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Hipersensibilidad y propaganda política


La oposición y el gobierno han intercambiado acusaciones respecto a la propaganda empleada por cada cusal para promover su rechazo o apoyo a la reelección presidencial planteada en el referéndum del 30 de agosto.
Por un lado, la Democracia Cristiana ha protestado por lo que considera es el uso de símbolos de su partido en la propaganda progubernamental que muestra la discordia surgida entre los participantes de una junta de embarre, como ejemplo del divisionismo que aqueja a los colectivos de oposición. Uno de los grupos en discordia de la frustrada junta, enarbola la bandera del partido afectado.
Por el otro lado, el presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares, mediante apoderado legal, ha presentado querella judicial contra la propaganda opositora que lo identifica con el célebre personaje infantil de Pinocho, cuya larga nariz ejemplifica la mentira, destacando determinadas promesas supuestamente incumplidas.
Uno y otro caso constituyen muestra de intolerancia ridícula, por lo demás infundada. La propaganda en cuestión, de uno y otro lado, no hace más que destacar, acaso exageradamente, los reparos o defectos que cada adversario observa o imputa al otro, empleando símbolos visuales de impacto publicitario.
En gran medida, el choque y contraste de mensajes publicitarios de uno y otro bando, no se diferencia en esencia, de un debate personal cualquiera entre voceros de ambas posiciones, cada cual exponiendo al público su opinión o su verdad contrapuesta. Lo que para uno es verdad o correcto, para el otro no lo es, y viceversa. A fin de cuentas, de eso se trata, de exponer respetuosamente las posiciones de cada uno, para que el público juzgue y decida.
La expresión del pensamiento, sin embargo, tiene muchas formas, entre el dibujo, la palabra, la caricatura, la escritura y los símbolos, con tanta amplitud como lo permita la imaginación. Y en el marco de semejante arsenal, en política, todo vale, dentro de los márgenes del respeto al adversario.
Por eso resulta absurdo que el cargo de divisionista que el gobierno imputa a la oposición en la propaganda de la junta de embarre, se tome como indebido usufructo de los símbolos de un partido al que se formula la crítica; tanto como resulta absurdo que el presidente Pérez Balladares padezca de hipersensibilidad sólo porque la oposición, en su propaganda, considere que no ha cumplido a cabalidad sus promesas o que ha defraudado a sus electores.
A fin de cuentas, de eso se trata la campaña politica en los países más civilizados, de contrastar y criticar con respeto, sin llegar a extremos, tal cual se ha hecho hasta ahora.

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