¿Historia en espiral quince años después?
Una de las características primordiales del ser humano es su capacidad de analizar el pasado y planificar el futuro. Nos preparamos académicamente para lo que quisiéramos ser y lograremos nuestras metas con esfuerzo y constancia. En política se requiere, además, tener olfato y claro el "timing".
Recientemente analicé la fortaleza del concepto de marketing político "cambio". Obama no fue electo presidente por su color, su procedencia o las vicisitudes que tuvo. Obama triunfó porque se apoderó del "cambio", y porque sumó rivales a su equipo de trabajo. Hoy todos apelan al cambio. Martinelli partió adelante, inclusive llamó a su partido "Cambio Democrático".
Hasta Balbina apela al cambio, pero su controversial pasado, ligado a represiones a derechos humanos y libertades individuales de la dictadura de Noriega, le produce tantos negativos que su proyección de niña pobre o que su color mestizo no podrá compensar. Su única oportunidad está en la sagacidad para dividir a la oposición, inclusive apuntalando a rivales.
Al Toro la estrategia le resultó, dividió y venció. La efervescencia democrática de la administración Endara produjo siete candidatos presidenciales. El voto que una vez representó a la alianza democrática de oposición civilista se fraccionó cuando el olor a pólvora de la invasión no se había aún desvanecido. El personalismo privó de visión objetiva a quienes tenían la obligación de liderar a sus membresías. "Yo, Yo, Yo fui electo candidato e iré hasta el final sin importar el resultado", fue lo que escuché al intentar hacerles comprender que el PRD ganaría las elecciones al menos que uno de los candidatos presidenciales depusiese su candidatura huérfana de sustento electoral. Tenía tan solo treinta y seis años de edad y era candidato a la Vicepresidencia de la República por una alianza que llegó segunda.
Hoy no concibo a mi generación cometiendo los mismos errores de 1994. Por eso me extraña mucho la actitud de quien ganó en buena lid las primarias panameñistas y como espuma subió en las encuestas igualando en intención de voto a Balbina y Martinelli. Igual de efímera fue la celebración porque perdió el timing, se fue de viaje y prefirió apartar a gente valiosa de su propio partido, en vez de sumarlas. Regalé en Navidad un consejo a mi amigo Varela: "Empínate como estadista y convierte la adversidad de hoy en oportunidad para mañana". Hay que escuchar el clamor de las mayorías para una alianza de oposición, que acabe con la hegemonía del PRD. El no hacerlo producirá la rebelión de las masas, al mejor estilo de Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo".
Un partido no se maneja con amenazas, inquinas, personalismos ni expulsiones, sino con voluntad de procurar beneficio a las mayorías. En democracia las mayorías tienen derecho a equivocarse, pero también tienen la obligación de enmendar errores en el "timing" correcto. No permitamos que la historia se repita en espiral, quince años después.