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Impuestos y competencia tecnológica


Washington (AIPE)- El 31 de agosto, Bill Clinton vetó una reducción del llamado impuesto a la muerte, el impuesto sucesoral, que había sido aprobada por el Congreso, alegando que es injusta y fiscalmente irresponsable. Para sobrepasar el veto presidencial se requeriría el voto de dos terceras partes de ambas cámaras legislativas. Pero lo interesante es que ese mismo día el gobierno socialista francés anunció una de las reducciones de impuestos más grandes en la historia de Francia.
Este es apenas el más reciente caso en que los colegas izquierdistas de Clinton instrumentan grandes reducciones de impuestos, mientras que el presidente de Estados Unidos se sigue oponiendo a todos los intentos de reducirlos. Con ello, Estados Unidos se arriesga a perder terreno en la carrera internacional por atraer capital, mano de obra capacitada y demás componentes esenciales de la nueva economía de alta tecnología.
La ola europea de reducción de impuestos la comenzó el gran amigo de Clinton, Tony Blair, en el Reino Unido. Blair y su Partido Laborista derrotaron a los conservadores hace tres años. Lo mismo que Clinton, Blair trataba de modernizar a su partido, abandonando a los elementos de extrema izquierda. Pero para Blair, eso incluye reducir los impuestos.
El año pasado, el Reino Unido redujo su tasa impositiva inferior a 10%, una medida que también ha sido propuesta por el candidato presidencial George W. Bush, pero a la que se opone Al Gore, quien insiste en mantener esa tasa inferior del impuesto sobre la renta en 15%. Blair también recortó la tasa que la mayoría de los ciudadanos británicos pagan a 22%. Por el contrario, la mayoría de los contribuyentes americanos están en la categoría del 28%.
En el lado empresarial, Blair redujo el impuesto corporativo a 30%, mientras que Clinton-Gore lo aumentaron a 35% en 1993 y se oponen a cualquier reducción. Más impresionante todavía es que Blair redujo la tasa máxima sobre ganancias de capital del 40% existente cuando llegó al poder a 10% hoy. Por su parte Clinton y Gore se oponen a cualquier reducción del impuesto sobre ganancias de capital.
Otro del mismo grupo que ha rebajado los impuestos es el canciller alemán Gerhard Schroeder, cuyo partido socialdemócrata derrotó a los más conservadores democristianos de Helmut Kohl en 1998. Aunque al comienzo Schroeder se inclinó a la izquierda, pronto dio un golpe de timón y comenzó a trabajar para reducir los impuestos. Le tomó casi dos años de peleas, principalmente en contra de su propio partido, para lograr promulgar la reducción de los impuestos hace un par de meses. La tasa más alta del impuesto sobre la renta alemán caerá de 51% a 42% y la más baja de 23% a 15%. La tasa tope que pagan las empresas caerá de 52% a 39% y se eliminan los impuestos por ganancias de capital en las acciones que las empresas tengan de otras.
Schroeder ha sido aplaudido por estas medidas. La desaparición del impuesto a las ganancias de capital es de gran importancia porque fomenta la reestructuración de la industria alemana, algo que todos los economistas opinan es necesaria. Y las tasas más bajas para individuos y compañías mejorará notablemente la posición competitiva de Alemania, reduciendo tanto la exportación de capitales como de técnicos y demás personal capacitado.
La rebaja impositiva en Francia es la respuesta a la alemana. Aunque más modesta es significativa porque el primer ministro Lionel Jospin está a la izquierda de Blair y Schroeder. El no fue electo como un socialista renovado, sino como socialista de la vieja escuela. Tan pronto fue elegido, Jospin avanzó en el programa socialista de reducir la jornada de trabajo en un vano esfuerzo de disminuir el desempleo. Pero pronto se dio cuenta que necesitaba hacerle más caso al mercado para poder competir en una economía global cada día más integrada.
La reforma impositiva de Jospin se concentra en aquellos con bajos ingresos, pero también está bajando el impuesto a las empresas y la tasa máxima del impuesto sobre la renta personal de 54% a 52%. Es una reducción minúscula pero es indudablemente de gran importancia simbólica que el Partido Socialista francés lo haya apoyado. En realidad se trata de un reconocimiento de la competencia impositiva y los socialistas franceses se dieron cuenta que no tenían otra alternativa. Esa es exactamente la lección que Clinton y Gore todavía no han aprendido.
Además, el ministro de Finanzas de Bélgica, Didier Reynder, anunció el 29
de agosto una reducción de impuestos y se espera que Italia haga lo mismo
este mes, para poder mantenerse competitiva con Francia y Alemania. Por el
contrario, los impuestos han estado subiendo más en Estados Unidos que en
Europa. (c)
www.aipenet.com
Economista y académico del National Center for Policy Analysis (NCPA).

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