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Hipótesis de la guerra prolongada


Mientras los principales mercados del mundo seguían reaccionando favorablemente ante el rápido y fácil avance de las tropas norteamericanas y sus aliados en el interior de Irak, hay voces aisladas que advierten del peligro de que la guerra se prolongue, causando efectos muy nocivos a la economía del planeta.
Una guerra corta significa la reincorporación de Irak y sus inmensas reservas petroleras al mercado de la oferta de crudo, lo cual será decisivo para la estabilización y normalización de los mercados. En pocas palabras, los precios del barril retornarán a sus niveles razonables al tiempo que desaparece el peligro de escasez.
Un conflicto prolongado, en cambio, significaría una crisis mundial del petróleo y escasez. La actual estabilización de los precios, a niveles medios actuales, es artificial y ajena al libre flujo de la oferta, y es causada porque Estados Unidos ha soltado hacia el mercado parte de sus inmensas reservas y que Arabia Saudita ha prometido incrementar la producción por el corto plazo que se estima durarán los combates. Pero ambas son medidas de estabilización temporal, puesto que las reservas norteamericanas por sí solas no duran más de treinta días y los saudíes no pueden tranquilizar los mercados ni resistir la tendencia a un alza empujada por una demanda creciente de crudo.
Una guerra prolongada puede haber sido planificada desde hace tiempo por los generales de Sadam y he allí la hipótesis que nos ocupa. Si tras su mala experiencia en la Guerra del Golfo de 1991 cuando buscó un choque frontal bajo la tesis de "la madre de todas las batallas", opta esta vez por todo lo contrario, por reservar sus fuerzas y poder de fuego para que las tropas de la coalición gasten los suyos, se adentren en su inmenso territorio, ganen confianza y se agoten en su avance por el desierto, para plantear luego la batalla en el momento, clima y escenario más adecuado para los defensores, las cosas podrían complicarse.
A juzgar por las señales iniciales, la resistencia iraquí es pobre y el avance de la coalición es veloz, con escasas bajas y muchos rendidos en el ínterin. Pero un detalle es curioso: un grupo de rendidos era civil disfrazado de militares.
El ejército de Sadam podría estar agazapado en Bagdad y otra parte, descansando en lugar seguro, aguardando el momento para dar la batalla en serio, mientras los coaligados se agotan y dispersan sus fuerzas en complejas tareas administrativas de cuidar pozos, alimentar refugiados, custodiar civiles y prisioneros.
Si esta hipótesis es correcta, a mediados de la segunda semana de guerra, los coaligados estarán en las afueras de Bagdad, como Napoleón en Moscú, iniciándose entonces una resistencia horrorosa y larga, que hará recordar a Stalingrado y a sus obstinados defensores peleando casa por casa y, más recientemente, a los soldados rusos de Putín en Chechenia, demoliendo a cañonazos a su capital, Grozni, ante la enconada resistencia de sus independentistas parapetados en sus edificios y ocultos entre la población civil.

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