Humanicemos la deuda externa
El Papa Juan Pablo II ha hecho un dramático llamado a los países industrializados y a las instituciones financieras internacionales para que consideren la posibilidad de condonar el pago de la deuda externa, a los países más pobres del orbe, y una drástica reducción de este injusto compromiso, a los otros países que, aunque cuenten con una economía ligeramente más estable, no dejan de padecer del mismo mal; una deuda impagable, cuyo virus maligno fue transmitido a través del oro negro y su precio exorbitante, contagiando a su paso por el mundo a gobernantes de los países productores de petróleo, a banqueros depositarios de sumas inimaginables de dineros, producto de las ventas diarias de ese producto extraído de las entrañas de la tierra, y que, por ese egoísmo propio del peor enemigo de la humanidad; el hombre, al descubrir los múltiples usos de los derivados de ese líquido negro, se regocija en anunciar aumentos desconsiderados, cada cierto tiempo, con el consiguiente trastorno a las maltrechas economías de países que no logran avanzar de su punto muerto de subdesarrollo. Aunado al daño causado por el aumento desmedido de los imprescindibles productos, se agregan sigilosamente, como los peces que nadan al lado de los tiburones, comiendo las sobras que les permite ese inmenso depredador, algunos banqueros inescrupulosos quienes, conscientes del cúmulo de apremiantes necesidades de tantos pueblos pobres, salen a explotar sus ansias de superación y aprovechando sus deficientes niveles administrativos, quienes en muchas ocasiones, no llegaban a entender con claridad la enorme carga financiera que el país estaba contrayendo con la Banca Internacional, y para que la píldora fuera más fácil o menos difícil de tratar, les ofrecían una "comisión" por la firma en los documentos de préstamos, además de un período de gracia, generalmente de unos cinco años, antes de empezar las amortizaciones al compromiso adquirido, lo cual se convertía, muy cómodamente, en una obligación para el gobierno que los sucediera, así, con una gran irresponsabilidad, los gobernantes de turno fueron comprometiendo al país y a sus súbditos, en una aventura, condenada de antemano al fracaso, pues para empeorar el panorama financiero, los dineros adquiridos con tanta facilidad, no fueron utilizados sabiamente, en obras permanentes y bajo una supervisión estricta y honesta.
Por otro lado, los banqueros, quienes por disciplina de su profesión, deben estudiar cada proyecto hasta convencerse de su viabilidad, su observación la más mínima discreción al ofrecer "comisiones" a los firmantes, lo que estaban dejando en claro, ante propios y extraños, era su urgente necesidad de cerrar el contrato.
Bueno, se preguntarán algunos: ¿qué interés puede tener un banquero, o muchos banqueros, en otorgar préstamos de difícil recuperación, a países subdesarrollados?.
Muy sencillo, en primer lugar, cuando las instituciones financieras tienen exceso de liquidez, como en el caso de las petroleras que tienen la potestad de decidir cuanto se quieren ganar diariamente y esos dineros depositarlos en bancos; éstos tienen que salir a ofrecer esas ingentes sumas de dinero a quienquiera que tenga necesidades y poco apego al cumplimiento del compromiso, sobre todo cuando se dice que "los países no quiebran". Este dicho popular, no tiene nada de cierto, pues la triste realidad es que la mayoría de los países del mundo incluyendo algunos de los más "poderosos", están en bancarrota, lo que sucede es que, para las instituciones financieras no es "rentable" apropiarse de un país deudor, pues en la práctica tendrían que mantener a todos los ciudadanos del mismo; así como tampoco podrían "rematarlo" al mejor postor, por la misma razón.
A esto, se debe la enorme presión que, se aplica a los países endeudados mucho más allá de sus posibilidades del repago. Al acreedor le importa un bledo las crisis sociales que se viven en los países víctimas de esa injusta e impagable deuda; lo importante es cobrar los intereses y que se continúen endeudando.
Total, el petróleo sigue aumentando el valor, los bancos cada vez tienen más dinero, producto de esos incrementos y los países cada día son más pobres debido al alza de los derivados para uso comercial y casero; es el círculo perfecto para que jamás se pueda salir del mismo, y si por casualidad algún país, individualmente, se le ocurriera dejar de atender los pagos a la deuda, las instituciones financieras internacionales se encargarían de cerrar todas las puertas al crédito internacional, impidiendo a los bancos estatales operar fuera del país (cartas de créditos, cobranzas, transferencias, giros y otros), en fin, cualquier transacción extranjera estaría vedada a esas instituciones.
Brevemente he querido hacer un recuento de las causas de las enormes deudas externas de demasiados países, inmersos en un mar de desasosiego o incertidumbres, sin puerto ni barcos a la vista, que les brinden una esperanza de salvación.
Luego, analizando el llamado del Santo Padre y de la iglesia católica, no parece tan descabellada la idea de que, los banqueros acepten su histórica responsabilidad al otorgar créditos en forma tan irresponsable, tan fuera de los más elementales requisitos necesarios para quien debe responder a los accionistas del banco por el buen uso del dinero de ellos y de los depositantes. Que los países deudores se unan en un frente común, exigiendo justicia y ajustes a un nivel manejable de cada una de sus deudas.
No sigamos pensando que, las cosas se van a arreglar solas, o que se le dejarán al próximo gobierno; es el país quien tiene el problema permanentemente, los gobernantes son pasajeros.
En la medida en que no encontremos soluciones a los problemas de tipo social; desempleo, miseria, casas condenadas, tugurios, inmundicias, enfermedades, educación deficiente; estamos patrocinando una explosión social de impredecibles consecuencias, la responsabilidad es de todos. Al menos, por el momento iniciemos el camino a la justicia social, exigiendo a los gobiernos de turno, atender el llamado del Papa a encontrar un camino expedito a la humanización de las deudas externas de países empobrecidos.
Por otro lado, los banqueros, quienes por disciplina de su profesión, deben estudiar cada proyecto hasta convencerse de su viabilidad, su observación la más mínima discreción al ofrecer "comisiones" a los firmantes, lo que estaban dejando en claro, ante propios y extraños, era su urgente necesidad de cerrar el contrato.
Bueno, se preguntarán algunos: ¿qué interés puede tener un banquero, o muchos banqueros, en otorgar préstamos de difícil recuperación, a países subdesarrollados?.
Muy sencillo, en primer lugar, cuando las instituciones financieras tienen exceso de liquidez, como en el caso de las petroleras que tienen la potestad de decidir cuanto se quieren ganar diariamente y esos dineros depositarlos en bancos; éstos tienen que salir a ofrecer esas ingentes sumas de dinero a quienquiera que tenga necesidades y poco apego al cumplimiento del compromiso, sobre todo cuando se dice que "los países no quiebran". Este dicho popular, no tiene nada de cierto, pues la triste realidad es que la mayoría de los países del mundo incluyendo algunos de los más "poderosos", están en bancarrota, lo que sucede es que, para las instituciones financieras no es "rentable" apropiarse de un país deudor, pues en la práctica tendrían que mantener a todos los ciudadanos del mismo; así como tampoco podrían "rematarlo" al mejor postor, por la misma razón.
A esto, se debe la enorme presión que, se aplica a los países endeudados mucho más allá de sus posibilidades del repago. Al acreedor le importa un bledo las crisis sociales que se viven en los países víctimas de esa injusta e impagable deuda; lo importante es cobrar los intereses y que se continúen endeudando.
Total, el petróleo sigue aumentando el valor, los bancos cada vez tienen más dinero, producto de esos incrementos y los países cada día son más pobres debido al alza de los derivados para uso comercial y casero; es el círculo perfecto para que jamás se pueda salir del mismo, y si por casualidad algún país, individualmente, se le ocurriera dejar de atender los pagos a la deuda, las instituciones financieras internacionales se encargarían de cerrar todas las puertas al crédito internacional, impidiendo a los bancos estatales operar fuera del país (cartas de créditos, cobranzas, transferencias, giros y otros), en fin, cualquier transacción extranjera estaría vedada a esas instituciones.
Brevemente he querido hacer un recuento de las causas de las enormes deudas externas de demasiados países, inmersos en un mar de desasosiego o incertidumbres, sin puerto ni barcos a la vista, que les brinden una esperanza de salvación.
Luego, analizando el llamado del Santo Padre y de la iglesia católica, no parece tan descabellada la idea de que, los banqueros acepten su histórica responsabilidad al otorgar créditos en forma tan irresponsable, tan fuera de los más elementales requisitos necesarios para quien debe responder a los accionistas del banco por el buen uso del dinero de ellos y de los depositantes. Que los países deudores se unan en un frente común, exigiendo justicia y ajustes a un nivel manejable de cada una de sus deudas.
No sigamos pensando que, las cosas se van a arreglar solas, o que se le dejarán al próximo gobierno; es el país quien tiene el problema permanentemente, los gobernantes son pasajeros.
En la medida en que no encontremos soluciones a los problemas de tipo social; desempleo, miseria, casas condenadas, tugurios, inmundicias, enfermedades, educación deficiente; estamos patrocinando una explosión social de impredecibles consecuencias, la responsabilidad es de todos. Al menos, por el momento iniciemos el camino a la justicia social, exigiendo a los gobiernos de turno, atender el llamado del Papa a encontrar un camino expedito a la humanización de las deudas externas de países empobrecidos.