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Héroes anónimos, en la búsqueda de inversiones


PANAMÁ SE está convirtiendo en un lugar de retiro para extranjeros. Son varios los sitios de nuestra geografía donde ya se nota un movimiento de inversiones en compras de terrenos y en construcciones.
Nuestro país, para bien, permaneció como un destino poco conocido del mundo, lo cual nos dio algo de tiempo para crear algunas estructuras físicas y jurídicas con el objeto de poder atender esta demanda con responsabilidad. Otros países vecinos que partieron adelante han tenido serias dificultades y al cambiar, posteriormente, las reglas han creado desconfianza e inseguridad jurídica.
No obstante, ya escuchamos los primeros indicios de descontento y preocupación por extranjeros que compraron de buena fe títulos posesorios o adjudicaciones de la reforma agraria. Actualmente se está discutiendo un proyecto de ley para modificar el reconocimiento de esos títulos. Desconozco los detalles de la ley, pero definitivamente considero oportuno y necesario que desde ahora las reglas del juego sean muy claras en cuanto se refiere a estos títulos de propiedad y el cómo y quién los otorga.
En el pasado se ha utilizado esta repartición indiscriminada de tierras como pago a favores políticos lo cual ha producido toda clase de demandas, que las cortes no se atreven a decidir. Un ejemplo clásico son dos parcelas, que creo tener todavía, en Cerro Campana, debidamente tituladas en el registro público desde hace más de dos décadas y que la reforma agraria, durante el gobierno de Pérez Balladares, se las adjudicó a un partidario político residente en el pueblo de Chica. Lo más triste es que, según el principio social de la reforma, las tierras se deben adjudicar sólo a campesinos humildes y no a propietarios de una tienda, como fue mi caso. Estos sinvergüenzas venden dichos títulos para obtener dinero fácil a costa de las tierras del Estado o de propiedades de terceros.
Pero una cosa es que eso se lo hagan a panameños y otra es que se lo hagan a extranjeros, especialmente a personas que provienen de países con los cuales Panamá tiene tratados internacionales de protección a su inversión. Pronostico que si no hacen algo le van a caer al Estado una gran cantidad de demandas que el gobierno tendrá que atener y compensar. Pero lo peor de todo es que una vez que se corra la voz, no habrán nuevos inversionistas interesados en invertir sus ahorros en este país. Qué van a hacer los promotores y dueños de todos esos proyectos multimillonarios que germinan a lo largo de toda nuestra geografía. Por otro lado, qué harán los miles de trabajadores de la construcción que quedarán sin empleos.
Panamá no obtiene ingresos, como otros países de la región, en concepto de remesas que envían desde otras latitudes sus compatriotas. El panameño prefiere comerse un cable local que uno extranjero; siempre regresa a su terruño a pesar de todas sus carestías e imperfecciones. Es casualmente por esa razón que nos toca ser creativos y buscar otras formas de atraer divisas. Una fórmula que está resultando altamente efectiva es promovernos como un destino para retirados o para el turismo residencial. Los efectos positivos de este tipo de actividad son mucho mayores y de carácter permanente que el generado por el turismo vacacional. Además de generar una inversión inicial en la compra de viviendas o fincas, mantiene un flujo de divisas mensuales proveniente de las jubilaciones de estos extranjeros. De manera que si logramos desarrollar con éxito este nicho de jubilados, tendremos asegurado un crecimiento sostenible importante, ya que gana el terrateniente, el constructor, el comercio, los médicos, el agro, los bancos, los restaurantes y se crean empleos domésticos permanentes.
¿Pero se generó este interés por Panamá de la noche a la mañana? ¿Resultó que estos señores pasaban por aquí y les gustó tanto que decidieron quedarse? O es posible que salimos premiados en un concurso internacional donde se nos declaró el mejor destino para retirados; ciertamente que NO!
Los resultados que estamos comenzando a disfrutar son el esfuerzo de varios empresarios locales que en los últimos diez años han estado viajando y promocionando esta idea en las capitales más importantes del mundo. Muchos de ellos con escasos recursos, pagándose sus propios gastos, otros representando gremios, hoteles o empresas promotoras de bienes raíces, algunas veces viajan solos otras en grupo, pero su norte era y es vender el mejor lugar del mundo donde retirarse a vivir.
Me encantaría mencionar como reconocimiento a unos cuantos de ellos que acompañe como diplomático durante sus giras de promoción por Italia, España y Estados Unidos, pero tampoco quisiera dejar por fuera otros que tienen igual mérito. Cuando leí en días pasados anuncio en el diario La Prensa sobre la firma de un importante acuerdo entre ACOBIR y la asociación de bienes raíces más grande del mundo NAR, con sede en Chicago, observé en la foto a algunos de esos osados microempresarios. Me hizo recordar que en el 2003, uno de ellos me insistió (con éxito) que lo acompañara a una reunión de dicha asociación en la ciudad de Washington. A todos estos héroes anónimos, mis sinceras felicitaciones porque cuando se obtienen beneficios como éste para el futuro comunitario, eso sí es hacer Patria.

101 años de Panamá América

 
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