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Honrar honra


No alcanza este espacio, ni son suficientes unas cuantas palabras, para reconocer la labor realizada por Adán Arnulfo Arjona y Esmeralda Arosemena de Troitiño en su desempeño como magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Se trata de figuras para la historia que nos han legado una serie de decisiones que serán recordadas por su lealtad a la Constitución, por su entereza moral, por su espíritu cívico y democrático. Al cesar sus respectivos períodos constitucionales, en el cargo más alto al que pueden aspirar los profesionales del derecho, los acompaña una presentación sin mancha. Ellos son la prueba viviente de que Panamá tiene profesionales capaces y valientes, que gozan además de una saludable vida moral, y que llegaron al máximo peldaño judicial por su trayectoria y no por su vinculación con partidos políticos. Nombrados por distintos presidentes y ratificados por distintas asambleas, ambos son testigos de que cuando hay voluntad política de hacer las cosas de modo correcto, de que cuando se quiere encomendar funciones delicadas a hombres y mujeres competentes y responsables, la sociedad tiene a disposición del Estado a sus mejores hijos e hijas. Solo los espúreos intereses de los políticos impiden que este sea un resultado regular y repetible. Con la satisfacción del deber cumplido, Arjona y Troitiño regresan ahora a la sociedad con una credibilidad mayor de la que arropa a algunos de sus colegas en el máximo tribunal. Démosles la bienvenida porque la sociedad los necesita por sus luces y su ejemplo.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América