Impuestos, desempleo y pobreza
Resulta inexplicable que el Gobierno Nacional continúe insistiendo en proponer una reforma tributaria, cuyo objetivo principal es drenar las finanzas de la empresa privada panameña, precisamente cuando una gran cantidad de empresas hacen grandes esfuerzos por subsistir en la crisis económica actual.
Alguien debería explicarles que un aumento de los impuestos en este momento puede convertirse en la estocada final que termine con la existencia de muchas fuentes de empleo que se han mantenido abiertas esperando la ansiada mejoría económica, pero que se verían obligadas a cerrar si la situación se les hace insostenible por un incremento adicional en sus costos de operación.
Cualquier ciudadano medianamente inteligente entiende que en las actuales circunstancias la propuesta del gobierno ni siquiera beneficiaria a las arcas de la Dirección General de Ingresos, porque la recaudación fiscal será aún más precaria después de la paralización en la actividad económica que esta medida provocaría. Lo supuestamente ganado con el aumento de impuestos será menor que lo perdido con la disminución en la cantidad de contribuyentes y con el reducido aporte que podrán hacer los pocos que subsistan.
Nos preguntamos entonces que persiguen nuestros gobernantes. Si realmente se quiere reducir el elevado índice de desempleo y los niveles de pobreza existentes, la única salida razonable es fortalecer a la empresa privada y no debilitarla. Lo recomendable es precisamente lo contrario a lo que están proponiendo. En los países donde las finanzas se manejan dentro de una estrategia de desarrollo, los gobiernos implementan reducciones de impuestos y no aumentos cuando quieren reactivar la actividad económica.
Pero las incoherencias se han convertido en la costumbre cuando se trata de decisiones económicas adoptadas por nuestras autoridades. Queremos atraer inversionistas, pero cambiamos las reglas del juego para garantizarles inseguridad jurídica; mantenemos una legislación laboral que les asegura improductividad; y hablamos de aumentos de salario, aumentos en el costo de la energía eléctrica y ahora aumento de impuestos para hacerlos menos competitivos.
El Gobierno Nacional debe decidir si incentiva a los que generan empleo y crean riqueza, o si continúan añadiendo obstáculos para hacer más difícil su actividad. En un caso podremos salir de esta difícil situación económica y esperar un futuro de bienestar; en el otro nos hundiríamos más en el desempleo, la pobreza y el malestar de la comunidad. Esperamos que nuestras autoridades desistan de su intención de proponer una reforma tributaria que aumente los impuestos porque esto reduce nuestras esperanzas de revitalizar la economía.
En fin, bastarán algunas semanas para borrar de la memoria lo ocurrido, quedando estas sorprendidas víctimas en el anonimato, recordadas sólo por sus sufridas familias, sumidas en el más grande dolor que puede existir. ¿Es completa la responsabilidad del conductor, o, debe ser compartida con tan endeble autoridad?
Alguien debería explicarles que un aumento de los impuestos en este momento puede convertirse en la estocada final que termine con la existencia de muchas fuentes de empleo que se han mantenido abiertas esperando la ansiada mejoría económica, pero que se verían obligadas a cerrar si la situación se les hace insostenible por un incremento adicional en sus costos de operación.
Cualquier ciudadano medianamente inteligente entiende que en las actuales circunstancias la propuesta del gobierno ni siquiera beneficiaria a las arcas de la Dirección General de Ingresos, porque la recaudación fiscal será aún más precaria después de la paralización en la actividad económica que esta medida provocaría. Lo supuestamente ganado con el aumento de impuestos será menor que lo perdido con la disminución en la cantidad de contribuyentes y con el reducido aporte que podrán hacer los pocos que subsistan.
Nos preguntamos entonces que persiguen nuestros gobernantes. Si realmente se quiere reducir el elevado índice de desempleo y los niveles de pobreza existentes, la única salida razonable es fortalecer a la empresa privada y no debilitarla. Lo recomendable es precisamente lo contrario a lo que están proponiendo. En los países donde las finanzas se manejan dentro de una estrategia de desarrollo, los gobiernos implementan reducciones de impuestos y no aumentos cuando quieren reactivar la actividad económica.
Pero las incoherencias se han convertido en la costumbre cuando se trata de decisiones económicas adoptadas por nuestras autoridades. Queremos atraer inversionistas, pero cambiamos las reglas del juego para garantizarles inseguridad jurídica; mantenemos una legislación laboral que les asegura improductividad; y hablamos de aumentos de salario, aumentos en el costo de la energía eléctrica y ahora aumento de impuestos para hacerlos menos competitivos.
El Gobierno Nacional debe decidir si incentiva a los que generan empleo y crean riqueza, o si continúan añadiendo obstáculos para hacer más difícil su actividad. En un caso podremos salir de esta difícil situación económica y esperar un futuro de bienestar; en el otro nos hundiríamos más en el desempleo, la pobreza y el malestar de la comunidad. Esperamos que nuestras autoridades desistan de su intención de proponer una reforma tributaria que aumente los impuestos porque esto reduce nuestras esperanzas de revitalizar la economía.
En fin, bastarán algunas semanas para borrar de la memoria lo ocurrido, quedando estas sorprendidas víctimas en el anonimato, recordadas sólo por sus sufridas familias, sumidas en el más grande dolor que puede existir. ¿Es completa la responsabilidad del conductor, o, debe ser compartida con tan endeble autoridad?