Ignorancia municipal
El disentir con respecto a las apreciaciones, razones, juicios de valor, ideas, formas y modos de conducción, no implica algún tipo de animadversión hacia quien sustente con firmeza su pensamiento o acción.
Más allá de los principios formales de la democracia, un elemento consustancial al modo de vivirla es la tolerancia, que se traduce en el debido respeto hacia las opiniones o prácticas de los demás, y a su vez en el derecho que se tiene a disentir de las mismas cuando no se está de acuerdo con ellas.
El actual alcalde capitalino Bosco Vallarino pareciera no tolerar las críticas, razonables, que se le hacen en atención a la pobre gestión que realiza, caracterizada por la improvisación, la mediocre argumentación de su regente para justificar el desconocimiento, y por su fuera poco, las ridículas adecuaciones en cada una de sus actuaciones públicas, donde al parecer todo lo que presume investigar o lo que le pasa es culpa del PRD.
Es lamentable que una comuna capitalina, antecedida por administraciones, que con sus aciertos y carencias, proyectaron una institucionalidad de autoridad y respeto, sea desacreditada por la imagen bochornosa, leguleya, de quien prometió en su campaña tener la mejor opción o venderse como la mejor propuesta administrativa para dicha entidad.
Resulta vergonzoso presumir que el señor Bosco adolece de una lógica de sentido común, y ello a sus continuas declaraciones y actuaciones desde la campaña política, para excusar la probada improcedencia legal de su candidatura, para argüir acusaciones dudosas contra las demás opciones y evidenciar una carencia general de ciencia y cultura política al no visualizar el impacto de sus expresiones como sujeto público.
Todavía restan días de mandato municipal, razone y administre con precaución, los simples errores se convierten en desaciertos dolosos, que son examinados por un jurado de conciencia político y social, que no tiene a su favor ni en su alianza.