Importancia de una sonrisa
Manuel era un niño de cinco años y en su comunidad sólo se contaba con un pre-escolar municipal que tenía siete mesitas deterioradas y 20 sillitas en muy mal estado, en el cielorraso podían verse innumerables remiendos, esta aula distaba mucho de ser un modelo; sin embargo, los niños que asistían a ella eran recibidos por dos amorosas maestras: la maestra Omaira y su asistente, la señora María, quienes día a día llevaban en sus rostros las más hermosas sonrisas al recibir a sus veinte pequeños. Éstos, felices, concurrían día tras día a aprender cantando, bailando y jugando sólidas bases para su futura permanencia en la escuela.
Como madre, abuela y educadora de muchos años, soy testigo del drama que representa para los niños y niñas ese despegue inicial del hogar y el temor que experimentan al sentirse abandonados ese primer día de clases. Acudir al colegio por primera vez, es uno de los episodios más difíciles en la infancia, porque implica separarse por muchas horas del círculo familiar, que le brinda la protección, seguridad y la atención que se requiere por derecho, hallándose de pronto con niños y niñas a los que no conoce, con unos adultos que le son extraños, en un contexto nuevo y en el que tendrá que compartir tanto los juegos como el tiempo de atención y el afecto de los demás.
En esta primera semana, se recomienda que sea alguno de los padres o aún mejor ambos quienes lleven y retiren al niño o a la niña al centro escolar acompañado de frases lindas, exaltando las bondades del centro y lo alegre que la pasará en él, todo esto le brinda una gran seguridad y confianza en sí mismo y en las personas con las cuales va a interactuar.
Para esta primera experiencia es de gran importancia poder brindarle al niño/a la oportunidad de familiarizarse con el centro educativo, de ser preferible, y el colegio contará con ello, matricularlo en los cursos de verano iniciales; de no ser así, podría, junto a los padres, realizar un recorrido por las instalaciones del colegio nombrando cada lugar y el uso que se le da.
El papel que del educador o educadora es determinante para que esta nueva experiencia pueda ser replicada de manera positiva durante la escolarización de los niños/as. En el umbral del salón de clases recibiendo a los iniciados, se espera encontrar a una maestra con una sonrisa fresca, con una actitud cálida, con un guiño, una caricia y por qué no, hasta con un besito.
La sonrisa nos facilita el camino para llegar a nuestros niños y niñas. Esbozarla en el instante del encuentro es como decir: "¡Aquí estoy y te estoy esperando para acompañarte en esta nueva aventura!".
Deseo entonces, desde este apartado, invitar a todos los educadores a recibir a nuestros estudiantes, independientemente del nivel en que se encuentren, con una amplia sonrisa, la cual ellos devolverán multiplicadas y extendidas con cariño y admiración.