Imposiciones y riesgos
En numerosas ocasiones, y desde la administración pasada, combatimos seria y responsablemente las privatizaciones de las empresas de servicios y de utilidad pública.
Al Presidente Endara le hicimos conocer en su momento que nos oponíamos radicalmente a las privatizaciones del IRHE, IDAAN e INTEL. Considerábamos, como hoy también lo consideramos, que todas estas empresas eran redituales y que bien administradas debían darles proventos económicos al gobierno que podrían servir para satisfacer innumerables necesidades de nuestra población.
Al entrar la nueva administración del Presidente Pérez Balladares, ya el INTEL arrojaba una suma neta mayor a 100 millones de dólares, la cual pasaba íntegramente a la Tesorería General del Estado para ser distribuida en obras de desarrollo social. De estas cantidades no se hacían reservas para la modernización de la telefonía nacional y de allí que el proceso éste se daba lento e inseguro, pero con todo y esto, existía un teléfono barato, mucho más que el de hoy en día y diría yo a mucha mayor satisfacción que el presente.
Al privatizarse esta empresa, ya parte de las ganancias netas pasaban a manos privadas, principalmente extranjeras, y a muy pocas manos panameñas. No entendíamos, como no entendemos la bondad de esta privatización. Casi la mitad de estas ganancias pasan a consorcios extranjeros y a un grupo pequeño de trabajadores que si es cierto tienen todo el derecho a ganar bien, se constituyen en partes privilegiadas de la fuerza laboral del país.
Ahora vamos a privatizar el IRHE y para ello se conforman un número de sociedades anónimas que pondrán sus acciones a la venta. Hay que ver si estas acciones tendrán un valor de millones o de cientos de miles de balboas para que sean acaparadas por otras manos extranjeras poderosas y unas cuantas nacionales o se abrirá un compás de un alto porcentaje de acciones de un valor de un balboa para que pueda comprarla el panameño común y corriente. Se trata como dije, en otras ocasiones, de encuerar al Estado y pasarle a un grupo privilegiado de la empresa privada nacional y transnacional ganancias económicas que deben ir directamente al fomento de nuestro desarrollo patrio.
Igualmente parece que sucederá con el agua (IDAAN). Se nos dijo en la administración pasada que un 40% del agua en nuestras principales ciudades se malgastaba por filtrarse en cañerías viejas y dañadas. Nada se hizo con la reparación de este 40% para remediar en gran parte este problema. Sencillamente comenzaron a construirse más potabilizadoras y por último se llamaron a consorcios extranjeros para que licitaran el arreglo del agua en Colón, Panamá y La Chorrera. Es decir, los panameños éramos inútiles de copar con estos problemas y quedamos con nuestra agua panameña.
El título de esta columna, como es obvio, tiene su razón. La situación política se encuentra muy enredada. Las disyuntivas que existen no presagian una solución de consenso nacional. Hasta el momento apuntan a un futuro gobierno que va a obtener apenas una porción mínima mayoritaria del electorado nacional. Si no se da el milagro de que las políticas neoliberales rindan un futuro inmediato que calme a todos los sectores perjudicados, con el aceleramiento con que se han implantado, que remedien el desempleo, subempleo y la extrema pobreza, no faltarán quienes miren hasta estas empresas pensando en recuperarlas para el patrimonio nacional.
De esto se habla muy seriamente entre los partidos políticos con sensibilidad social y espíritu de justicia social. También se habla en círculos del más puro Torrijismo. Y se tiene presente en nuestros colegios y universidades y gremios patronatos y laborales que miran con asombro la audacia como se atacan a estas entidades que constituyen carne y hueso para el consumo nacional.
Fue Torrijos el que estatizó estas empresas. Y para nosotros, lo hizo con responsable sentido nacional.
Las políticas neoliberales, como lo dijo su Santidad el Papa, constituyen cada día un peligro mayor para las grandes masas de desposeídos en el mundo. Su reversión se va a dar a las buenas o a las malas... y a muy corto tiempo.
El futuro inmediato lo dirá. Los pueblos no se aguantan la mecha de los avivatos por mucho tiempo.
Al Presidente Endara le hicimos conocer en su momento que nos oponíamos radicalmente a las privatizaciones del IRHE, IDAAN e INTEL. Considerábamos, como hoy también lo consideramos, que todas estas empresas eran redituales y que bien administradas debían darles proventos económicos al gobierno que podrían servir para satisfacer innumerables necesidades de nuestra población.
Al entrar la nueva administración del Presidente Pérez Balladares, ya el INTEL arrojaba una suma neta mayor a 100 millones de dólares, la cual pasaba íntegramente a la Tesorería General del Estado para ser distribuida en obras de desarrollo social. De estas cantidades no se hacían reservas para la modernización de la telefonía nacional y de allí que el proceso éste se daba lento e inseguro, pero con todo y esto, existía un teléfono barato, mucho más que el de hoy en día y diría yo a mucha mayor satisfacción que el presente.
Al privatizarse esta empresa, ya parte de las ganancias netas pasaban a manos privadas, principalmente extranjeras, y a muy pocas manos panameñas. No entendíamos, como no entendemos la bondad de esta privatización. Casi la mitad de estas ganancias pasan a consorcios extranjeros y a un grupo pequeño de trabajadores que si es cierto tienen todo el derecho a ganar bien, se constituyen en partes privilegiadas de la fuerza laboral del país.
Ahora vamos a privatizar el IRHE y para ello se conforman un número de sociedades anónimas que pondrán sus acciones a la venta. Hay que ver si estas acciones tendrán un valor de millones o de cientos de miles de balboas para que sean acaparadas por otras manos extranjeras poderosas y unas cuantas nacionales o se abrirá un compás de un alto porcentaje de acciones de un valor de un balboa para que pueda comprarla el panameño común y corriente. Se trata como dije, en otras ocasiones, de encuerar al Estado y pasarle a un grupo privilegiado de la empresa privada nacional y transnacional ganancias económicas que deben ir directamente al fomento de nuestro desarrollo patrio.
Igualmente parece que sucederá con el agua (IDAAN). Se nos dijo en la administración pasada que un 40% del agua en nuestras principales ciudades se malgastaba por filtrarse en cañerías viejas y dañadas. Nada se hizo con la reparación de este 40% para remediar en gran parte este problema. Sencillamente comenzaron a construirse más potabilizadoras y por último se llamaron a consorcios extranjeros para que licitaran el arreglo del agua en Colón, Panamá y La Chorrera. Es decir, los panameños éramos inútiles de copar con estos problemas y quedamos con nuestra agua panameña.
El título de esta columna, como es obvio, tiene su razón. La situación política se encuentra muy enredada. Las disyuntivas que existen no presagian una solución de consenso nacional. Hasta el momento apuntan a un futuro gobierno que va a obtener apenas una porción mínima mayoritaria del electorado nacional. Si no se da el milagro de que las políticas neoliberales rindan un futuro inmediato que calme a todos los sectores perjudicados, con el aceleramiento con que se han implantado, que remedien el desempleo, subempleo y la extrema pobreza, no faltarán quienes miren hasta estas empresas pensando en recuperarlas para el patrimonio nacional.
De esto se habla muy seriamente entre los partidos políticos con sensibilidad social y espíritu de justicia social. También se habla en círculos del más puro Torrijismo. Y se tiene presente en nuestros colegios y universidades y gremios patronatos y laborales que miran con asombro la audacia como se atacan a estas entidades que constituyen carne y hueso para el consumo nacional.
Fue Torrijos el que estatizó estas empresas. Y para nosotros, lo hizo con responsable sentido nacional.
Las políticas neoliberales, como lo dijo su Santidad el Papa, constituyen cada día un peligro mayor para las grandes masas de desposeídos en el mundo. Su reversión se va a dar a las buenas o a las malas... y a muy corto tiempo.
El futuro inmediato lo dirá. Los pueblos no se aguantan la mecha de los avivatos por mucho tiempo.