Iguales derechos para todos
Durante las últimas semanas ciertas personas no han hecho más que llorar que ellos lucharon por la libertad, contra la dictadura y fueron perseguidos. Aburren con ese llanto; si continúan así, en vez de tener una fiesta electoral tendremos un velorio con llantos y quejidos. Como todo entra por moda, basta que una persona lo haga para que siga en cadena. No es posible que a estas alturas aprovechemos aquellos episodios para lograr prebendas que creemos tener y digamos que ese es el mejor currículo que ostentamos para llegar a posiciones o lograr que se nos otorgue lo que creemos tener derecho.
No señores, yo también luché y pasé por millones de cosas, lo que no me hace mejor ciudadana ni con derechos sobre los demás. Lo que miles de panameños hicimos en aquel entonces fue por amor a Panamá, a la libertad y a la democracia sin pedir a la patria nada de vuelta; nosotros le debemos a ella y con nuestras luchas sólo le devolvemos lo que nos da, y no hay que cantarlo por allí a todo volumen para que lo escuche el pueblo porque debe ser un secreto entre la patria y cada uno de nosotros.
Quien necesita canturrear lo que hizo para ser reconocido es porque busca protagonismo y siente que le es necesario. Los derechos se ganan dando sin alharaca ni “aspargatería” (como dicen en mi tierra); los derechos son aquellos que merecemos, pero con altura y ganándolos en momentos en que los demás no luchan por ellos. Nuestra obligación es cumplir nuestros deberes, sobre todo los ciudadanos y los que son de imprescindible cumplimiento.
Muchos de los que hoy lloran no han dicho ni esta boca es mía ante las violaciones ciudadanas por parte de este y otros gobiernos; pasan los años y las injusticias son múltiples en el país; pero hay silencio cómplice de miles de civilistas, algunos de los cuales hoy trabajan para el PRD y lo defienden inconcebiblemente. Esas actitudes son las que debiéramos ver antes de sacarle en cara a la patria lo que por ella hicimos en una ocasión. Pensemos en nuestras posiciones y no aprovechemos situaciones pasadas para sacar provecho de otras. Nadie es víctima de nadie, sino de uno mismo porque nuestras actitudes controlan nuestra vida y no los demás. Así, pues, somos víctima de nosotros mismos, de nuestros errores y malas actuaciones y no de los demás.
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