Hola Señor Presidente
Pasó otro 9 de enero. Lo pasé con mucha pena, por la gran gesta civilista casi olvidada. Un acontecimiento que viví con fervor, angustia y rabia. En 1964 era graduando del Colegio Javier. Cuando me enteré lo que ocurría en la Av. Kennedy (ex 4 de Julio) y hoy Av. De los Mártires, le robé el carro a mi padre y me fui con algunos compañeros a ver lo que pasaba. En la 5 de Mayo subimos a dos heridos y los llevamos al hospital Santo Tomás. Llamé a mi padre que me fue a buscar allá. Me miró sin recriminarme nada y se quedó conmigo. Después de donar sangre nos encontramos con el Dr. Henríquez Navarro, notable cirujano y médico de la familia que sacó del bolsillo un paquete de gasas, dentro estaban las balas extraídas de los heridos. Eran balas militares. Las guardo para entregarlas como prueba a los enviados de la OEA, dijo el doctor.
Traigo esta historia intrascendente para contrastarla con otra que hasta que no fue publicada en el Panamá América el 9 de enero último, yo desconocía totalmente. Fue la comunicación telefónica que sostuvieron el presidente Roberto F. Chiari y el presidente Lyndon B. Johnson a las 11:40 de la mañana del 10 de enero de 1964. Una conversación de extraordinaria importancia histórica y de una riqueza psicológica y política que vale la pena analizar.
En ella Johnson agradece a Chiari el haber llamado a la calma y sugiere que “elementos hostiles” pueden aprovecharse de la situación. Anuncia que enviará inmediatamente al Secretario de Estado. El presidente Chiari lo interrumpe y le dispara a boca de jarro, voy a decirle a su enviado lo que le estoy diciendo a usted. Nosotros necesitamos una revisión completa de todos los tratados. Porque el que tenemos es la causa de la violencia. Johnson trata de esquivar el golpe argumentando que hay causas más inmediatas. Chiari arremete con contundencia. Cuando en 1961 me entrevisté con el presidente Kennedy, los EU no mostraron interés en llevar las palabras a los hechos. Johnson esgrime una muletilla histórica en la diplomacia de su país “eso no justifica la violencia, hay que mirar hacia el futuro y no hacia el pasado”. Chiari con elegancia y sutileza le responde que está de acuerdo que nada justifica la violencia pero le pasa la responsabilidad del problema diciendo que es la indiferencia del gobierno estadounidense de los últimos dos años la que ha empeorado una situación que se sabía tarde o temprano iba a suceder. Johnson promete enviar a su secretario con urgencia. Chiari, elegante pero receloso, le conmina dándole a entender con suspicacia sus dudas. “¿A qué hora llegará el avión?” Preguntó.
Hay gestos y palabras en la historia que resultan más contundentes que un golpe de Estado o un genocidio. El presidente Chiari merece un reconocimiento nacional a la altura de su actuación pública. Un monumento digno en el lugar donde fue mancillada la enseña nacional. Que sea en el 2014 cuando se cumplan cincuenta años de la pueblada civilista más importante de la era republicana.