Hija de Allende preside la Cámara de Diputados
A pocos meses del suicidio en 1973 de Salvador Allende, el talentoso escritor británico David Holden escudriñó los escombros del palacio presidencial en Santiago, en busca de mensajes para el futuro. Su conclusión: "Salvador Allende murió como un hombre dichoso. En vida fue un fracaso. Tanto él como sus políticas se habían hecho pedazos mucho antes del final. Pero, en la muerte logró un éxito más allá de sus sueños. Canonizado instantáneamente como nuevo mártir de la izquierda en el mundo occidental, de la noche a la mañana se convirtió en la más potente figura de ese culto, tras su viejo amigo Che Guevara".
Durante años pareció que el Sr. Holden había exagerado. La izquierda mundial no se cansaba de enlodar la imagen del régimen militar que puso final al dantesco gobierno de Allende. Esa incesante campaña logró convertir en ogros a los militares chilenos, pero poco hizo por enaltecer la imagen de Allende.
Todo eso comenzó a cambiar a principios de 1990, cuando los militares voluntariamente entregaron el poder a un gobierno conformado por socialistas y democratacristianos, la misma coalición que ha regido hasta el día de hoy.
Los militares que salvaron a Chile del caos y de la pesadilla de un despotismo totalitario han sido perseguidos, hostigados y humillados. La más reciente bofetada ocurrió hace pocos días, 30 años después del golpe que terminó la presidencia de su padre, Isabel Allende Bussi, diputada por el Partido Socialista, fue electa presidenta de la Cámara de Diputados, por 58 votos contra 57 para su contrincante de la derecha
Cuatro días después de la muerte de su padre, Isabel "desde su primer exilio en México" no sólo dijo que su padre había sido asesinado, sino que conocía el nombre del asesino. Hace años se comprobó que Allende se suicidó, al punto que los comunistas y sus "tontos útiles" dejaron de propagar la mentira del supuesto asesinato que tanta utilidad les produjo. Pero en general, la hija de Allende ha sido menos agresiva y de más bajo perfil que muchos de su partido.
Uno de los primeros actos del primer gobierno civil, bajo el democratacristiano Patricio Aylwin -el mismo que como senador en 1973 había instado a los militares a sacar Allende del poder-, fue crear una comisión para investigar violaciones de derechos humanos bajo el gobierno militar. Aunque cumplió una misión vital, su enfoque fue más bien de inquisidor, acusando al gobierno militar e iniciando una persecución judicial que ha durado hasta el día de hoy.
Decenas de sub-oficiales, oficiales y hasta generales han sido procesados, muchos encarcelados. Paralelamente, Aylwin indultó "y mandó a exilios acomodados en Europa" a decenas de terroristas, muchos condenados por asesinatos. Luego, Aylwin ordenó la exhumación de los restos de Allende, de su tumba sin nombre en un cementerio de la costa, para ser de nuevo enterrado con plenos honores en Santiago.
Como su primer ministro de Defensa, Aylwin nombró a un medico con una visceral antipatía por las fuerzas armadas. Eso garantizó un estado de tirantez casi permanente en las relaciones cívico-militares. Su sucesor, el presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, fue menos hostil, pero los tribunales se tornaban cada vez más crueles. Poco hizo Frei para defender al general Augusto Pinochet luego de su tempestuosa detención en Londres, el 16 de octubre de 1998.
El actual presidente de Chile, Ricardo Lagos, quien formó parte del gobierno de Allende, mandó a levantar en la Plaza Constitución de Santiago, frente al palacio presidencial, una estatua de Salvador Allende. El mismo Lagos presidió la ceremonia, a la cual asistieron unas 400 personas, principalmente militantes del Partido Socialista, del Partido Comunista y de la organización terrorista-guerrillera Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Como ministro de la Defensa, Lagos nombró a la dirigente socialista Michelle Bachelet, hija de uno de los pocos generales encarcelados por la junta militar después del golpe de 1973. Su padre, un general de la Fuerza Aérea, fue un estrecho colaborador de Allende y dirigió una oficina gubernamental encargada de distribuir alimentos a una población que sufría hambre por las políticas socialistas. Hoy, los nuevos vencedores en Chile son los vencidos.
* Periodista, fue director del Washington Times y del Miami News. (c) www.aipenet.com
Durante años pareció que el Sr. Holden había exagerado. La izquierda mundial no se cansaba de enlodar la imagen del régimen militar que puso final al dantesco gobierno de Allende. Esa incesante campaña logró convertir en ogros a los militares chilenos, pero poco hizo por enaltecer la imagen de Allende.
Todo eso comenzó a cambiar a principios de 1990, cuando los militares voluntariamente entregaron el poder a un gobierno conformado por socialistas y democratacristianos, la misma coalición que ha regido hasta el día de hoy.
Los militares que salvaron a Chile del caos y de la pesadilla de un despotismo totalitario han sido perseguidos, hostigados y humillados. La más reciente bofetada ocurrió hace pocos días, 30 años después del golpe que terminó la presidencia de su padre, Isabel Allende Bussi, diputada por el Partido Socialista, fue electa presidenta de la Cámara de Diputados, por 58 votos contra 57 para su contrincante de la derecha
Cuatro días después de la muerte de su padre, Isabel "desde su primer exilio en México" no sólo dijo que su padre había sido asesinado, sino que conocía el nombre del asesino. Hace años se comprobó que Allende se suicidó, al punto que los comunistas y sus "tontos útiles" dejaron de propagar la mentira del supuesto asesinato que tanta utilidad les produjo. Pero en general, la hija de Allende ha sido menos agresiva y de más bajo perfil que muchos de su partido.
Uno de los primeros actos del primer gobierno civil, bajo el democratacristiano Patricio Aylwin -el mismo que como senador en 1973 había instado a los militares a sacar Allende del poder-, fue crear una comisión para investigar violaciones de derechos humanos bajo el gobierno militar. Aunque cumplió una misión vital, su enfoque fue más bien de inquisidor, acusando al gobierno militar e iniciando una persecución judicial que ha durado hasta el día de hoy.
Decenas de sub-oficiales, oficiales y hasta generales han sido procesados, muchos encarcelados. Paralelamente, Aylwin indultó "y mandó a exilios acomodados en Europa" a decenas de terroristas, muchos condenados por asesinatos. Luego, Aylwin ordenó la exhumación de los restos de Allende, de su tumba sin nombre en un cementerio de la costa, para ser de nuevo enterrado con plenos honores en Santiago.
Como su primer ministro de Defensa, Aylwin nombró a un medico con una visceral antipatía por las fuerzas armadas. Eso garantizó un estado de tirantez casi permanente en las relaciones cívico-militares. Su sucesor, el presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, fue menos hostil, pero los tribunales se tornaban cada vez más crueles. Poco hizo Frei para defender al general Augusto Pinochet luego de su tempestuosa detención en Londres, el 16 de octubre de 1998.
El actual presidente de Chile, Ricardo Lagos, quien formó parte del gobierno de Allende, mandó a levantar en la Plaza Constitución de Santiago, frente al palacio presidencial, una estatua de Salvador Allende. El mismo Lagos presidió la ceremonia, a la cual asistieron unas 400 personas, principalmente militantes del Partido Socialista, del Partido Comunista y de la organización terrorista-guerrillera Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Como ministro de la Defensa, Lagos nombró a la dirigente socialista Michelle Bachelet, hija de uno de los pocos generales encarcelados por la junta militar después del golpe de 1973. Su padre, un general de la Fuerza Aérea, fue un estrecho colaborador de Allende y dirigió una oficina gubernamental encargada de distribuir alimentos a una población que sufría hambre por las políticas socialistas. Hoy, los nuevos vencedores en Chile son los vencidos.
* Periodista, fue director del Washington Times y del Miami News. (c) www.aipenet.com