué harán hoy. Las parejas no saben de la vida del otro ni a dónde están, ni dónde encontrarlos. No intercambian opiniones ni se cuentan sus problemas.

La vida nos ha cambiado; nos ha despersonalizado, endurecido y enfriado. No parecemos seres humanos, sino robots sin convivencia ni intercambios.

¡Qué lástima!

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