Hostigamiento en el área laboral
Probablemente este enunciado puede llevar a algunos ha considerar que se pretende hacer foco en un determinado grupo social. Lamentablemente para quien así lo pensó, no es un foco sectario.
El interés de quien escribe el presente artículo, es dar a la luz un fenómeno que cada día tiende a aumentar, y que lamentablemente es desapercibido por algunos profesionales, o bien no ser considerado como el agente generador consciente o inconscientemente de alteraciones psicopatológicas. De tal manera que llegan a constituirse en agentes, denotan insatisfacción, depreciación, diferentes formas de ansiedad, depresión, etc., con consecuencias, implicaciones, etc., en aquellos procesos relacionales de los que son co-constructores.
Mis labores profesionales me han permitido ser receptor de las quejas, testigo de las repercusiones familiares e incluso ser afectado por actitudes en el contexto laboral de la institución del Estado, (y no soy el único) donde me desempeño profesionalmente. De allí que profundice en el conocimiento del fenómeno, para tener aquellos instrumentos necesarios para entender, analizar y poder ofrecer propuestas alternativas a quienes han construido esta vergonzosa realidad.
Diariamente y de forma casi permanente se presentan situaciones basadas en las interacciones que acontecen en contextos laborales a niveles de las empresas privadas, y con mayor significado, por razones obvias, en las instituciones estatales, sean éstas autónomas, o de otra índole.
Se ha generalizado y aceptado la acepción "acoso", por ser el sinónimo que con mayor asiduidad es componente de nuestras conversaciones. Acoso que puede realizarse en diferentes áreas de nuestras interacciones. De allí que las mismas externalicen, los diversos componentes inherentes en toda historia, "argumento, protagonistas, interacciones, corolarios".
El denominador común de esta relación es la asimetría. Sus protagonistas, propietario, jefe, superior, compañero, con el trabajador, empleado, pares, etc., es de desigualdad. Generalmente quien se halla en una posición de superioridad, con mayores conocimientos, etc., suele ser el agente generador de situaciones conflictuales, debido fundamentalmente a arbitrariedades, acciones emocionales, que desnaturalizan este tipo de relación humana. Suelen poseer estos individuos aspectos cognoscitivos o construcciones mentales, referentes al significado gerencial, administrativo, etc., que como máscara constituyen su epistemología, (para no decir su ideología), conductora de connotaciones, corolarios actitudinales y morales.
Por otro lado, el empleado, trabajador, compañero de trabajo, etc., que igualmente, gracias a sus construcciones mentales puede hacer lectura, tanto de la expresión verbal como actitudinal de su patrón, jefe, par, etc.
El significado que tiene del concepto trabajo, le permite connotar las actitudes en diferentes formas, modalidades y aspectos relacionados en la relación empleador- empleado, entre pares. Optando por denotar la sumisión o bien una actitud crítica, con todas las implicaciones que esto comporta. Situación ésta, que en nada es favorecedora del crecimiento y calidad del trabajo.
El posmodernismo, a través de los nuevos paradigmas que nos ofrecen las ciencias sociales y la salud mental, nos permite señalar las analogías entre el acoso, maltrato y violencia, que finalmente se les ha otorgado no sólo una mención especial, sino que también una intervención de relevancia, e incluso ser consideradas idóneas para una legislación que contribuya al respeto por los Derechos Humanos. Igualmente los corolarios morales inherentes en estas historias, suelen dejar huellas psicológicas profundas, merecedoras de asistencia y tratamiento, con particular incidencia en la sociedad.
No debemos sorprendernos que hoy día, con mayor regularidad y frecuencia, profesionales tanto del derecho, como de la salud mental, estén prestando mayor importancia a esta realidad. Antes consideradas fruto de alteraciones de los procesos intrapsíquicos, y concebirse en estos momentos como argumentos de los aspectos relacionales que a diario tenemos que enfrentar en nuestros centros de trabajo.
Una realidad nacional, que exige una intervención necesaria. Países más desarrollados que el nuestro han constituidos grupos de asistencia, tratamiento médico y legal, que bien podríamos nosotros los panameños considerarlos como una forma de transformar la realidad social existente. Desde aquí me permito hacer un llamamiento para la organización de grupos anti-acoso en todas las instituciones estatales, y privadas, como un primer paso en exigir el respeto para todo ser humano.
Es una oportunidad para las llamadas "asociaciones de empleados" que generalmente suelen abanicar a los administradores de turno. Bienvenidos los "Grupos Anti-acoso".
El interés de quien escribe el presente artículo, es dar a la luz un fenómeno que cada día tiende a aumentar, y que lamentablemente es desapercibido por algunos profesionales, o bien no ser considerado como el agente generador consciente o inconscientemente de alteraciones psicopatológicas. De tal manera que llegan a constituirse en agentes, denotan insatisfacción, depreciación, diferentes formas de ansiedad, depresión, etc., con consecuencias, implicaciones, etc., en aquellos procesos relacionales de los que son co-constructores.
Mis labores profesionales me han permitido ser receptor de las quejas, testigo de las repercusiones familiares e incluso ser afectado por actitudes en el contexto laboral de la institución del Estado, (y no soy el único) donde me desempeño profesionalmente. De allí que profundice en el conocimiento del fenómeno, para tener aquellos instrumentos necesarios para entender, analizar y poder ofrecer propuestas alternativas a quienes han construido esta vergonzosa realidad.
Diariamente y de forma casi permanente se presentan situaciones basadas en las interacciones que acontecen en contextos laborales a niveles de las empresas privadas, y con mayor significado, por razones obvias, en las instituciones estatales, sean éstas autónomas, o de otra índole.
Se ha generalizado y aceptado la acepción "acoso", por ser el sinónimo que con mayor asiduidad es componente de nuestras conversaciones. Acoso que puede realizarse en diferentes áreas de nuestras interacciones. De allí que las mismas externalicen, los diversos componentes inherentes en toda historia, "argumento, protagonistas, interacciones, corolarios".
El denominador común de esta relación es la asimetría. Sus protagonistas, propietario, jefe, superior, compañero, con el trabajador, empleado, pares, etc., es de desigualdad. Generalmente quien se halla en una posición de superioridad, con mayores conocimientos, etc., suele ser el agente generador de situaciones conflictuales, debido fundamentalmente a arbitrariedades, acciones emocionales, que desnaturalizan este tipo de relación humana. Suelen poseer estos individuos aspectos cognoscitivos o construcciones mentales, referentes al significado gerencial, administrativo, etc., que como máscara constituyen su epistemología, (para no decir su ideología), conductora de connotaciones, corolarios actitudinales y morales.
Por otro lado, el empleado, trabajador, compañero de trabajo, etc., que igualmente, gracias a sus construcciones mentales puede hacer lectura, tanto de la expresión verbal como actitudinal de su patrón, jefe, par, etc.
El significado que tiene del concepto trabajo, le permite connotar las actitudes en diferentes formas, modalidades y aspectos relacionados en la relación empleador- empleado, entre pares. Optando por denotar la sumisión o bien una actitud crítica, con todas las implicaciones que esto comporta. Situación ésta, que en nada es favorecedora del crecimiento y calidad del trabajo.
El posmodernismo, a través de los nuevos paradigmas que nos ofrecen las ciencias sociales y la salud mental, nos permite señalar las analogías entre el acoso, maltrato y violencia, que finalmente se les ha otorgado no sólo una mención especial, sino que también una intervención de relevancia, e incluso ser consideradas idóneas para una legislación que contribuya al respeto por los Derechos Humanos. Igualmente los corolarios morales inherentes en estas historias, suelen dejar huellas psicológicas profundas, merecedoras de asistencia y tratamiento, con particular incidencia en la sociedad.
No debemos sorprendernos que hoy día, con mayor regularidad y frecuencia, profesionales tanto del derecho, como de la salud mental, estén prestando mayor importancia a esta realidad. Antes consideradas fruto de alteraciones de los procesos intrapsíquicos, y concebirse en estos momentos como argumentos de los aspectos relacionales que a diario tenemos que enfrentar en nuestros centros de trabajo.
Una realidad nacional, que exige una intervención necesaria. Países más desarrollados que el nuestro han constituidos grupos de asistencia, tratamiento médico y legal, que bien podríamos nosotros los panameños considerarlos como una forma de transformar la realidad social existente. Desde aquí me permito hacer un llamamiento para la organización de grupos anti-acoso en todas las instituciones estatales, y privadas, como un primer paso en exigir el respeto para todo ser humano.
Es una oportunidad para las llamadas "asociaciones de empleados" que generalmente suelen abanicar a los administradores de turno. Bienvenidos los "Grupos Anti-acoso".