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Hospitales nuevos...¿y qué?


Durante los últimos años, muchos recursos del Estado se han invertido en la construcción y equipamiento de hospitales públicos. Los nuevos hospitales de San Miguelito, La Chorrera, Aguadulce y Santiago de Veraguas presentan estructuras físicas impresionantes, con equipos que enorgullecerían a cualquier hospital del planeta. Sin embargo, ninguno de estos hospitales ha llenado las expectativas de las comunidades a las cuales sirven. ¿Por qué no? Porque a ninguno le ha sido asignado el presupuesto adecuado y la flexibilidad administrativa necesaria para su buen funcionamiento y mantenimiento. En algunos casos, se han equipado unidades especializadas que no cuentan siquiera con los especialistas médicos para brindar el servicio para las cuales fueron diseñadas. Me refiero a unidades de cuidados intensivos, neonatología, equipos de cirugía especializada y otros.
Para poner en buen funcionamiento estos hospitales públicos recién construidos, ni hablar de los ya existentes, se necesitaría presupuestar muchos, pero muchos, millones de balboas adicionales, y habría que formar muchos médicos especialistas. La experiencia nos ha demostrado que los hospitales públicos estarán siempre cortos de presupuesto, desabastecidos y mal mantenidos. Sin embargo, hay alternativas que se han mencionado, pero nunca tomadas en serio, y que ahorrarían mucho tiempo y dinero, serían mucho más efectivas, a corto, mediano y largo plazo para ofrecer las soluciones de salud que exige y que se merece nuestra población.
Como un ejemplo, nos podemos referir a las cirugías del corazón. Existen en la ciudad de Panamá tres centros hospitalarios del Estado con unidades de cirugía cardiovascular. Cada una de estas unidades requiere de equipamiento especial y personal especializado de muy alto costo, para manejar el tratamiento pre-operatorio, trans-operativo y post-operatorio de los pacientes con enfermedades del corazón. Sin embargo, las tres unidades están sub-utilizadas y rinden un muy bajo volumen de trabajo, debido en gran parte a la falta de presupuesto y de organización administrativa. Podríamos dar otros ejemplos, tales como la ortopedia, la oftalmología y la neurocirugía especializada. En algunos servicios, solamente se efectúan las operaciones de urgencia, quedando para una programación futura e incierta casi todas las cirugías de rutina, las llamadas "electivas".
Nuestro país es pequeño en geografía y tiene recursos muy limitados. No podemos darnos el lujo de duplicar o triplicar funciones, tomando en cuenta que la centralización de los recursos de equipos médicos y humanos lograría una mayor efectividad, especialmente en la provisión de los servicios médicos más especializados. Los sistemas modernos de transporte de pacientes por ambulancia y helicópteros hacen sumamente factible la centralización de estos servicios médicos especializados.
Los sistemas de organización administrativa de servicios hospitalarios estatales además no permiten, a los médicos y enfermeras, rendir un más elevado volumen de trabajo. No ha sido posible, por ejemplo, prolongar el programa de operaciones electivas hasta las horas nocturnas y fines de semanas. Estas situaciones han traído como consecuencia el retraso en la programación de muchas operaciones, no solamente las del corazón, sino otras como cirugías de columna, hernias y cataratas. Esto quiere decir que están en sus casas, incapacitados para trabajar, muchas personas que requieren de operaciones para volver a ser ciudadanos plenamente productivos. Además del costo que representa para el Seguro Social cada trabajador incapacitado en concepto de pensiones e invalidez.
Se puede citar otros ejemplos de sub-utilización de los limitados recursos médicos del Estado. En la ciudad de Panamá solamente, los hospitales públicos tienen contratados a tiempo completo casi medio centenar de cirujanos generales. Cada uno de esos médicos podría operar varias veces por semana, rindiendo un alto volumen de cirugías, si existiesen las facilidades y la organización administrativa que los respaldara. En la situación actual, cada cirujano puede operar si acaso una vez por semana. Igual ocurre con médicos de otras especialidades.
Estoy más que convencido que los responsables de dirigir los servicios de salud del Estado se sienten también preocupados por estas situaciones. Sin embargo, la realidad de los sistemas administrativos hospitalarios que dirigen no les permite la flexibilidad necesaria para efectuar mejoras importantes que signifiquen un aumento en el rendimiento de los servicios médicos especializados. Es bien conocido que hay más de cinco mil operaciones retrasadas solamente en la ciudad de Panamá, incluyendo aproximadamente cien operaciones del corazón, quinientas de oftalmología y trescientas de neurocirugía. No hay manera, bajo los parámetros existentes, que esta situación mejore. Lo que es seguro es que seguirá aumentando el número de cirugías retrasadas. Suficientes médicos existen en cada una de estas especialidades. Lo que no hay son los mecanismos administrativos, el presupuesto adecuado, ni los equipamientos y materiales necesarios para ponerlos a rendir el trabajo para el cual fueron contratados.
Hemos hecho referencia a la falta de presupuesto de los hospitales estatales, especialmente aquellos regidos por el Ministerio de Salud. Recordemos la asignación "urgente" de 10 millones de balboas para el Hospital Santo Tomás a finales del año pasado, ya que no había ni con qué pagar la planilla. Recientemente vemos cómo progresan los planes para invertir casi 70 millones de balboas para construcciones y equipamiento del Hospital Santo Tomás. Seguramente, no se han programado los muchos millones de balboas adicionales que se necesitarán para el mantenimiento y funcionamiento de estas nuevas instalaciones.
Existen además en la ciudad de Panamá una importante sobreoferta en servicios hospitalarios a nivel privado. Estos hospitales privados podrían, a corto lazo, con eficiencia y a precios ventajosos, ofrecer soluciones médicas y quirúrgicas a los pacientes que acuden a los hospitales públicos. No tiene sentido construir nuevos hospitales cuando los privados existentes tienen una baja ocupación, debido, en gran parte, a los cambios en la práctica de la medicina moderna, y a los nuevos ajustes que hacen las compañías de seguros y a la partida de los norteamericanos.
Quisiéramos sugerir que hay maneras más eficientes de invertir los casi 70 millones de balboas que costarían las remodelaciones y las nuevas construcciones para el Hospital Santo Tomás. Se pueden abastecer adecuadamente y mejorar los servicios que brindan los centros de salud por todas las regiones del país. Se pueden centralizar algunos servicios médicos especializados, para evitar la multiplicidad innecesaria de equipos y personal humano que existe en el sistema de salud estatal. Se pueden aumentar las asignaciones presupuestarias de los hospitales estatales existentes. Finalmente, se puede contratar con los hospitales privados para efectuar las miles de operaciones "electivas" atrasadas. Con 50 millones de balboas se podrían contratar 500 operaciones del corazón, 500 operaciones de la columna vertebral, 5000 operaciones de hernias, 5000 operaciones de cataratas, 5000 operaciones de ortopedia... y muchas más. Estas medidas traerían como consecuencia ahorros en dinero, más eficientes y mejores servicios médicos, y mejor utilización de los recursos existentes.

101 años de Panamá América

 
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