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¿Impuestos a los que más ganan o a los que más tienen?


DEBO CONFESAR que desde la noche del martes 11 de enero no duermo muy bien. El excelentísimo señor Presidente de la República había anunciado sólo bosquejos de algunos de los alcances de la nueva reforma tributaria. Lo que sí fue oficial es que uno de estos nuevos alcances está llamado a alterar el estilo de vida de miles de profesionales y miembros de una cada vez más reducida clase media: los gastos de representación serán gravados.
Siento que el panameño promedio jamás pensó que las ya conocidas "reformas saca plata" serían derogadas. No porque el Sr. Presidente no quisiera, sino porque la estructura macroeconómica del país se lo hubiera impedido a él o a cualquiera de los candidatos que se mudara al Palacio de las Garzas a partir del 1 de septiembre de 2004.
Desde el punto de vista del análisis macroeconómico, las reformas fiscales propuestas hacen sentido y son necesarias para entrar en una era de cambios para el país. Este es el primer paso necesario para garantizar el crecimiento sostenible de nuestra economía.
El país no podía seguir manejándose como aquél que utiliza hasta el máximo una tarjeta de crédito luego pide un préstamo personal para pagar el mínimo estipulado y saca otra tarjeta de crédito para pagar gastos corrientes y recurrentes de su casa. El colapso total estaría más cerca de lo que muchos piensan si no se hacen sacrificios. Los impuestos son "males necesarios".
Lo que sí criticamos es la falsa idea que se está vendiendo a la ciudadanía de que la reforma persigue equitativamente mejorar la situación social y aumentar la carga a los que "más ganan". Si se persiguiese realmente la equidad, la reforma tendría que ampliarse a los que más tienen.
Resulta siempre más fácil cargar a la clase profesional/asalariada más impuestos, que en efecto es lo que se ha propuesto al gravar los gastos de representación, que realizar una reforma íntegra que realmente persiga un balance social.
No hay equidad cuando los que ganan menos de 800 dólares no contribuyen al recurso patrimonial del país en medida alguna. Entendemos el alto costo político de alterar esta decisión y que los beneficiados son personas de recursos limitados en comparación al profesional que recibe gastos de representación pero, por favor señores, absténganse de usar la palabra equidad porque no es tal el caso.
Ahora, si realmente perseguimos equidad, igualdad y que se comparta equitativamente la carga impositiva del país, he aquí algunas recomendaciones:
1- Impuesto invariable para bancos: Limitando las artimañas fiscales e imponiendo un 15% de impuesto sobre las ganancias netas a los bancos, se generaría un flujo interesante de fondos para el fisco.
Sólo considerando las ganancias proyectadas de los cinco bancos más grandes del país, estaríamos hablando de aproximadamente de 37 millones de dólares.
2- Impuesto de bienes inmuebles a casas de vacaciones/playas: Obligar a la revaluación de mejoras y de terrenos de casas con ridículamente bajos valores catastrales e imponer una tasa nominal de 2% anual sobre los valores reales de las propiedades. Desde Coronado hasta Farallón, estaríamos hablando de miles de dólares que entrarían al fisco.
3- Impuesto sobre dividendos pagados por posiciones accionarias en compañías locales: Las personas naturales y/o jurídicas que son dueñas de acciones son entidades adineradas con poder adquisitivo considerable que no están contribuyendo equitativamente a las necesidades sociales del país.
Una tasa nominal sobre este ingreso que actualmente no es gravado también generaría interesantes flujos al fisco.
Y así existen muchas otras medidas que contribuirían a un sistema más ecuánime, gravando no solamente a los que ganan y ya de hecho contribuyen sino a los que más tienen y esquivan su carga equitativa. Existe una gran diferencia, diferencia que las reformas por una u otra razón ignoran completamente.
¡Ni favores, ni limosnas, sólo real equidad!

101 años de Panamá América

 
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