Horror por la deshonestidad
Su Santidad el Papa ha solicitado a los políticos que moderen su comportamiento y detengan la corrupción (palabras más o menos). Pero resulta que los políticos tienen la fama, mas todo pescado tiene escama, como reza el refrán. Estoy realmente impresionada, y no es la primera vez que lo escribo, de ver todos los días un nuevo escándalo de fraude, robo o llámese como sea: de deshonestidad.
No lo pondré en orden cronológico, porque no lo tengo presente, pero iré recordando algunas que han salido últimamente. Recuerdo un escándalo en el Seguro Social sobre pérdidas millonarias de medicamentos; denuncias de la Dra. Gloria Moreno de López sobre mal uso de dineros en el Hospital Santo Tomás. Repentinamente y con mucho ímpetu aparecen los bonos de Colón, también con cifras millonarias. Algo inaceptable es lo sucedido en el Registro Público y colateralmente está involucrada una notaría. Ahora sale otro nuevo escándalo de compras del Seguro Social. Para reconclavar, los padres de familia cometiendo fraudes en las directivas de los clubes que dirigen. El caso de Providence Corp. y Estrellamar ha dejado atónita a la comunidad por varias razones.
Fíjense bien, estoy segura de haber olvidado muchos más. Se trata de deshonestidad en diferentes aspectos, categorías, sector público y privado. Personas en las que uno confiaba por sus antecedentes, muestran su cobre en cuanto les queda a mano la oportunidad de delinquir. Los unos lo hacen por millones, otros por miles y algunos por uno o dos balboas. Teniendo en cuenta que igual se "roba" un lápiz que un millón de balboas. Igual pesa el empleado que pide coima para hacer un trabajo que es su obligación, que el que recoge la basura y pide un balboa para no regarla o recogerla diariamente.
Hemos llegado a un estado tal de putrefacción, que pareciera que donde tocas salta pus en vez de sangre limpia. Y eso que no he enumerado casos privados que no voy a decirles. Entonces, nos damos cuenta que no sólo son los políticos; la corrupción está a todo nivel. ¿Creen acaso que el caso del presidente Clinton no es corrupción sexual? ¿Creen que violar las leyes, apoderarse de lo que les corresponde, valerse de posiciones para sacar beneficios, no es corrupción? ¡Dios mío! ¿Es que no podemos evitar ser deshonestos cuando nos toca la oportunidad de adquirir dinero mal habido?
Lo peor es que la corrupción no es sólo en Panamá; es un mal mundial que acosa a todas las sociedades. Tal vez el materialismo excesivo nos lleva a querer tener cada vez más dinero, bienes terrenales, distracciones y la creencia de que eso lo conseguimos con el vil dinero.
Si fuéramos capaces de pensar más con el corazón y las ideas que con el cálculo de lo material, tal vez volveríamos a los tiempos de conformarnos con lo que honestamente hemos adquirido y vivir una vida de tranquilidad y paz. Quien mal anda, mal acaba y es muy cierto, a la larga o a la corta, pagamos los errores que cometemos impelidos por la ambición y el desequilibrio.
Falta también una educación integral que enseñe a la niñez y a la juventud, cuáles deben ser las reglas de un juego serio y decente; humanizarlos para que actúen con los principios básicos de la moral y la honradez. Que aprendan desde la infancia las bases para que puedan ser hombres de bien, de actitudes rectas y que sepan que la gloria y la fama se alcanzan con actuaciones correctas y no con dinero mal habido.
Ojalá pudiéramos cambiar las reglas del juego actual, tan negativo para todos. Salvemos a nuestros hijos y el futuro de Panamá.
No lo pondré en orden cronológico, porque no lo tengo presente, pero iré recordando algunas que han salido últimamente. Recuerdo un escándalo en el Seguro Social sobre pérdidas millonarias de medicamentos; denuncias de la Dra. Gloria Moreno de López sobre mal uso de dineros en el Hospital Santo Tomás. Repentinamente y con mucho ímpetu aparecen los bonos de Colón, también con cifras millonarias. Algo inaceptable es lo sucedido en el Registro Público y colateralmente está involucrada una notaría. Ahora sale otro nuevo escándalo de compras del Seguro Social. Para reconclavar, los padres de familia cometiendo fraudes en las directivas de los clubes que dirigen. El caso de Providence Corp. y Estrellamar ha dejado atónita a la comunidad por varias razones.
Fíjense bien, estoy segura de haber olvidado muchos más. Se trata de deshonestidad en diferentes aspectos, categorías, sector público y privado. Personas en las que uno confiaba por sus antecedentes, muestran su cobre en cuanto les queda a mano la oportunidad de delinquir. Los unos lo hacen por millones, otros por miles y algunos por uno o dos balboas. Teniendo en cuenta que igual se "roba" un lápiz que un millón de balboas. Igual pesa el empleado que pide coima para hacer un trabajo que es su obligación, que el que recoge la basura y pide un balboa para no regarla o recogerla diariamente.
Hemos llegado a un estado tal de putrefacción, que pareciera que donde tocas salta pus en vez de sangre limpia. Y eso que no he enumerado casos privados que no voy a decirles. Entonces, nos damos cuenta que no sólo son los políticos; la corrupción está a todo nivel. ¿Creen acaso que el caso del presidente Clinton no es corrupción sexual? ¿Creen que violar las leyes, apoderarse de lo que les corresponde, valerse de posiciones para sacar beneficios, no es corrupción? ¡Dios mío! ¿Es que no podemos evitar ser deshonestos cuando nos toca la oportunidad de adquirir dinero mal habido?
Lo peor es que la corrupción no es sólo en Panamá; es un mal mundial que acosa a todas las sociedades. Tal vez el materialismo excesivo nos lleva a querer tener cada vez más dinero, bienes terrenales, distracciones y la creencia de que eso lo conseguimos con el vil dinero.
Si fuéramos capaces de pensar más con el corazón y las ideas que con el cálculo de lo material, tal vez volveríamos a los tiempos de conformarnos con lo que honestamente hemos adquirido y vivir una vida de tranquilidad y paz. Quien mal anda, mal acaba y es muy cierto, a la larga o a la corta, pagamos los errores que cometemos impelidos por la ambición y el desequilibrio.
Falta también una educación integral que enseñe a la niñez y a la juventud, cuáles deben ser las reglas de un juego serio y decente; humanizarlos para que actúen con los principios básicos de la moral y la honradez. Que aprendan desde la infancia las bases para que puedan ser hombres de bien, de actitudes rectas y que sepan que la gloria y la fama se alcanzan con actuaciones correctas y no con dinero mal habido.
Ojalá pudiéramos cambiar las reglas del juego actual, tan negativo para todos. Salvemos a nuestros hijos y el futuro de Panamá.