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Honrar la fe vivida bajo el fuego


Esa es una de las metas que tiene el Sumo Pontífice en su próxima peregrinación de esperanza y unidad a Yerevan, capital de Armenia y a la cercana Etchmiadzin, donde el Rey Tiridates construyó una catedral luego de su conversión y la de su pueblo en el año 301.
Los 1700 años de historia cristiana de esta nación han estado opacados por la invasión extranjera, persecución, represión, genocidio, dispersión y supervivencia hacia el futuro.
El fabulosos Monte Ararat de la famosa Arca de Noé emerge en la cordillera que distingue la geografía de esta región.
Por muchos siglos ha sido un país oprimido por los imperios Romano, Persa, Otomano y Soviético.
Después de 600 años de indefinición política llegó a adquirir la independencia como República en 1991.
El Papa visitará la colina de Dzidzernagapert que guarda la memoria de un millón y medio de armenios liquidados en el genocidio de 1915 al 23 bajo la dominación turca.
En junio pasado el Santo Padre en una carta apostólica alabó la tenacidad del pueblo armenio a su fe cristiana a través de los siglos y sobre todo recientemente en los 70 años del ateísmo oficial bajo la dominación soviética.
“El pueblo espera señales concretas de esperanza y solidaridad, y estoy cierto que la consoladora memoria de sus orígenes cristianos será el acicate y el fundamento de la fortaleza de cada armenio”, afirmó el Pontífice.
El católico Karekin oficialmente abrió el año Santo en el monasterio de Khor Virab en el área de Ararat, donde están las cuevas en que estuvo preso San Gregorio el Iluminador durante 13 años antes de la conversión del Rey Tiridates. El encendió una candela que sería pasada simbólicamente a las iglesias armenias alrededor del mundo para anunciar el milésimo septingentésimo aniversario del cristianismo.
Desde tiempos antiguos, los armenios alimentaban su fe. “La cristiandad no es un vestido, sino el color de nuestra piel, que no puede ser alterado”, dijo el Catolicós Karekin en un encuentro de oración que dirigió en Washington D.C. al celebrar el 1700 aniversario.
Los armenios lamentan el desconocimiento e indiferencia que el mundo le ha dispensado al genocidio que comenzó desde 1915 con la expulsión de los Armenios de Turquía y la apatía mundial aún tortura sus corazones. La iglesia se ha entregado a sí misma a trabajar por la paz para prevenir otro genocidio. Masacres, expulsiones y genocidios del siglo 19 acabaron con la vida de 200,000 armenios, sin embargo, no mereció ninguna censura de las naciones occidentales, según el Obispo Vichen Aykazian de la diócesis Americana de la Iglesia Apostólica de Armenia. Fuera de esta dolorosa herencia de calamidades, hoy por hoy, muchos problemas se añaden fuera de los obvios económicos consiguientes a la separación de la Unión Soviética, la crisis energética que siguió a los terremotos con sus innumerables víctimas. Las tensiones entre los armenios y Azerbaijan sobre un territorio limítrofe que está habitado por multitudes de Armenios que es reclamado por ambas naciones.
Todas las iniciativas por el avance material y la continuidad de la existencia de este país siempre descansaron en la Iglesia y en ciertos momentos, solamente la Iglesia estaba disponible para preservar, proteger y perpetuar la cultura, costumbres y comunidad.
En 1945, Pío XII anunció en un consistorio 30 nuevos cardenales y entre ellos sobresalía la cabeza de la Iglesia Católica Armenia, el patriarca Gregorio Pedro XVI Agaginian, que según las apreciaciones de la época se consideró como un homenaje a una Cristiandad antigua que había superado un genocidio de 30 años.
Aunque sólo el cuatro por ciento de los Armenios son religiosamente en comunión con el Obispo de Roma, la mayoría son Cristianos Ortodoxos. Con el tiempo la Cristiandad Armenia quedó bajo la influencia de Constantinopla, sin embargo, un segmento mantiene una actitud positiva con Roma, lo cual les trajo persecución durante la dominación rusa.
Francamente, todos debemos unirnos espiritualmente al esfuerzo del Sumo Pontífice por hacer justicia y reconocimiento a ese pueblo sufrido que nos da un ejemplo de lo que es la fe en medio de tantas vicisitudes. ¿Será lo mismo entre nosotros?.

101 años de Panamá América

 
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